Martha Araujo
Tras debates intensos y una patente incertidumbre sobre el futuro de la relación bilateral con los Estados Unidos, el viernes concluyó en la ciudad de México la Novena Reunión Plenaria del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CC-IME), el órgano desconcentrado de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) encargado de asesorar al gobierno mexicano en materia de política exterior.
El IME es una institución con una estructura de mando vertical gobernada por el Canciller y conducida por un Director General y un Director Ejecutivo, pero su Consejo Consultivo, cuyos 152 integrantes se supone que son líderes en sus respectivas comunidades y por lo tanto deben luchar por elevar el nivel de vida de sus compatriotas en Estados Unidos y Canadá, no está supeditado en modo alguno al gobierno ni a la SRE.
Los integrantes del CC-IME no perciben sueldo ni atienden instrucciones o recomendaciones del Gobierno, al que, eso sí, tienen como encomienda asesorar y orientar en todos aquellos asuntos que conciernen a los emigrantes mexicanos.
No obstante lo anterior, el IME, que por decreto del presidente Vicente Fox reemplazó en 2003 a la Oficina Presidencial de Atención a los Mexicanos en el Exterior, y que capitaneaba entonces Juan Hernández, se ha caracterizado por fungir como un justificante de las decisiones gubernamentales, más que en un órgano de veras asesor.
La primera camada de consejeros y consejeras del IME concluyó sus labores el año pasado, dando paso el actual consejo, cuya composición plural quedó de manifiesto en la ronda de sesiones que finalizó el viernes.
Los hay dóciles que, presas de fervor patrio, sucumben a la emoción de entonar el Himno Nacional en Los Pinos junto al Presidente, y que jamás cuestionarán los motivos o, menos aun, la eficacia de las acciones de éste, pero hay otros consejeros y consejeras que ven en su organización un genuino vehículo para instrumentar tareas que deriven en un cambio real en la conducción de la política exterior mexicana.
En una de las sesiones de la Novena Plenaria, en la que comparecieron una docena de recientemente elegidos legisladoras y legisladores mexicanos de todos los partidos, los migrantes exigimos acciones parlamentarias relacionadas con la gran variedad de inquietudes que conforman la problemática del México de afuera.
En dicha deliberación sobresalieron temas como el de nuestros derechos políticos plenos, haciéndoles ver a los parlamentarios la necesidad de llevar a cabo en Estados Unidos la credencialización para votar; la urgencia de que se reforme la ley de ingresos de los 47 consulados, para que se les permita ejercer plenamente en sus presupuestos los recursos que generan, y la necesidad de trasladar el IME al Gabinete presidencial, convirtiéndolo en la Secretaría del Migrante.
Lo cierto es que ya no es posible fungir que no vemos al elefante que tenemos en medio de la sala: tras seis años de buscar un acuerdo migratorio con Estados Unidos, la administración de Fox lo único que consiguió fue que dicho país decidiera construir una muralla donde lo que se necesita son puentes.
Quizá el gobierno de Felipe Calderón entienda el apremio de consultar al Consejo Consultivo del IME, al que Fox, a pesar de haber creado, decidió ignorar.
*Alberto Avilés Senés, periodista sinaloense, es integrante del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior.
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