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"La cabeza de Gertz"

"El Presidente hace recaer el fracaso de su política de seguridad pública en el Secretario Alejandro Gertz. Su despido se convertiría así en una sanción por su ineficacia"

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15/08/2004 00:00

    Gestionan

    Imposibilitado para cumplir su promesa de que en 60 días tendría satisfacción la exigencia ciudadana de mayor seguridad, el Presidente Fox hizo recaer el fracaso de su política de seguridad pública en el Secretario Alejandro Gertz. Su despido se convertiría así en una sanción por su ineficacia. A esa implícita autocrítica Fox añadió el nombramiento de uno de sus amigos políticos más cercanos, Ramón Martín Huerta, como prenda del renovado interés presidencial en atender la demanda contra la inseguridad. Esa conjetura es una de las que reemplazan la falta de información sobre el verdadero móvil del más reciente reemplazo en el gabinete federal. Nadie cree que Gertz se jubile, como se pactó decir. Cumplirá efectivamente 65 años el 31 de octubre y cotizó al ISSSTE durante los 25 años en que se ha desempeñado como funcionario público. Pero dista mucho de mostrar el cansancio que conduce al retiro voluntario. Persona acaudalada desde su nacimiento, ha dicho que ingresó en el servicio público por amor al arte, y se corrigió: "por amor a la guerra". Es difícil que se haya desenamorado. Y es cierto que la guerra continúa. La libraba Gertz contra la delincuencia, pero también con miembros del Gobierno de que formó parte hasta el viernes. La formación del ex Secretario lo singularizaba en el gabinete. Trabajó en el Gobierno federal durante 19 años (de 1963 a 1982) en diversas funciones, generalmente relacionadas con su carrera de abogado, que cursó en la Escuela Libre de Derecho (aunque en la UNAM alcanzó el doctorado). Su principal aportación a la vida pública en esa época fue el remozamiento y aplicación del marco jurídico para la protección del patrimonio cultural, especialmente el arqueológico. Sus detractores lo tuvieron por enemigo del coleccionismo de piezas prehispánicas, pero lo que en realidad combatió fue el saqueo y el tráfico ilegal de esa riqueza mexicana. Se retiró el gobierno priista durante las administraciones de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo. Fue editor de literatura popular, policiaca; productor de teatro, autor de libros. (Su madre, Mercedes Manero, lo había sido con reconocimiento de la crítica y aceptación del mercado: publicó poesía, cuento y tres novelas: Río revuelto, El salón de Catalina y Rastro de la muerte). Fue también profesor universitario, y director de la escuela de derecho de la Universidad Anáhuac y Rector del campus capitalino de la Universidad de las Américas. De esta última función partió a su vuelta al servicio público: en diciembre de 1997 Cuauhtémoc Cárdenas lo nombró Secretario de Seguridad Pública en el DF. Permaneció en el cargo cuando Rosario Robles reemplazó a Cárdenas en la Jefatura de Gobierno. Y, de modo sorpresivo, quizá acercado a Fox por Adolfo Aguilar Zinser, boyante entonces en el ánimo presidencial, fue nombrado Secretario federal de Seguridad Pública. Estrenó esa función, desprendida de la Secretaría de Gobernación. Tres fueron sus tareas principales: la coordinación del Consejo Nacional de Seguridad Pública, el manejo de la Policía Federal Preventiva (cuya conducción asumió personalmente, sin nombrar a un comisionado general), y el sistema carcelario federal. A muy poco andar tuvo en este último ámbito su primer revés: aun no cumplía dos meses en el cargo cuando el 19 de enero de 2001 se fugó del penal de Puente Grande Joaquín Guzmán Loera, "El chapo", un capitán del narcotráfico que desde entonces no ha podido ser reaprehendido. En ese mismo terreno mantuvo su última discrepancia con la Procuraduría General de la República. La mañana misma de su jubilación anticipada, la tarea de Gertz había recibido un juicio adverso del subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, quien anunció el probable asalto a La Palma, el principal de los penales de alta seguridad, situado en Almoloya de Juárez. La incursión habría sido preparada, según el subprocurador, por los jefes de la delincuencia organizada para su propia liberación (como se hizo con narcotraficantes en Apatzingán, hace algunos meses), y mediante comunicación facilitada por la falta de rigor carcelario, deficiencia atribuible a la Secretaría de Gertz. En tono de disculpa, también