Héctor Tomás Jiménez
'La educación es el mejor medio para desarrollar los valores de convivencia con el fin de no perder nuestra capacidad de asombro ante los hechos cotidianos'.
JM
No hay duda que la sociedad es un mundo complejo donde el individuo busca posicionarse en aquello que mejor le convenga a sus intereses individuales, sobre todo los que tienen que ver con su desarrollo afectivo e intelectual y que de alguna manera le dan sentido de pertenencia social.
Vivir en sociedad tiene sentido cuando el individuo participa activamente en la construcción de sus propias estructuras y lo hace desde una mejor perspectiva, cuando está debidamente formado para ello, es decir, preparado y educado para la convivencia social.
Buscar el sentido de algo es pretender acotar su orientación propia, su valor intrínseco y su significado vital para la comunidad humana. Así, en el caso de la educación y del valor de la misma en el contexto social, no basta con la existencia de profesores alumnos, de instituciones educativas, de programas y proyectos educativos, de mejora continua de los procesos, de criterios y políticas educativas entre otros, sino que es menester que el individuo mismo logre desarrollar sus conocimientos ya sea a través de la educación formal, como la preparación y desarrollo de sus habilidades que alimenten su espíritu y sobre todo, con el ejercicio pleno de aquellos hábitos de vida que propician el respeto y la armonía social. Es preciso desarrollar estos hábitos como valores de convivencia con el fin de no perder nuestra perplejidad y nuestra capacidad de asombro ante los hechos cotidianos, en una palabra, desarrollar los sentimientos de solidaridad y subsidiariedad.
Toda institución comprometida con una misión educativa no debe limitar su labor solo a la producción y reproducción de conocimientos, sino dedicarse también a fomentar el conocimiento, entendido como comprensión, diálogo intelectual y búsqueda de argumentos razonados asumiendo la diversidad de direcciones a las que puede conducir.
Lo deseable, es formar hombres y mujeres con un profundo espíritu autocrítico, capaces de participar en comunidades que sepan y puedan transformarse sin necesidad de renegar de sí mismas, convencidos de que el mayor bien que podemos compartir es la humanidad. Son valores éticos, pues, los que están implícitos en el ámbito de la enseñanza.
La educación es función constante, independiente de la edad. Lo mejor que puede decirse de un proceso educativo cualquiera, es que capacita al sujeto para seguir educándose; que lo hace más sensible a las condiciones de crecimiento y más hábil para aprovecharlas. La adquisición de la destreza, la posesión del conocimiento, el logro de cultura, no son fines, son señales de crecimiento y medios para continuarlo. La educación no consiste tan sólo en adquirir conocimientos, en reunir datos y correlacionarlos; la educación es ver el significado de la vida como una totalidad. Pero lo total no puede ser abordado a través de la parte, que es lo que intentan hacer los gobiernos, las religiones organizadas y los partidos políticos autoritarios.
El objeto de la educación es crear seres humanos integrados y, por lo tanto, inteligentes. Podemos adquirir títulos y ser eficientes desde el punto de vista mecánico, sin que por eso seamos inteligentes. La inteligencia no es simple información; no se obtiene de los libros ni consiste en ingeniosas respuestas auto protectoras y afirmaciones agresivas. Una persona que no ha estudiado puede ser más inteligente que una erudita. Hemos hecho de los exámenes y los títulos la norma de inteligencia, y hemos desarrollado mentes astutas que eluden las cuestiones humanas vitales. La inteligencia es la capacidad de percibir lo esencial, lo que es; y la educación consiste en despertar esta capacidad en uno mismo y en los demás.
La educación es un proceso de socialización por el cual el individuo acaba aceptando las normas morales como un dato indudable. Ahora bien, en este punto se vislumbran dos posibilidades a saber: una, considerar los valores de la sociedad en que se nos educa como un todo cerrado e inmutable, o dos, considerar que el conjunto de normas morales están sujetas a revisión en función de los cambios sociales.
Desde nuestra perspectiva, la educación debería propiciar el crecimiento del educando en un ámbito de flexibilidad e interés por lo que le rodea. Debe tratar de resolver creativamente los problemas que se le plantean en la vida cotidiana, olvidándose de los clichés anquilosados. Pero, una interrogante parece quedar en el aire y que estamos obligados a darle cabal respuesta. ¿Cómo conciliar la permanencia de la sociedad con la necesaria flexibilidad en la educación del individuo? Para ello, habría que tomar en cuenta que el proceso educativo, cuando es auténtico, no sólo favorece la adquisición de conocimiento y habilidades, sino que forma también actitudes y disposiciones que dirigen los usos a los que se aplica la información y la destreza adquiridas.