Sugey Estrada/Hugo Gómez
La distinción entre ser y tener ha sido abordada por muchos autores. Basta recordar a Gabriel Marcel, Balthasar Staehelin y Erich Fromm, quienes analizan este equilibrio o disyuntiva desde varios acercamientos: filosófico, teológico, constructivista, sicológico, social.
El tener es connatural al ser; para realizarse, el ser necesita tener. Tenemos un cuerpo, pero somos algo más. El tener se amplía a posesiones materiales y es factor importante en el desarrollo sicológico del niño, le ayuda a individualizarse y a adquirir seguridad en su proceso evolutivo.
Sin embargo, no es positivo que en etapas posteriores el individuo se apegue excesivamente a sus tenencias y formen ya parte de su personalidad, además de convertirse en el rasero con que clasifica y cataloga a las demás personas. La pregunta ya no es, como en aquella canción de Nelson Ned, ¿quién eres tú?, sino ¿cuánto tienes tú?
En efecto, se logra una identificación de lo que se tiene con lo que se es y se dificulta la convivencia, pues no se tiene la misma vivencia del otro. Incluso la propiedad privada, cuando se vive a ultranza, puede privar de la convivencia con los demás.
En sociedad, el tener concede a los seres humanos importancia, poder, prestigio, fama, seguridad y los hace sujetos de admiración. No obstante, aunque el tener promete el paraíso de la felicidad, quienes se apegan a sus bienes o posesiones pueden terminar frustrados o fracasados. El propietario se convierte en esclavo y el acariciado sueño de ser dueño se esfuma en la irrealidad.
Es muy importante lograr el equilibrio entre el tener y el ser. Erich Fromm señaló que no teniendo nada era muy difícil ser, pero teniendo mucho, casi imposible.
¿Prefiero ser más y tener menos, o ser menos y tener más?
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@rodolfodiazf