de la PGR había partido, la semana anterior, el rumor de que no había sido posible cumplir una orden de arresto contra Gertz, expedida por un juez federal ante el desacato de una orden judicial, que demandaba al Secretario presentar a dos miembros de la PFP presuntamente relacionados con delincuentes. Irritado por la publicación de esa falsedad, pues los agentes habían sido presentados, Gertz dijo el 6 de agosto que "ese es el periodismo que no se debe hacer". El miércoles siguiente volvió sobre el tema, en su artículo semanal en El Universal. Pero fue más allá. Quizá anunciaba su retiro del cargo, pues confió haber realizado un estudio en que se examina la trayectoria, a lo largo de 6 años (los de su gestión local y federal) "de la política de seguridad pública y política criminológica, analizando las verdaderas tareas y sus logros reales que han llegado a trascender, frente a las campañas implacables de descalificación que de manera constante e incansable se han ido recibiendo". Lamentaba también Gertz en su "Asedio mediático" el que "a través de un periodicazo se pueden aniquilar enemigos o bien promover campañas de exaltación personal en las que se combina la función informativa con complicidades y ocultamientos, para convertir lo deleznable en sustantivo, poniéndole precio mediático a la función pública y sus participantes". Las diferencias entre la Secretaría de Gertz y la PGR se originaron, o se hicieron inicialmente evidentes con motivo de indagaciones administrativas que la SSP pidió hacer a la Secretaría de la Contraloría contra mandos de la Policía Federal Preventiva en el sexenio anterior, cuando fue creada. Uno de los funcionarios señalados, Genaro García Luna, había sido designado director de la naciente Agencia Federal de Investigaciones por el General Procurador General, Rafael Macedo de la Concha. Al cabo de una averiguación previa parcial (porque la realizó el Ministerio Público federal, adscrito como la AFI a la PGR) García Luna fue exonerado, y continúa sus funciones al frente de una corporación a menudo involucrada en problemas chicos y grandes: ayer mismo, su desaprensiva intervención en el desalojo de un predio reivindicado por el Instituto Politécnico Nacional en el norte de la Ciudad de México suscitó un grave y peligroso enfrentamiento con los ocupantes de los terrenos. Persuadido de que esa agencia debía contar con una mejor conducción, Gertz logró que Fox hiciera suya la idea de crear una sola policía nacional, que estaría a cargo de un Secretario del interior (Gertz mismo). La doble idea, el nuevo Ministerio y la policía única, figuraron en el proyecto de ley enviado por el Presidente al Congreso el 29 de marzo. Advertido de que de ese modo perdería una parte sustantiva de su poder, Macedo de la Concha habría conseguido a su vez no aparecer como derrotado por su antagonista, y logró que se propusiera la Fiscalía de la República, con plena autonomía y cuya titularidad tendría permanencia transexenal con lo que, al estrenarla, se quedaría mucho más tiempo que Fox en la Presidencia (aun en la remota y ya cancelada posibilidad de que su esposa lo reemplazara en el cargo). Pero los legisladores no se ocuparon del proyecto inmediatamente. En cambio, pusieron en cuestión a Gertz. El Secretario entró en colisión con algunos senadores y diputados. En la añeja y pueril técnica de disculparse mostrando las culpas ajenas, al ex Gobernador mexiquense, César Camacho, le echó en cara las cifras de criminalidad en su estado durante los años de su interinato, en respuesta a un reproche del ahora Senador priista. A Arturo Nahle, Diputado monrealista, que también impugnó sus tareas, hizo que se le contestara con un absurdo, recordándole que había sido secretario particular del Gobernador Jesús Murillo, algunos de cuyos colaboradores en la subsecretaría de Gobernación habían sido cuestionados, siendo que el legislador zacatecano no trabajó con Murillo en esa etapa. No se sorprenda Gertz que por esas diferencias se pida a la Auditoría Superior de la Federación un ojo extremadamente crítico al revisar sus cuentas. No sé si la promovió, pero al menos Gertz vio con buenos ojos, al grado de participar en ella, la marcha del 27 de junio. Uno de los organizadores, Guillermo Velasco Arzac, había trabajado a sus órdenes en la SSP, como director de participación ciudadana, precisamente. Una expresión multitudinaria contra la inseguridad, principalmente en la Ciudad de México, podría servir a varios propósitos: no sólo enseñaría el tamaño de la