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"Editorial"

"Cuestión de principios"

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03/03/2015 00:00

    Arturo Santamaría Gómez.

    En México, 4 de cada 10 mujeres en promedio sufren algún tipo de agresión, desde la física hasta la sexual, pasando por la emocional y el acoso. Los estudios, que cada año difunde el Inegi, advierten que este tipo de agresiones llegan a terminar con la muerte de las agredidas.
    En Nayarit, más de la mitad de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia en la relación con los hombres, sean casadas o solteras. La incidencia más alta es la de tipo emocional y la más baja, la de tipo sexual.
    La violencia contra las mujeres emanada del ejercicio del poder público no se ha evaluado. Sin embargo, prevalecen expresiones públicas que las justifican, como ha sido el caso del incidente ocurrido durante la fiesta de cumpleaños del Alcalde de San Blas, Nayarit, Hilario Ramírez, "El Layín", el sábado pasado.
    Su paso por el ejercicio del poder público parece delinear la base de los principios con que hoy gobierna San Blas. Como Alcalde emanado del PAN, reconoció que sólo "robó poquito". Como Alcalde independiente, gasta 15 millones de pesos para celebrar su cumpleaños.
    Sin embargo, la trascendencia de este personaje desde el fin de semana se ha dado a partir del abuso que ejerce sobre una joven que bailó con él en el escenario. El Presidente Municipal, sin ningún reparo, le levanta el vestido a la muchacha para diversión de muchos. Y el incidente no se dio una sola vez, sino que lo repitió durante el baile.
    Las imágenes han estado circulando en las redes sociales y medios de comunicación y las expresiones se han generalizado con la condena del acto. Sin embargo, prevalecen también los comentarios en que justifican la acción a partir de la disposición de la joven por participar en el baile.
    Ejercer el poder público no significa conducirse con actos de abuso de autoridad, como ha ocurrido con este Alcalde. Ni tampoco se justifica porque hoy sea el que gobierne un municipio con un alto perfil rural.
    Ejercer el poder público requiere regirse por principios emanados del respeto: a su investidura, hacia la persona, a sus gobernantes y al compromiso que ha hecho al asumir el cargo.
    En duda está el origen de los recursos utilizados, suyos, del Gobierno o de otros, para la realización de esa fiesta y el conflicto de interés que eso genera.
    Pero no hay duda de que ejercer el poder para abusar de otros, como ha ocurrido con "El Layín" en perjuicio de una joven, no tiene sustento en ningún principio democrático.