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"Reflexiones"

"El amor a Dios nos enseña que cuando luchas contra los fragmentos negativos que corren por nuestra mente, logras la recuperación y te conviertes en un ser nuevo"

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16/08/2008 00:00

    Héctor Tomás Jiménez

    Para recuperarnos de las enfermedades del alma 



    Un conocido místico judío, de nombre Kotzker Rebe, dijo alguna vez que: "Un pequeño hoyo en el cuerpo es el resultado de un gran hoyo en el alma", frase con la cual buscaba hacerse entender por sus seguidores de que toda enfermedad corporal, tenía, como principio u origen, algunas lesiones en el alma, sobre todo las producidas por los egos que nos lastiman y desacomodan en nuestra relación con otros hombres; cuando queremos a toda costa que los demás de ajusten a nuestros actos y a nuestra manera de pensar y no reconocemos nuestros errores y limitaciones humanas.
    Este maestro Kabbalista del Siglo 18, es reconocido en la comunidad Judía por su penetrante sabiduría, y por la claridad de sus enseñanzas. El decía que el enojo, la ira, la depresión, la venganza, la envidia, el orgullo, la vanidad y muchas otras formas de manifestar nuestras emociones negativas, no son otra cosa más que agujeros en el alma que a su vez, cuando no son bien canalizadas y alimentadas por el espíritu, nos crean agujeros en el cuerpo, una forma metafórica de llamarle a las enfermedades crónicas o de carácter terminal.
    Es por esta razón por la que todo aquello que se manifiesta en nuestro cuerpo físico es como una torcedura o lesión en una rama de nuestro árbol, por lo que si queremos tratar y prevenir la enfermedad, debemos trabajar a nivel de la causa que, según afirma, reside en la raíz de nuestra vida, en el alma espiritual.
    Este es también un principio de la medicina homeopática, cuyo principio de la semejanza curativa, nos enseña que para sanar el cuerpo, es necesario primero sanar nuestra mente y nuestras emociones, y enseguida, casi de manera mágica, se alinea la función del cuerpo enfermo y se recupera la salud. Es por ello que estar bien con nosotros mismos, amarnos en plenitud, y disfrutar de nuestra chispa divina, es lo que nos da la solución a las enfermedades corporales.
    Lo que ocurre en nuestra mente es lo que ocurre en nuestro cuerpo, por ello, hay muchos casos documentados de personas que se han recuperado de enfermedades malignas, cuando se ponen en manos de Dios, cuando se reconcilian con todos aquellos con quienes han tenido diferencias, cuando mandan los resabios y resentimientos al cesto de la basura, cuando no permiten que el rencor y el odio les taladre el alma; es entonces, cuando empiezan a recuperar la salud del cuerpo.
    Las reglas espirituales del juego de la vida son la fuente de toda sanación física y espiritual, son la mejor forma de curar todos los males causados por nuestros pensamientos y comportamientos reactivos. Si tenemos una enfermedad, no podemos pensar que algo está mal en nuestro cuerpo, tenemos que saber y aceptar que todo empezó con nuestros pensamientos y actos negativos. Si no nos damos cuenta de que nosotros somos la causa, no hay forma de sanar nuestra vida.
    Hay excelentes ejemplos de cómo se puede sanar el cuerpo liberando los pensamientos negativos y llenando el alma y el corazón de pensamientos positivos, como el caso de una joven mujer que durante algunos años libro una batalla contra el cáncer.
    Su doctor le decía que era una rara enfermedad terminal con la que sólo se ha encontrado dos veces en su carrera como médico, sin embargo, al dejar aquella paciente de ser una persona negativa y convertirse en una persona espiritual, llegó a la conclusión y disyuntiva de que solo tenía dos opciones: la amargura o la gratitud.
    Con toda su voluntad, fe y amor a Dios, eligió la gratitud, actitud con la cual, dejó de permitir que la negatividad invadiera su mente. Hoy, después de casi cinco años vive con su familia, mantiene una imagen mental positiva, llena su vida de fe y espiritualidad y se encuentra fuera de peligro. Su médico aún está asombrado por lo rápido que inició su recuperación, y él mismo habla de que todo es como un milagro de la fe.
    El amor a Dios nos enseña que cuando luchas contra los fragmentos negativos que corren por nuestra mente, logras la recuperación y te conviertes en un ser nuevo.
    Debemos trabajar en el conocimiento de nuestros pensamientos, conocer a fondo el porque se manifiestan y sobre todo, vigilar toda dolencia que sobresalga por causa de esos pensamientos.
    Debemos aprender a practicar el amor y el perdón, haciendo una recopilación diaria, antes de dormir, de lo que hicimos durante el día. Orar y darle gracias a Dios nos ayudará a mantener nuestra mente ejercitada en el amor.
    ¡Feliz fin de semana!
    JM Desde la Universidad de San Miguel.
    udesmrector@gmail.com