"Controlar el enojo"

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06/06/2015 00:00

    Sugey Estrada/Hugo Gómez

    Controlar las propias emociones es un verdadero arte. No es sencillo mantener una actitud estoica ante el asalto del coraje o el enfado.
    Es fácil enojarse cuando las cosas no salen de acuerdo a nuestros planes o expectativas. Incluso, es común querer culpar a alguien de nuestro enojo: "me hiciste enojar", cuando en realidad somos nosotros quienes nos enojamos.
    La palabra enojo proviene de la expresión permanecer en el odio. El vocablo enfado es similar y significó que alguien se entregaba a la fatalidad, al destino, al hado. Posteriormente, derivó en aburrimiento, enfado y enojo.
    Es común encontrar en la Biblia expresiones sapienciales que invitan al dominio del enojo. "Más vale hombre paciente que valiente, mejor dominarse que conquistar ciudades", se aconseja en Proverbios 16, 32. "El necio da rienda suelta a sus pasiones, el sabio acaba dominándolas", se recuerda en Proverbios 29,11.
    Controlar el enojo es esencial para mantener relaciones saludables. En ocasiones estallamos y reaccionamos de manera incontrolada ante un detalle insignificante.
    "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo", reconoció Aristóteles.
    En la antigua Ley judía se castigaba con severidad a quien asesinaba a su hermano. Sin embargo, Jesús fue aún más exigente (Mt 5, 21-22): "Han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás", y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil" será reo ante el Sanedrín, y el que le llame "renegado" será reo de la gehenna de fuego".
    ¿Controlo mis emociones? ¿Me enojo fácilmente?

    rfonseca@noroeste.com
    Twitter: @rodolfodiazf