"El mundo al revés. Sinaloa: Gobierno cómico musical"

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18/11/2013 00:00

    Juan Diego Casanova Medina / Por Esto





    Cuando me preguntan cómo se ve el Gobierno del señor Malova en la Ciudad de México la primera respuesta que digo es que no se ve. No obstante, al hacer un análisis más reposado con la retroalimentación de funcionarios de primer nivel del Gobierno federal de Felipe Calderón y ahora de Peña Nieto, quizá lo que llama la atención es que rompe con los umbrales mínimos de la sobriedad del ejercicio del poder que gobernantes de cualquier partido observan como un mínimo común denominador. Veamos.
    Primero. Tuve algunas oportunidades de visitar al señor Malova cuando era Presidente Municipal de Los Mochis. No era, en modo alguno, el Malova que vemos hoy que ha salido del closet. En aquellos años, era sobrio, solícito con el Gobierno estatal y guardaba las formas republicanas que tirios y troyanos asocian con el ejercicio del poder público. No es sólo mi afirmación que pudiera prestarse a un argumento sin base alguna. La bibliografía si bien no es amplia, existe. Entre las obras clásicas podemos citar al clásico El estilo personal de gobernar de Daniel Cosío Villegas publicado en 1974 bajo el sello editorial de Joaquín Mortíz, en donde hace una crítica al Gobierno de Luis Echeverría y es acre crítico de acciones que jamás rompieron el umbral de tolerancia social del señor Malova. Otro texto obligado es El presidencialismo mexicano de Jorge Carpizo publicado cuatro años después por Siglo XXI Editores donde se hace un análisis jurídico-sociológico de la estructura de la hegemonía del poder del Presidente de la República. Qué decir, por supuesto, de "Las Máscaras" que forma parte de El Laberinto de la soledad de Octavio Paz que se centra en la caracterología del mexicano. O la atinada expresión de Lorenzo Meyer al recordar a Cosío Villegas en Letras Libres, quien afirma que: "Entre más se habla, menos se ha hace" parafraseando a Robert Dahl.
    Segundo. ¿Por qué el señor Malova se ha vuelto el hazmerreír de la clase política mexicana en donde efectivamente se ha hecho notar? La respuesta requiere de elementos multifactoriales. De entrada, el suplemento Palestra que dirige nuestro amigo José Alfredo Beltrán aquí en Noroeste dedicó un texto único sobre este tema que hace un minucioso y crítico recuento de esta forma de gobernar que mezcla populismo, autodegradación y falta de certeza en el ejercicio gubernamental. Me confiaba un Secretario de Estado con Felipe Calderón que el señor Malova tenía como destino no sólo "hacer un buen gobierno, sino hacer feliz a la gente". Esto denota ya un problema psiquiátrico. Es la vinculación del ejercicio de un mandato público con uno de Dios, ambos atribuidos al señor Malova. Al consultar el Diccionario de Psiquiatría de Battegay y otros (Barcelona, Herder, 1989) que es un texto enciclopédico escrito con la colaboración de grandes psiquiatras alemanes, Wolfgang Demuth en su definición de "ilusión sensorial" afirma que para "la psiquiatría... Las ilusiones son percepciones que nacen de (la realidad) por transformación, combinándose unitariamente estímulos externos con elementos reproducidos sin posibilidad de diferenciar los elementos directos de los reproducidos". Para Glatzel citado por Demuth las "ilusiones son un indicio de trastornos psíquicos". ¿Por qué Malova era un político que respetó el mínimo común denominador de los usos políticos y ahora no lo es? En la definición de "Impulso y sus trastornos", el psiquiatra Jurg Hansen define que: "En la manía son expresión del aumento de impulsividad (los sistemas activadores de un presidente municipal a un gobernador por ejemplo): la excitación, la laxitud asociativa, la fuga de ideas, los contenidos multilaterales, como el delirio, el bajo umbral para estímulos, el angostamiento de la conciencia, generalmente con un estado de ánimo exaltado. Es frecuente la mezcla de aspectos maniacos con psicosis mixtas".
    Tercero. El problema grave es que Malova por lo dicho antes no cumple ni con gobernar bien ni menos "hacer feliz a la gente" que aparentemente son producto de su propia imaginación que requiere atención psiquiátrica para que ubique lugar, modo y circunstancia en que despliega su conducta. En la Presidencia de la República, me confirman, tiene prohibido poner en escena ese gobierno cómico musical que no sólo es de él sino de parte de su Gobierno. A quien le apoda el "potrillo", Enrique Alejandro Armit, director del Registro Público de la Proipiedad de Culiacán, le hace la segunda a Malova cantando en una peculiar imitación del cantante Alejandro Fernández. Es improbable que un personaje como Malova tenga futuro político, pero quien sabe si en palenques y espectáculos populares encuentre él y parte de su gabinete una forma de realización personal para darle unas horas de "felicidad" a sus fans. Pero por favor como gobernante que se dedique a gobernar, ayuda psiquiátrica de por medio.
    Ayuda de memoria
    1. Y seguimos esperando que el señor Yamuni haga la investigación en el Hospital General de Culiacán. Como son los pobres, se apuesta al olvido. Pues no. Lo seguiremos recordando siempre hasta que se haga justicia a quienes menos tienen.
    2. El falso licenciado José Abraham Lugo Salazar, presidente de la CEAIPES, sin el menor pudor sigue anteponiéndose el "Lic." en el portal de ese órgano. Si el presidente miente sobre él mismo ¿alguien en su sano juicio cree que la CEAIPES podría promover la transparencia que no práctica?
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