"En verdad sorprendió que ciertos políticos se hubieran indignado porque el titular de la Sedena haya dicho que el Ejército mexicano actúa con transparencia y tiene como piso la legalidad y como techo la lealtad al Ejecutivo federal, electo medi"
SUGEY ESTRADA / JESÚS LÓPEZ / HUGO GÓMEZ
Irrita lealtad militar
Mañana, que es el Día del Ejército, de nuevo la atención estará puesta en la persona del Secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, para ver qué dice sobre lo que está pasando en algunas entidades federativas como Baja California, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Nuevo León y Tamaulipas, así como otras cuestiones de carácter social o político, tal y como ya lo ha hecho en ocasiones anteriores.
Lo mismo ocurrirá con lo que el Presidente Felipe Calderón Hinojosa manifieste acerca de las Fuerzas Armadas y su desempeño en las distintas comisiones que tienen asignadas, algunas altamente prioritarias para el país y que ponen de manifiesto el peso que tiene el instituto armado en el Gobierno de Felipe Calderón.
Lo más probable es que otra vez lo que exprese, o calle, el General Galván será motivo de críticas desfavorables, o hasta de polémicas, como sucedió el pasado 9 de febrero, en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, con motivo del 94 Aniversario de la Marcha de la Lealtad, llamada así porque, al iniciarse el pasaje histórico de la Decena Trágica de 1913 y en vísperas del cuartelazo de Victoriano Huerta , los alumnos del Heroico Colegio Militar escoltaron al Presidente Francisco I. Madero desde la que entonces era la residencia presidencial a Palacio Nacional.
Las críticas citadas tuvieron lugar, aun cuando suene ilógico, porque a ciertos comentaristas y personajes políticos les molestó que el titular de Sedena reiterara su lealtad al Presidente de la República, es decir, a la institución presidencial.
Implícita y explícitamente esa fue la intención del general Galván en su alocución del acto conmemorativo de la Marcha de la Lealtad, lo cual, según algunos analistas, era obligado hacerlo, en primer lugar porque, al contrario del desprecio que, para este episodio ejemplar, se puso de manifiesto durante el mandato de Vicente Fox, los mexicanos no pueden olvidar a los cadetes de 1913 que en los momentos de crisis y confusión no dudaron en defender la legalidad constitucional y las instituciones republicanas.
En segundo lugar, también era necesario que el Ejército dejara en claro cuál era su posición y grado de compromiso tanto en la lucha contra el crimen organizado, como ante quienes, mediante la subversión y la alteración de la paz social, han tratado de sembrar el caos y la ingobernabilidad, como empezaba a suceder en Oaxaca, imaginándose una debilidad política del Presidente de la República.
Apego a la legalidad
Precisamente, el titular de Sedena dijo que la legalidad del comandante supremo de las Fuerzas Armadas "reside esencialmente en el fallo de las instituciones y éstas han sido contundentes", por lo cual ratificó la lealtad de los militares a Felipe Calderón.
"El Ejército, sostuvo, no es quien avala la razón de la voluntad popular, somos una más de las instituciones que operan para que los derechos de todos los mexicanos sean una realidad creativa y permanente".
Como parte de las reacciones en contra del citado discurso del general Galván, se consideró que éste exagera al atribuir a las Fuerzas Armadas la lucha por la democracia, lo cual no fue manifestado de esta manera por el general de cuatro estrellas, aunque de todos modos algunos legisladores federales le demandaron moderación y sensatez, pues consideraron exagerada la declaración que atribuye a los militares el sostenimiento de las libertades democráticas y la paz social.
Para el Diputado priista Carlos Rojas Gutiérrez, fueron excesivos los planteamientos de GGG, porque si bien los militares son parte de las instituciones que han conformado a México como nación, el resto de los participantes en ese proceso histórico tienen un valor similar, y por tanto son un tanto exageradas las declaraciones del general; trabajadores, maestros, médicos, soldados y amas de casa son tan importantes unos como otros, y por tanto "no creo que nadie desmerezca el sitio que tiene otro en la historia de México".
Posición de panistas
En cambio, para el legislador panista Martín López, el instituto armado sí se ha convertido en el sostén democrático del país porque ha contribuido a evitar que los mexicanos caigamos en el círculo vicioso de la violencia.
Asimismo, indicó que si bien la nación mexicana se ha caracterizado por no ser belicista ni desarrollarse en un estado de guerra, la presencia de las Fuerzas Armadas coadyuva con más razón a la estabilidad interna; incluso debería abrirse la posibilidad para que los que integran el cuerpo militar participen más abiertamente en política.
