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"Falsocracia"

"El arte de perdonar"

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11/07/2014 00:00

    A finales del año pasado conocí a una mujer sin­gular. Kahuna es la guardiana del altar de Makali'i y portavoz de Lono, deidad hawaiana de la abun­dancia y la paz. Parece que viste con bolsas plásticas de colores, y se comporta con el orgullo de alguien a cuyas espaldas se ríen.
    Sana. Es una artista de los espíritus, llama de la bondad, dueña del perdón. Practica, con el canto y la introspección, el singular arte del Ho'oponopono, y aunque la conocí fugazmen­te y hace tiempo, he enten­dido de súbito la fuerza de su mensaje.
    Kahuna en realidad no es su nombre. Significa que es descendiente de los dioses, que es una sacerdotisa de po­deres innatos cuyos ances­tros sufrieron persecución y olvido. No es menor que la fuerza de su poder curativo radique en su capacidad para perdonar.
    Siguiendo prácticas an­cestrales hawaianas y de las islas polinesias, ningún daño es producto de un in­dividuo, sino siempre de una colectividad. Por lo tanto, to­da la comunidad debe, acti­vamente, restaurar el daño. Para ello, deben reconocer que ellos también son res­ponsables y deben perdo­narse la situación en la que viven.
    Es fácil enredar ideolo­gías y pensar en karma aquí. Si A daña a B, no sólo A des­vía su propio karma hacia un mal posterior, sino que en ese momento, fue el kar­ma de B. Para que B perdone completamente a A, es ne­cesario que reconozca en sí mismo la razón de la ofensa, y que se perdone a sí mismo y se ame.
    Creer en las enseñanzas del Ho'oponopono significa renunciar a la culpa ajena, a la desviación de la respon­sabilidad, y por lo tanto llevar la carga absoluta de nuestra propia miseria. Es, cuando menos, una tarea abrumadora. Hay, sin em­bargo, una ventaja atracti­va. No sólo yo soy respon­sable de mi mejoría, ella puede venir de alguien que esté a mi lado, en tanto esa persona haga conciencia de que mi pesar también es el suyo.
    El Ho'oponopono em­bona con uno de los fun­damentos que la neurop­sicología está al borde de admitir: que la evolución nos ha diseñado no sólo para vivir en comunidad, sino para requerir de los demás para alcanzar la ho­meostasis. Nuestras emo­ciones son gritos de ayuda para la intervención del entorno (de los que están en nuestro entorno) para sanarnos con un abrazo o haciéndose a un ladoy si asumimos la urgencia de ayudar al prójimo, si ex­tendemos más allá de las madres la entrega por otro ser humano, tendremos un mundo mejor.
    Haz bien y te irá bien, dice la ley del karma. Si te va mal, es porque no te has perdonado, predica la filo­sofía hawaiana; pero aún más importante, dice que perdonar no está emparen­tado con mis culpas -ese concepto grecolatino de la autocensura- sino con todo a mi alrededor, no importa quién lo haya causado.
    Bajo la lógica del Ho'oponopono, sí tenemos a los gobernantes que nos merecemos.
    jevalades @gmail.com