insatisfacción ciudadana en la materia, sino que haría patente la necesidad de más recursos para la prevención policiaca y el sistema penitenciario, presionaría a los congresistas para que los otorgaran y al mismo tiempo apresuraran el despacho de las iniciativas pendientes y, de paso, rasparía al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. El Presidente Fox se impresionó con la marcha y ordenó una respuesta pronta y eficaz. El 1 de julio anunció que en 60 días, es decir a fines de agosto, presentaría resultados de 10 medidas expuestas entonces ante los organizadores de la manifestación. Las más de ellas, las que concernían a la SSP, eran tareas que debían haberse practicado desde siempre, entre otros motivos porque así lo dispone la ley de coordinación en materia de seguridad pública. Se generó, sin embargo, una expectativa que ni el Ejecutivo y sus colaboradores, ni el Congreso, han podido encarar, como lo dicen a diario los descontentos organizadores de la marcha, incluido Velasco Arzac. De allí la pertinencia, para Fox, de ofrecer dentro de dos semanas, si no resultados, por lo menos la cabeza de Gertz. Y un nuevo Secretario. Nacido en San Juan de los Lagos en 1957, radicado en León desde 1979 (y aun ahora, lo que le permitió hace poco enfrentar un sábado a antiguos braceros irritados que entraron a fuerza al domicilio de la familia Fox, en San Francisco del Rincón), Ramón Martín Huerta es el amigo político más antiguo y cercano a Fox. Quizá hoy lo superan en proximidad y en influencia su paisano Ramón Muñoz, y Eduardo Sojo y, claro, Marta Sahagún. Pero Martín Huerta reclutó para el PAN a Fox y lo alfabetizó políticamente. (No, ruego a ustedes que contengan la risa, pensando en el fracaso de esa tarea, porque lo que digo es que puso en sus manos un catecismo panista y quizá un ejemplar de la Constitución, para que supiera qué hace un Diputado, cuando le fue propuesta la candidatura que el ahora Presidente aceptó, en 1988). Acejoatemero en San Juan, Martín Huerta no siguió la ruta natural que llevaba a la mayoría de los miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) a militar en Acción Nacional. Sólo se afilió al PAN a los 27 años, cuando era ya director de la Asociación de Industriales de Guanajuato que, como muchos organismos empresariales nutrió a ese partido después de la nacionalización bancaria. Diputados en la misma legislatura (Fox ganador en su distrito, Martín por vía plurinominal) viajaron juntos de León a México, y viceversa, durante al menos 2 años. Actuaron juntos también en el comité panista de Guanajuato, secretario general Martín, encargado de las finanzas Fox. Aquel coordinó en 1991 la campaña de éste al Gobierno del Estado. Y cuando le fue arrebatado el triunfo a Fox y Carlos Medina Plascencia quedó de Gobernador, ambos convinieron en que Martín fuera su secretario particular. Fue de hecho un Secretario de Gobierno alterno, el secretario panista, ya que el convenio porque el que Medina Plascencia arribó al Gobierno incluyó la designación del secretario formal, un priista, Salvador Rocha Díaz. Desde su cargo Martín organizó una nueva autoridad electoral, que permitió en 1995 que los votos dieran la victoria a Fox. Como lo más natural del mundo, el Gobernador formalizó el cargo que ya realizaba Martín, el de Secretario de Gobierno. Y en agosto de 1999 la legislatura local, como lo más natural del mundo, lo hizo Gobernador interino, tarea que en muchos sentidos ya realizaba. Aun en sus primeros 2 años, y sobre todo a partir de julio de 1997, cuando se proclamó precandidato presidencial, el Gobernador Fox no se dejaba limitar por las ataduras de su cargo y viajaba a menudo. No obstante su formación en centros de catolicismo conservador (las ciudades donde vivió, las escuelas en que estudió, los círculos que frecuentó) Martín ejerce un criterio liberal, como lo mostró al vetar una reforma legal en su estado, que acentuaba el carácter penal del aborto. Y en su trabajo como subsecretario de Gobernación (la cuña personal de Fox ante el desempeño de Santiago Creel) ha mostrado sensibilidad moderna, inclinado al "diálogo, a la comunicación", "aficionado a escuchar y a aprender", según se define a sí mismo. Aunque como Secretario de Gobierno y como interino, y en la subsecretaría que ahora abandona, sus tareas rozaron las de seguridad pública, llega a su cargo sin calificaciones técnicas. Deberá poder suplirlas con sus buenas cartas en la política, pues en la coordinación estriba el eje del combate a la inseguridad.