Sugey Estrada/Hugo Gómez
La educación es un proceso continuo que abarca toda la vida del ser humano, aunque anteriormente se centraba más en la de los niños y jóvenes. De hecho, el concepto de pedagogía, como enseñanza del niño en la escuela, fue aceptado tradicionalmente porque se pensaba que sólo se podía y debía educar en edad temprana.
No obstante, desde hace tiempo nació el concepto de andragogía, como ciencia y arte de enseñar a los adultos. El vocablo proviene del griego andrós, que significa hombre o persona adulta, y ágo que quiere decir yo guío o conduzco.
Es cierto que la infancia y juventud son las etapas con mayor facilidad de aprendizaje, pero aún en la madurez se puede tener un gran desarrollo mental y registrar cambios en hábitos, opiniones y creencias.
El término andragogía todavía no es aceptado por la Real Academia Española, pero el maestro alemán Alexander Kapp fue el primero que lo utilizó en 1833 en las escuelas nocturnas y haciendo referencia a la educación que se impartía en la Academia de Platón, en la que el método era la mayéutica. Un siglo después, el maestro estadounidense Malcolm Knowles resaltó la diferencia entre pedagogía y andragogía.
Muchas personas consideran la educación de los adultos algo que suple las deficiencias que no cubrieron en su educación pedagógica, como si fuese una alfabetización tardía, pero es una educación que les permite aprender a conocer, hacer, ser, emprender y convivir para responder a los retos actuales.
En la andragogía, el adulto toma el timón de su educación para autodirigirse a través de los planos de horizontalidad y de participación, porque, como señaló Plutarco, "el cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender".
¿Me considero, todavía, sujeto de aprendizaje?
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