También el vocero del grupo legislativo del Revolucionario en San Lázaro, Enrique Benítez, asentó que el país ha sido construido por todos los mexicanos; de ninguna manera sólo el Ejército ha construido la paz social, y mucho menos la democracia; es una lucha de todos los sectores; México, añadió, se ha caracterizado por tener instituciones fuertes, entre ellas, las Fuerzas Armadas.
Mas, prosiguió, "arrogarse la construcción de la democracia, la soberanía y la paz es un explícito desconocimiento de las contribuciones del resto de los sectores, que junto con el Ejército y, del mismo modo, han luchado a lo largo de la historia para edificar lo que somos; creo que debemos moderar el lenguaje y las apreciaciones, tanto desde la oposición política como desde el gobierno federal".
Realidad esquemática
Por su parte, el perredista Adrián Pedroso anotó que los medios militares están viendo de manera muy esquemática la realidad, porque no tiene posibilidad de hacer un ejercicio crítico sobre lo que ocurre en el país; "la cúpula de los militares no quiere darse cuenta de lo que ocurrió en el proceso electoral de 2006, y menos aceptar que Felipe Calderón Hinojosa es seriamente cuestionado por la mayoría de la población, ya que por él sólo votó el 34 por ciento de los mexicanos, y el resto lo hizo en contra".
También el legislador del sol azteca consideró que el endurecimiento del discurso del titular de la Sedena obedece al respaldo que Calderón ha emprendido, tanto en el terreno del discurso como en el de los recursos económicos a favor de las fuerzas armadas.
"Ojalá que éstas puedan distinguir el momento tan grave que está atravesando el país; reclamamos del General Galván una postura sensata; obviamente no pretendemos que haya partidización de los integrantes de ese sector, pero sí que haya sensatez", concluyó.
Contra el militarismo
Así, tras refrendarse la lealtad de los militares con las instituciones de gobierno, y por las reacciones que hubo en determinados círculos, resulta que en estos momentos hay en México quienes desean o quieren que el Ejército y la Marina no se subordinen a su comandante supremo, y como eso es muy remoto que ocurra, ciertas minorías no ocultan su irritación y hasta coraje.
Dicha actitud, en principio y a juicio de los expertos, podría verse como una reacción de quienes exigen que en nuestro país imperen las instituciones civiles y ciudadanas, en lugar de la autoridad castrense; porque, sostienen de no ser así, tendría lugar un retroceso a etapas que México ya recorrió y que no fueron las más apropiadas para la democracia y los derechos humanos.
Tal posición, si fuera el caso, resultaría comprensible porque es de sobra conocido lo que han sido las dictaduras militares en América Latina y, obviamente, no son deseables para nuestro país, sobre todo porque las referidas dictaduras, en no pocos casos, son producto de la traición a un Presidente electo por los ciudadanos.
Por lo anterior, y otras razones que es largo enumerar, pero fáciles de vislumbrar, a nadie en su sano juicio se le ocurriría decir que hace falta la mano dura o autoritaria de una dictadura militar para solucionar los problemas que ahora agobian a la nación, porque los regímenes civiles o ciudadanizados no han podido abatir los rezagos sociales, políticos, económicos y culturales.
Afortunadamente, si alguien piensa algo así en la intimidad, no lo dice en público porque haría el ridículo; además, lo que es de doble fortuna, no hay indicios y menos condiciones para que vaya conformarse un gobierno militar, sobre todo porque las Fuerzas Armadas de manera permanente han dado pruebas de su institucionalidad y apego a los ordenamientos constitucionales.
Debido a ello, no hay bases como para afirmar que las tesis de un discurso del titular de Sedena tengan como finalidad sensibilizarnos o prepararnos para el advenimiento de una dictadura que acabe con el actual régimen de partidos y con el sistema electoral cuya base es el voto libre, universal y secreto.
Apoyos de Calderón
Efectivamente, no hay bases como para pensar en que puede gestarse la militarización de México, aun cuando, como lo advierten los especialistas, el Presidente Calderón haya apoyado sus primeras acciones de gobierno en las Fuerzas Armadas, y por lo mismo los partidos y legisladores de oposición lo están acusando de "autoritario".
