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"Reflexiones"

"Debemos partir de la base de que los valores, en su esencia, no se enseñan, sino que se practican"

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31/07/2004 00:00

    Héctor Tomás Jiménez

    Educación en valores Uno de los temas que cada vez se abordan en mayor magnitud dentro de las escuelas, tanto de nivel básico como de nivel medio superior y superior, es el relacionado con la enseñanza de la esencia de los valores, situación que de suyo es loable y no podemos decir que este mal, sino al contrario, aunque no estemos totalmente de acuerdo con las formas mediante las cuales se pretende "enseñar valores." Debemos partir de la base de que los valores, en su esencia, no se enseñan, sino que se practican, se viven, y lo que más puede decirse a manera de ejemplo, es enseñar situaciones de la vida cotidiana en la que deben vivirse dichos valores. También, es importante distinguir los valores éticos de las virtudes morales. Estas últimas, son reglas esenciales de vida que conforman el carácter del individuo y lo condicionan para actuar conforme al bien personal y de quienes le rodean, en tanto que los valores éticos, son la manifestación que de dichas virtudes hace el individuo en su vida en sociedad y su constante relación con sus semejantes. Es decir, mientras que las virtudes modelan el carácter de las personas, los valores lo potencializan en su vida social. Aquí la familia juega un papel muy importante, pues puede decirse que es la cuna donde nacen todas las virtudes individuales que lo perfilan para una vida social ordenada y respetuosa. Abundando un poco en las virtudes, podemos decir que éstas se caracterizan por ser de tres tipos, unas llamadas las virtudes teologales que son infundidas por Dios y que se conocen como: Fe, Esperanza y Caridad; también, las llamadas virtudes cardinales las cuales son: La prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia; y de las cuales se derivan una gran cantidad de virtudes humanas como las que se conocen en oposición a los llamados pecados capitales, la humildad frente a la soberbia, la generosidad frente a la avaricia, la castidad frente a la lujuria, la paciencia frente a la ira, la caridad frente a la envidia, la abstinencia frente a la gula y la laboriosidad frente a la pereza. Los valores éticos que de todos estos se desprenden, son múltiples, aunque de los llamados teologales podamos señalar que por la fe, se da el amor a Dios, por la esperanza el amor a la vida, y por la caridad el amor al prójimo. Puede verse que el amor es aquí una especie de valor universal que engloba todo, pues por el lado de las virtudes cardinales, el valor de la ecuanimidad proviene de la virtud de la templanza, el valor de la igualdad o la equidad se desprende de la virtud de la justicia, de la virtud de la fortaleza dependen los valores que reflejan la firmeza del carácter, y de la prudencia, el valor del respeto a los semejantes. En la antigüedad, el tema predominante en la idea del respeto no es el respeto a la persona, sino el respeto del orden. El término latino respicere significa mirar hacia atrás. Uno se vuelve al pasar un personaje importante, del mismo modo como prestamos atención a los hechos importantes y a los valores capaces de inspirar la acción. La palabra observantia, observancia, considera la idea del respeto de las leyes (observare leges). Tanto respectus como observantia corresponden al término respeto. Evocan la actitud de atención y disposición a la obediencia efectiva, cuyo objeto es el poder constituido o la norma jurídica y el mandato jerárquico que de ella emana. La primera dimensión del respeto, y casi la única existente en la Antigüedad, es por lo tanto la aceptación teórica y práctica del orden y sus necesidades. Es un reconocimiento de los poderes y las leyes así como una disposición habitual a obedecerlos de buen grado, rindiendo incluso al poder cierto tributo de estimación, deferencia y honor. De esta manera, el respeto, es junto con el amor, los dos valores esenciales que definen el actuar del hombre frente a sus semejantes y que son fácilmente violentados cuando desde la cuna se forman personas autoritarias y prepotentes. Siendo el respeto un valor para seres libres, la sociedad de los hombres respetuosos no podría limitarse a la agrupación de temperamentos autoritarios rodeados de un conjunto de naturalezas temerosas. Si el respeto es puramente miedo, no es respetable. La falta de respeto no apareció en el mundo en el Siglo 18. La siguiente es una cita de Tertuliano: "Muchas cosas merecen tomarse a broma y considerarse humorísticamente por temor de darles importancia al combatirlas seriamente. Nada es más adecuado para la tontería que el ridículo y el derecho de reír pertenece con toda propiedad a la razón". udesmrector@cln.megared.net.mx