"El delito de fumar"

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25/04/2008 00:00

    Noroeste / Juvenci Villanueva

    Comento una premisa inicial subjetiva, a manera de confesión pública: siendo yo un niño de poco más de un año de edad, no había manera de quitarme el vicio de chuparme el dedo, hasta que un día a mi madre se le ocurrió untarme una colilla apagada en el pulgar del chupete, con el resultado de que no he vuelto a llevarme a la boca ni dedo ni cigarrillo.
    Con ello deducirá usted que escribo estas líneas no por una especie de defensa personal al gustillo de fumar, sin embargo el hecho de que en muchas localidades desarrolladas, a los cuales se ha incorporado el Distrito Federal están colocando a los fumadores de tabaco en una situación de delincuentes jurídicos y de segregados sociales, me parece cuando menos una actitud incongruente frente al permisivismo vigente en esas mismas sociedades en temas medulares.
    Una de las noticias de moda es sin duda la rigurosa nueva normativa en contra del tabaco y de los fumadores en lugares cerrados. Buena parte de los noticieros televisivos están dedicando a este tema diversos reportajes y entrevistas.
    En Estados Unidos, España y otros países europeos hemos podido constatar desde hace varios años una actitud intransigente contra el tabaco y al mismo tiempo muy poco estricta contra el consumo del alcohol y drogas incluso duras.
    En el fondo esa posición es una manifestación más del individualismo exacerbado imperante en el mundo occidental bienestarista, que busca por encima de todo el confort personal y el placer desenfrenado.
    Si te alcoholizas o te drogas, el problema es casi exclusivamente tuyo: Haz de tu cuerpo lo que quieras, yo no me entrometeré en lo que hagas con tus cosas; ahora bien, si fumas tabaco, tu humo si me afecta, me apesta y puede incluso dañar mi salud por lo que ello si no lo toleraré.
    Es problema casi exclusivamente tuyo el alcoholismo y la drogadicción, siempre que tus acciones alcoholizado o drogado no afecten derechos de tercero; por ello te propongo salidas permisivas como el conductor designado o la legalización del consumo de droga en pequeñas dosis. Lo que no se puede permitir es que el humo de tabaco dañe pulmones y gargantas ajenas y apeste la ropa de los fumadores pasivos.
    Ese daño intolerable al prójimo si que tiene que combatirse jurídica y socialmente sin que por ello la Asamblea legislativa que discute y aprueba esa legislación y el gobierno que la promueva puedan ser tachados de intolerantes.
    Otro ejemplo en el mismo tenor se da en el mismo Distrito Federal al constatarse como el gran funcionario gubernamental promotor de esa cruzada antitabaco: el Dr. Mondragón y Kalb fue en su momento también el gran promotor desde el Ejecutivo capitalino de la despenalización del aborto, sobre la misma base argumental arriba expresada: haz con tu cuerpo lo que te dé la gana así sea matar en el vientre materno a una indefensa persona que no puede expresar su queja.