Jorge Figuera Cancino
A mi querida suegra, Lola Herrera Provensal
Los mexicanos nos caracterizamos por tener una notable sabiduría popular. Es una tradición que se transmite generacionalmente. En ocasiones refleja lo mal que nos ha ido ("las gallinas de arriba cagan a las de abajo"), la esperanza de un futuro mejor ("no hay mal que dure 100 años"). Como dice Isaac Katz, ilustre profesor de Economía del ITAM "los refranes populares mexicanos, además de ser 'picantes', y en muchos casos reflejar un doble sentido, son más que nada la visión del pueblo frente a la vida y, por tanto, tienen un contenido profundamente filosófico", (La sabiduría mexicana a través de sus dichos y refranes, México, 1999).
Precisamente en ese libro, Katz ofrece un compendio de sentencias y máximas populares desde la perspectiva de las aplicaciones que tienen para la teoría económica. De ahí, tomé algunas ideas para aplicarlas a la teoría del consumidor. Me parece que es una buena herramienta para facilitar la aproximación a esta apasionante disciplina y entender la situación del consumo y la competencia en México.
El que no sabe, es como el que no ve
Mientras mayor y mejor sea la información que tiene el consumidor antes de la celebración de los contratos, menor será el riesgo de error. Sin embargo, hacerse de información cuesta. El sistema jurídico-económico hace pesar sobre proveedores la necesidad de informar de manera clara y exhaustiva, de tal manera que el consumidor pueda decidir de manera libre y consciente. Las normas también prohíben la colusión empresarial a fin de restringir la información para los consumidores. Así, si el empresario omite información relevante (aquella que de haberse conocido hubiera modificado la decisión final) o proporciona información inexacta, falsa, parcial, tendenciosa, se le sancionará y el consumidor podrá reclamarle una indemnización. También el Estado asume una trascendente función informativa. Por diversos medios difunde información objetiva de los bienes y servicios (Revista del Consumidor, principalmente), información relativa a los procedimientos y quejas respecto de proveedores (buró comercial y la jurisprudencia), donde los consumidores pueden conocer acerca de los antecedentes de los empresarios en el mercado y respecto de la interpretación en sede judicial de sus derechos.
Caras vemos, corazones no sabemos. Íntimamente vinculado con la información que los consumidores y usuarios disponen, está la información que sus contrapartes sí disponen. Los defectos de diseño de los productos son, algunas veces, conocidos por los empresarios antes de poner en circulación en el mercado los bienes. A través de un frío test riesgo-utilidad, el comerciante evalúa los daños (a la salud y vida) frente a los beneficios que recibirá (ingresos). Si los ingresos son mayores que lo que pagará tras las eventuales indemnizaciones, le resultará atractivo comercializar el producto (lo que los lleva a "no dar paso sin huarache"). Este dicho nos invita a analizar a detalle la información relevante y a ser atentos y perspicaces.
El tiempo es buen consejero
Para los consumidores con más experiencia, parece que les aplica la máxima, equivalente a la de "más sabe el diablo por viejo que por diablo". Tomar decisiones sin madurarlas o precipitadas no conduce a mejores situaciones de bienestar, pues de lo contrario de ese consumidor se dirá que "se meo fuera de la bacinica" al tomar decisiones erróneas en contextos de incertidumbre. Por ello, unos de los principios en materia de protección al consumidor es el de garantizarle a los consumidores, niños, jóvenes y adultos que contarán con toda la información necesaria y suficiente para decidir racionalmente.
El que no enseña, no vende
La actividad publicitaria es relevante para posicionar marcas, bienes y servicios en la mente del consumidor y provocar los actos de consumo. En un mercado con distorsiones informativas, los consumidores pagan más por los productos y servicios. A los empresarios les conviene que haya poca información, así los precios aumentan. En cambio, si la información fluye, los consumidores toman decisiones más adecuadas y los precios bajan. La competencia empresarial mitiga las asimetrías informativas. La competencia favorece el crecimiento y desarrollo del mercado. La publicidad bien hecha, en cualquiera de sus formas, es un aliado de los consumidores.
