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"Una Segunda Opinión"

"Gastar como adicción"

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LAS ALAS DE TITIKA
22/06/2009 00:00

    Impuestos y creatividad

    Me imagino que una buena cantidad de personas recuerdan con una sonrisa en la boca la existencia de impuestos a las ventanas, que diversos gobernantes en varias partes crearon para hacerse de más dinero.
    Era un impuesto a los ricos: sus casas tienen más ventanas y, por tanto, pagan más.
    Eso era en tiempos idos, ¿o no? Ya no existen esos abusos, se pensará, resultarían ridículos.
    Efectivamente, ahora la cosa es peor. Ahora no se ponen impuestos a las ventanas, se le coloca un impuesto a todo: si usted trabaja, paga impuestos; si usted ahorra, también los paga; y si usted gasta, por supuesto que los paga.
    Un ejemplo reciente, por supuesto en los Estados Unidos, donde su Gobierno gasta más de lo que recibe y debe encontrar maneras de financiarse, si fuese una empresa, estaría en una condición peor que la de General Motors.
    Existe una propuesta de acumulación de impuestos personales realmente pintoresca.
    Digamos que usted trabaja en alguna empresa de ese país y que ella le da a usted un teléfono móvil para hacer mejor su trabajo y mantenerlo atado durante todos los días a toda hora.
    En fin, usted tiene ese teléfono celular y el Gobierno piensa que usted va a usarlo a veces para propósitos personales, como avisar en casa que el jefe ha convocado a una reunión a las 6 de la tarde y que llegará retrasado.
    Los burócratas creen que más o menos una cuarta parte del costo del teléfono es de uso personal y si se salen con la suya, tendrá usted que considerarlo como un ingreso acumulable en su declaración de impuestos.
    Si quiere evitarlo, tiene el recurso de hacer un trámite y demostrar que usted no tiene a quien llamar fuera de la oficina, o que tiene otro teléfono personal propio.
    Piense usted en lo ridículo que es esto viendo la otra opción, la de una empresa que lo contrata y el ofrece un cierto sueldo, el que sea.
    En una conversación con el director de recursos humanos, él le dice a usted que su sueldo comprende ya una serie de cosas, como el uso de una cuarta parte del tiempo de su teléfono para uso personal, 3 tazas de café por las mañanas y 3 por la tarde, más azúcar y crema, más uso de tazas.
    Comprende además, hojas de papel y lápices para hacer notas personales, tiempo de computadora, Internet y teléfono fijo para ver el resultado de algunos partidos de futbol, hablar a su casa y conocer algunas noticias, más chatear con gente fuera de la oficina.
    Tiempo para bromas y conversaciones en los pasillos de la empresa, bolígrafos para llevar a casa, copias de documentos personales, diversión con tragos en las fiestas de la empresa y otras cosas más.
    La suma de todas esas prestaciones de empresa, se descuentan de su sueldo porque son dadas en especie, y su ingreso neto real es entonces el 65 por ciento del sueldo nominal.
    Esa es la manera en la que actúa un Gobierno cobrando impuestos. Lo que le reprobaríamos a una empresa, es lo que hace la autoridad.
    Lo fascinante de hacer esto es que es otra vía, un tanto invisible, de socialismo. Si uno va a un libro de texto cualquiera, el socialismo está definido como la propiedad estatal de los medios de producción.
    Pero es este socialismo invisible, ya no hay necesidad de que el Gobierno se apropie legalmente de los medios de producción.
    Ahora se apropia de esos medios y de las personas que trabajan: deja que ellos trabajen y se esfuercen y una vez que han logrado cosechar el fruto de su empleo, piden una parte importante.
    ¿Cómo justifican pedir esa parte del ingreso ajeno? De dos maneras. Una es razonable y justificada: con ese dinero se pagan policías, jueces, registros de propiedad, y servicios y bienes públicos.
    Pero la otra es irracional e injusta: el Gobierno pide dinero que gasta a su antojo y placer, en lo que él considera que le conviene y con escasa rendición de cuentas.
    Los ejemplos sobran. En las actuales elecciones mexicanas, una buena parte de los candidatos hacen promesas como otorgar becas universitarias, elevar pensiones, bajar precios de gas, agua y otras cosas, tener transporte público gratuito.
    La maravilla de eso es que usarán el dinero de impuestos, el de usted, para hacerlo.
    No extraña, por tanto, que se creen impuestos absurdos. Es tal el placer de gastar que el político padece que hará todo para tener esa droga.

    eduardo@contrapeso.info