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"Jorge Del Rincón Bernal. Los cuatro acuerdos II"

"El pueblo ha tratado de expresar esta sabiduría con sus propias palabras tales como 'Las palabras se toman según de quien vienen'."

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06/08/2005 00:00

    Héctor Tomás Jiménez

    En esta colaboración daré seguimiento a la escrita en este mismo espacio el sábado anterior en la que traté sobre el primer acuerdo denominado "Sé impecable con tus palabras". Este segundo acuerdo se titula "No te tomes nada personalmente". El pueblo ha tratado de expresar esta sabiduría con sus propias palabras tales como "Las palabras se toman según de quien vienen". No está mal pero sí incompleto, habría que añadir que cualquiera que sean las palabras si no son para edificarte vengan de quien vengan, no deben tomarse personalmente, pues a veces un amigo, hermano o los mismos padres pueden decirte sin intención de herirte alguna broma pesada, que por tu circunstancia muy personal del momento puede lastimarte, si no tienes el blindaje de una madurez a toda prueba, o dicho en otros términos si te sientes tan importante, como para sentirte responsable de aceptar como tuyo todo lo que digan, es que hay en ti un egoísmo primario en el que tu eres primero, segundo y el único. Dice el autor al respecto que "... nada de lo que los demás hacen es para ti. Lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos de nuestro propio sueño, en nuestra propia mente; los demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vive cada uno de nosotros". Ahora bien, normalmente los ataques de los que no te aman no van precedidos de una sana intencionalidad. Su punto de vista nace de una muy propia y única programación que nada tiene de sana y lleva implícita la intención de lastimarte, de tal suerte que si tomas los dardos venenosos personalmente serás ineludiblemente víctima de esos depredadores humanos contra los mismos de su especie. Una vez que logras hacer de este segundo acuerdo un hábito no volverás a sentir el miedo, si vives sin miedo ya no serás más víctima de las emociones que te hacen blanco de los sembradores del odio y la violencia verbal que suele en ocasión ser más dolorosa que la física. El tercer acuerdo es: "No hagas suposiciones". Este hábito de suponer lo que no sabemos es tan frecuente como el de tomarnos los chismes u ofensas personalmente e igualmente produce un cúmulo de hechos negativos que desembocan en lo mismo: la infelicidad y la causa es el temor a preguntar por creer que hacemos el ridículo y la soberbia nos paraliza; pero también nos gana la pereza y lo fácil es suponer no investigar, por ello creemos que lo que suponemos es cierto. Suponer y tomar las cosas personalmente son hábitos que suelen ir de la mano al confabular para hacer daño, por ello dice el autor Dr. Miguel Ruiz que: "Producimos mucho veneno emocional haciendo suposiciones y tomándolas personalmente". "Toda la cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente". La manipulación tiene mucho que ver con esto, pues los humanos solo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. Gracias a esta ´regla de oro´, los políticos hacen lo que quieren con los pueblos, los nuestros la aplicaron con tal maestría que nos gobernaron 71 años y la domesticación fue total al grado de que los añoramos. Esto último no lo dice el autor pero a mí me parece que ensambla. Otra amistad estrecha de las suposiciones es no sólo la falta de comunicación sino la que es mala o deficiente. Una comunicación diáfana mejora las relaciones en todos los órdenes de la vida personal y de las comunidades, y hay que empeñarnos en alcanzar esa transparencia verbal hasta lograr la impecabilidad de las palabras. Pero no basta dice el autor con que tomemos conciencia de este hábito pernicioso, se requiere la acción reiterada y permanente para que este hábito negativo lo transformemos en el hábito de la comunicación impecable. Finalmente, en el corto espacio que nos queda veremos el cuarto hábito: "Haz siempre lo máximo que puedas". El autor Dr. Miguel Ruiz considera que de llevar a cabo este acuerdo se logrará que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados. En virtud de la falta de espacio voy a transcribir una anécdota que capta la idea que define este acuerdo: Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue a un templo budista para encontrar a un maestro que le ayudase. Se acercó a él y le dijo: Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?. El maestro le miró y le respondió: Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años. El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación? . El maestro le miró y le respondió: Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años. Pero ¿porqué tardaré más tiempo si medito más? Preguntó el hombre. El maestro le contestó: No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para se feliz y amar. Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación, pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas, y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites, puede vivir, amar y ser feliz. rinber@prodigy.net.mx