Hasta los primeros días de enero, el Presidente Calderón había presidido 18 encuentros relacionados con el Ejército, la Marina y la Secretaría de Seguridad Pública; incluso, como parte de sus acercamientos con las FFAA, algunos analistas han traído a colación que el pasado 3 de enero Calderón Hinojosa les dijo a los militares que había querido comenzar "las actividades del 2007 con ustedes, compartiendo el pan y la sal, compartiendo el rancho, como se dice en la jerga militar, expresándoles en nombre de todos los hombres y mujeres de México un merecido reconocimiento a su labor". (Noroeste, 7 de enero de 2007)
Pero, nos dicen los especialistas, son los cuestionadores de siempre y que usan sus puyas y venenos para tener presencia en la arena nacional y, dentro de la misma práctica, ahora la toman en contra del titular de la Defensa y el Ejército, sin tomar en cuenta que las Fuerzas Armadas no son instituciones políticas, y sí parte sustancial e insustituible para la recuperación del país.
Sin embargo, aunque es así, a determinados segmentos de la clase política les molestó que el General Galván afirmara, como ya se dijo, que "el Ejército no es quien avala la razón de la voluntad popular, somos una más de las instituciones que operan para que los derechos de todos los mexicanos sean una realidad creativa y permanente".
Escrutinio permanente
Y como para adelantarse a sus críticos, el mismo secretario de la Defensa sostuvo en su mismo discurso que "en una sociedad democrática abierta y plural, estamos sometidos al escrutinio permanente de los ciudadanos más sencillos o de las inteligencias más agudas. El Ejército está abierto para todos quienes quieran conocer nuestra realidad".
"Las Fuerzas Armadas, agregó, robustecen al Congreso de la Unión, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al Poder Judicial"; "en su conjunto, hacen sólida a la sociedad y a sus esmeros y fortalecen al Poder Ejecutivo"; "no somos algo aparte del ciudadano Presidente de la República; él es parte de nuestras Fuerzas Armadas en su condición institucional de Comandante Supremo y nosotros somos parte del poder que encarna y representa. Así lo establece nuestra Carta Magna en su artículo 89".
Asimismo, hizo notar que "quienes desearían ver a un Presidente distanciado de sus Fuerzas Armadas, no miden los alcances de su esquema. Este vínculo institucional es y debe ser indisoluble para la salud de la República".
Y para que no quedaran dudas sobre lo que estaba diciendo, GGG destacó que "no es difícil suponer la gravedad del riesgo en el que país caería si las Fuerzas Armadas no ponen todo de sí para respaldar al jefe del Ejecutivo Federal, apoyo que es también indispensable de las demás trabes fundamentales de la vida institucional".
Sin avales autoritarios
Derivado de la trayectoria del instituto armado, desde, por los menos, los tiempos del Presidente Lázaro Cárdenas y el conflicto con el general Plutarco Elías Calles, es una constante que las Fuerzas Armadas no otorgan avales autoritarios ni buscan arribismos anticonstitucionales, porque jamás han constituido una amenaza para la sociedad a la cual sirven.
Consecuentemente, consideran los especialistas, el poder del Ejército no está en sus armas, sino en su indeclinable condición de lealtad y legalidad, así como en el conocimiento exacto de los grandes problemas y carencias del país, y la información de los que atentan de mil maneras en contra de la Nación.
Añaden que los militares también reconocen que la democracia es un bien deseable, pero la alimentación, la vivienda, la educación, la salud y, hoy más que nunca, la seguridad, la paz y el bienestar social son indispensables para la supervivencia de la nación.
Políticos pachones
De aquí que, en verdad, haya llamado la atención que políticos pachones o de medio pelo se hubieran indignado porque el portavoz de las Fuerzas Armadas sostuviera que el Ejército actúa con transparencia, y tiene como piso la legalidad y como techo la lealtad.
Acaso, preguntan los estudiosos, quieren que las tropas, así como sus mandos medios y superiores, sean desleales y hasta traidores; creen acaso que estaríamos mejor con otro Victoriano Huerta o con un importado Augusto Pinochet.
Más bien debe ser motivo de tranquilidad social que las Fuerzas Armadas tengan y mantengan, como guía de sus acciones, a la luz del faro que se nutre con las aspiraciones democráticas, de educación, independencia, justicia, seguridad pública, salud y empleo, por mencionar algunas de las sentidas y reclamadas por los mexicanos.
Esperemos que, relacionado con lo planteado antes, al analizar lo que mañana se diga y declare con motivo del Día del Ejército se haga a un lado la vocación de linchadores que tienen no pocos actores y líderes políticos, y en su lugar se impongan la sensatez y la objetividad que le han exigido, entre otros, al general Guillermo Galván.