No todo lo que relumbra es oro. Las cosas valen por lo que son, por lo que están hechas, por la función, finalidad y necesidad que satisfacen. En un esquema de libre mercado, la demanda y la oferta definen los precios. La falta de información sobre el verdadero valor de los bienes y servicios así como la expectativa de generar ingresos altos y en poco tiempo (inversiones milagrosas, esquemas engañosos) refleja el contexto propicio para los fraudes al consumidor. Generalmente en los fraudes el sujeto engañado era vulnerable por su especial condición e ignorancia. En ocasiones, tomar decisiones sobre esta base conduce no sólo a no ganar, sino a perder parte del patrimonio. Esto conduce a otra regla "demasiado bueno para ser cierto".
Sale más caro el caldo que las albóndigas
Los consumidores, cuando contratamos, cuando adquirimos un bien o un servicio, pretendemos satisfacer ciertas necesidades. Si derivado de alguna deficiencia el bien no sirve para la finalidad que le es propia o el servicio no es de la calidad prometida o sugerida, los consumidores derrocharon sus recursos. En ocasiones, dicha falta de conformidad deriva de los propios actos del empresario que generaron que el consumidor sobrevalorara el bien o el servicio. En otras ocasiones, los productos generan daños a los consumidores que, incluso, pueden ocasionar la muerte. Así, para el consumidor salió peor contratar que no hacerlo.
Dar gato por liebre
Relacionado con el anterior, este dicho refleja las situaciones de engaño. Es decir, aquellas en las que el empresario anunció, prometió o sugirió determinadas calidades, cantidades y demás especificaciones y no las cumplió. El consumidor pierde, pero también el empresario ya que el consumidor volteará con los competidores y, más ampliamente, el sistema económico pierde al haberse destinado un recurso económico a una empresa que no genera valor pero que las normas del mercado terminarán por expulsar.
Las apariencias engañan
La asimetría informativa, esto es, el desconocimiento que tienen los consumidores y usuarios respecto del bien o servicio así como del proveedor respecto de quien analizan adquirirlos, es connatural en todas las relaciones de consumo. Los bancos y otras instituciones crediticias no prestan dinero sin saber el comportamiento de su cliente, por ello consultan el Buró de Crédito. Los consumidores deberían tomar decisiones similares a la hora de contratar con cualquier empresario. Para ello, el Estado informa y difunde información oficial consultable.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda
Vinculado con el anterior dicho, su interpretación es similar también a la de "el hábito no hace al monje". Una aplicación de estas sentencias es cuando las empresas a través de actos de engaño hacen creer al consumidor que son lo que no son. Presumir ciertas certificaciones, estudios, infraestructura, premios, etc., de los que no se tengan, evidencian que la empresa en cuestión no es leal con el consumidor.
Más vale malo por conocido que bueno por conocer
Un mercado con competencia y con órganos reguladores fuertes que corrijan pronto las fallas (monopolios, colusiones, dominancias), incentivan que los consumidores se alejen del sentido que esta regla tiene. En un escenario en el que todos los empresarios incumplen con las leyes y son desleales, qué más da cambiar de proveedor, si el de enfrente puede que sea peor. Lo ideal sería que el consumidor pudiera dejar su dinero en buenas manos. Los recursos se mueven hacia donde son más valorados y, consecuentemente, los mejores empresarios se harían de ellos.
Es de sabios cambiar de opinión
Por ello, el sistema económico y jurídico deben alinearse para que en el supuesto remoto de que haya alguna empresa que falle a los consumidores, éstos puedan escoger otros competidores, recuperar los daños sufridos y transitar hacia una economía libre de mercado.
Agradeceré sus comentarios @FerGarciaSais. Que tengan un excelente sábado. Disfruten a la familia.