"El mejor soldado"

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21/05/2013 00:00

    PREMIO

    Se editó hace años un pequeño libro escrito por el médico argentino José Ingenieros, con título Las Fuerzas Morales. Es de lo mejor que he leído sobre temas de valores y virtudes humanas. Este José Ingenieros, Inge., murió en 1925, y lo que escribió tiene una vigencia perene. Son de esos textos que no pasan de moda porque nunca fueron moda, sino reflexiones fundamentales de la vida humana. En preparatoria tuve que leer uno de sus escritos más conocidos, El Hombre Mediocre, en donde hace una crítica sobre la moralidad.
    En este de Las Fuerzas Morales, visualiza criterios sobre la educación y el maestro, y voy a referirles dos párrafos que encuentro en sus páginas. Uno es el siguiente: "La sociedad entrega al maestro los niños, como al jardinero las semillas, para que en aquéllos germinen sentimientos como de éstas brotan flores. Hay que saber formal los almácigos humanos, regarlos, protegerlos, apuntalarlos, clasificarlos, separar las malezas, para que de la escuela salga bella y lozana las más admirable flor del universo: el hombre".
    El segundo dice: "El maestro del porvenir tendrá a su cargo la función más grave de la vida social. No será una autómata repetidor de programas, que otros hacen y él no comprende, sino un animador de vocaciones múltiples que laten en el niño y el joven, buscando aplicaciones eficaces. Despertará capacidades con el ejemplo, enseñará a hacer, haciendo; a pensar, pensando; a discurrir, discurriendo; a amar, amando. Educar debe ser un arte agradable; el maestro formará caracteres como el escultor plasma estatuas".
    Hasta ahí las citas. ¿Por qué escribo lo anterior? Porque se acaba de celebrar el Día del Maestro y la educación de muchos niños mexicanos, está en manos de quienes no son maestros. Y muchos jóvenes y muchos universitarios también están en manos de quienes no conocen a fondo su rol y se dicen maestros. Hoy en día los maestros son de papel. Sí, de papel que diga que tiene una licenciatura, una maestría o un doctorado, pero que ante sus alumnos en el aula, distan mucho de ser ése sentido que, Ingenieros describe en su texto.
    Es decir, tienen un papel, pero son huérfanos de vocación pedagógica. Lo vemos en los estados del sureste en donde los maestros son grupos de choque, de lucha por sus intereses mezquinos y no por los intereses de quienes buscan encontrar los conocimientos y aprender. Y los vemos en el desarrollo social en nuestro estado, en donde hay regiones que los ignorantes han hecho de la violencia su modus operandi, y destruyen los sueños de niños y jóvenes, y destruyen la fe del docente al impedirle que cumpla su compromiso de enseñar, pues con esa violencia desiste y deja de enseñar, y se crea con ello, una generación que vivirá en la ignorancia y será alimento para la violencia misma.
    Y en otras entidades, la ignorancia religiosa también ha destruido ese afán de saber, y en todas, el Estado ha sido paciente y consiente por temor, o por negligencia, esa violencia, ese fanatismo, ese engaño disfrazado de reclamo sindical.
    Para ser maestro se requiere estar con quien quiere saber, adentrarse en su problemática, descubrir sus capacidades, conducir sus habilidades, forjarlo en los valores, convivir en sus afanes, conocer sus sueños, disciplinarle sus impulsos, generarle criterios y, en libertad, dejarlo que se forje en el saber. De otra manera no se puede interpretarse la noble tarea del maestro.
    No voy de acuerdo con quien dice que el rol moderno del maestro es sólo ser un guía. En ese caso se es un líder, un jefe, pero no maestro. Porque para ser maestro no vale con saber un contenido y su aplicación a una problemática específica, sino adentrarse en los procesos que la persona tiene para aprender, para aplicar lo aprendido, y después, convivir sus sueños, mirar hacia los horizontes que ellos ven, y congraciado con la experiencia, llegar a las formas adecuadas por donde deberá caminar para alcanzar su plenitud.
    Alguien dijo: los pájaros no tratan de volar; vuelan, y los peces no tratan de nadar; nadan. Entonces ¿por qué el rol del maestro muchas veces se queda en tratar de enseñar?
    Es lamentable entonces, lo que las noticias nos traen de esos maestros que dejaron de serlo para convertirse en discordia, que requieren ocultar el rostro para destruir, para exigir lo que se puede lograr con el diálogo. Y lamentable es también, aquellos maestros de que dejaron de serlo, para enrolarse en las filas políticas con aviesos fines personales y de grupo, que los lleva a la corrupción. Y es peor todavía, aquel que con total ausencia de vocación e ignorando lo que es la tarea de la educación, suplanta al verdadero maestro, nada más porque tiene un papel, pero no despliega ése actuar ético que le permitirá trascender.
    Por eso creo que el maestro es el mejor soldado que tiene la patria. Pues sin violencia y sin lastimar a ninguna capa social, hace mucho más con el arma del saber y la razón para derrotar a la ignorancia y forjar un ciudadano de bien, que tanta falta hace en la mezcla social de la vida moderna.
    Por ello, ese Estado convertido en poder, no debía de negarle ni negociarle lo que por justa recompensa le corresponde a maestro, que dedica su vida a la noble tarea de transformar la inteligencia humana en expresiones del conocimiento, y dotar con ello al ser de la única herramienta para que acceda al progreso y al bienestar. Pero mientras continúe actuando como lo ha hecho desde siempre, sólo le pone la muestra de la ambición y de la corrupción, que lamentablemente los que fueron maestros y se hicieron políticos o líderes, y sus seguidores, se enredan, y alimentan más esa corrupción y esa ambición, que han sido obstáculo para que México pudiera haber sido una nación progresista y moderna.
    No tengo duda alguna, entonces, que el mejor soldado de la patria, es el buen maestro, cualquiera que sea el nivel que atienda. Salud por ellos, entonces.