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"Ciudad de la esperanza"

"En Bogotá, en cinco años realizaron el milagro, que se antoja imposible en nuestra gran Tenochtitlan"

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01/09/2008 00:00

    BELIZARIO REYES /VERENICE PERAZA

    Desde Bogotá puedo averiguar que si bien los viajes forman la juventud, también despiertan a uno de un sueño que en nuestro caso es resignación sumisa a la dura realidad. ¿Herencia de muchas generaciones que vivieron bajo "la dictadura perfecta"? No sé, pero se expresa en el famoso dicho: "aquí nos tocó vivir" que desemboca en "ni modo, ¿qué le podemos hacer?"
    Pero en Bogotá se ve que se puede hacer mucho, que un alcalde de primera puede hacer milagros, milagros confirmados y aumentados cuando, como en este caso, se siguen varios alcaldes de primera.
    En Bogotá, en cinco años realizaron el milagro, que se antoja imposible en nuestra gran Tenochtitlan, de sacar la capital del abismo en el cual se encontraba hundida: caos vial, terrible inseguridad, suciedad, contaminación, basura.
    Hoy el mexicano que pone pie en tierra en Bogotá se asombra de lo liso, parejo, ancho de las banquetas. Y de la multitud de peatones que caminan y caminan hasta altas horas de la noche, como en Nueva York, Paris o Berlín. Multitudes de todas edades y condiciones sociales, hermosas muchachas que andan solas sin miedo.
    Cuando sube al carro, nuestro compatriota no puede creer que no haya baches, que las calles no parezcan bombardeadas, y en las carreteras se repite el milagro del pavimento parecido a una pista de hielo.
    ¿Qué no saben robar allá las constructoras? Y qué decir de los 340 kilómetros de "ciclorutas" enteramente separadas de las vías transitadas por los coches? Hacen de la bici un verdadero medio de transporte y no sólo una diversión para el domingo.
    ¡El metrobus! El nuestro es ridículo en comparación. Varias líneas recorren grandes distancias sobre vías reservadas, tan separadas de las calles y avenidas como una línea de metro; gozan de dos vías en ambos sentidos que permiten que las unidades se rebasen.
    Anoche, viernes, entre 9 y 10 horas, cuando todo el mundo sale, pude contar hasta 10 unidades, una tras otra, corriendo, parando, sin bloquear la siguiente, todas llenas de gente sentada toda, nada que ver con nuestras latas sardineras.
    Ya que nuestras autoridades capitalinas han pretendido inspirarse de Bogotá para la bici y el metrobus, debo contar una anécdota; hace unos años tuvo lugar en nuestro país un encuentro entre los alcaldes de ciudades multimillonarias; el de Bogotá abogó a favor del transporte público y de la disuasión del carro individual.
    Concluyó que había dos maneras de destruir una metrópoli, lanzando una bomba atómica o construyendo un segundo nivel sobre las vías rápidas. Nuestro buen Alcalde, AMLO, se levantó ofendido y dio un portazo.
    No tengo espacio para desarrollar el tema de la seguridad, de la creación de una policía eficiente y respetada, pero ahora sé que sí, se puede. Bogotá tuvo la suerte de contar con tres excelentes alcaldes sucesivos; de partidos diferentes, ninguno de ellos tuvo durante su mandato ambiciones presidenciales, a diferencia de los tres últimos nuestros.
    El PRD ejerce el poder en el DF desde tres sexenios, sin haber logrado gran cosa, precisamente porque piensa sólo en la Presidencia de la República. A Marcelo Ebrard le quedan cuatro años para olvidar la presidencia y hacer el milagro.

    jean.meyer@cide.edu
    *Profesor investigador del CIDE