Sugey Estrada/Hugo Gómez
La soberbia es uno de los defectos y males que más aquejan al ser humano, pues es frecuente que aniden en su corazón sueños de superioridad y anhelos de grandeza.
La soberbia viene del vocablo latino superbus, que significa el que está por encima, que es altanero. En efecto, quien es soberbio cree estar por encima de los demás sin percibir que, por el contrario, se encuentra muy por debajo de sus consideraciones.
La insaciable sed de grandeza del soberbio lo lleva a escalar escarpadas cumbres, sin percibir que no cuenta con los pertrechos necesarios para tan arriesgada empresa. "Más reinos derribó la soberbia que la espada; más príncipes se perdieron por sí mismos que por otros", dijo el escritor español Diego de Saavedra Fajardo.
Algunos autores consideran que las personas soberbias se deforman, no de manera física pero sí moralmente, cuando unen morusas de poder a ese horrible defecto. "La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder", expresó José de San Martín.
Es de admirar que en el Siglo 19 se comparara a los soberbios con discapacitados. En aquellos años no se manejaba la distinción entre discapacitados y personas con capacidades diferentes.
En nuestros días, en cambio, se alaba y encomia a las personas con capacidades diferentes, porque con su incansable afán de superación dan muestra de generosidad, fortaleza, pundonor y gallardía, como señaló el Arzobispo de Oaxaca, José Luis Chávez Botello.
"Hay que tenerle temor a aquellas personas que tienen una discapacidad interna y moral, que los vuelve corruptos y perversos y no a quienes tienen una discapacidad física, o mental que demuestran la verdadera fortaleza de la humanidad", expresó.
¿Soy discapacitado moral? ¿Me dominan la soberbia y corrupción?
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