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"Editorial"

"Julio Berdegué"

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23/04/2007 00:00

    La muerte de Julio Berdegué, ocurrida la noche del viernes, ha entristecido al mundo empresarial y a la sociedad mazatleca.
    Será recordado, sin duda, como uno de los grandes hombres de negocios de México, de Sinaloa y de Mazatlán, que destacó en las industrias pesquera y turística debido a su gran visión empresarial.
    Berdegué, sus padres y su hermana llegaron a Veracruz en 1939 como refugiados durante la Guerra Civil Española. En ese puerto, a su familia y a otros expatriados de España el pueblo les dio alimento, alojamiento y hasta dinero para que se trasladaran a la capital del País.
    Detrás de la solidaridad con los exiliados españoles estaba el entonces Presidente Lázaro Cárdenas, a quien, a modo de agradecimiento, Berdegué le levantó una estatua en el Fraccionamiento El Cid.
    Aunque nació en España, en 1931, se naturalizó mexicano a los nueve años de edad. En su juventud se inclinaba más hacia la investigación marina que hacia los negocios.
    Tenía grado profesional en biología marina por el Instituto Politécnico Nacional y maestría por la Universidad de California en Los Ángeles.
    Llegó a Sinaloa en 1957 para hacer un estudio sobre el cultivo del camarón en los esteros de Escuinapa. Empezó a hacer sus pininos como administrador en la empacadora de esa ciudad, luego lo hicieron gerente de la pesquera de Topolobampo.
    Aprendió administración de empresas en la práctica.
    "Nunca estudié para empresario, eso fue saliendo poco a poco a lo largo del camino", recordó muchos años después.
    Es en Mazatlán donde se inicia su actividad en el campo de la pesca con la compra de un barco. El negocio fue creciendo y luego adquirió varios barcos, llegó a tener una congeladora en Mazatlán, camiones refrigerados y una bodega de productos congelados en Nogales.
    Cuando su empresas estaban en expansión, el Gobierno federal obligó a los industriales pesqueros a vender sus activos para entregarlos a las cooperativas, y el producto de esa venta Berdegué lo invirtió en Mazatlán en el negocio del turismo, un campo nuevo y desconocido para él.
    En esta nueva aventura, Berdegué no sólo salió adelante, sino que destacó como uno de los grandes hoteleros de México, gracias a su capacidad para innovar y proyectarse lejos.
    Para muchos empresarios, la historia del turismo en Mazatlán se divide en antes y después de El Cid, el complejo hotelero fundado por Berdegué en 1972.
    Se le recordará como un hombre superdotado para los negocios y un defensor incansable de la conservación de los "picudos", las especies marinas reservadas para la pesca deportiva.
    Fue un hombre polémico en muchos sentidos, pero nadie podrá dudar de su respeto y amor por Mazatlán, de su visión y su gran sentido de la oportunidad en el ámbito de los negocios, como tampoco de su compromiso con las bellas artes y la filantropía, pues fue un gran promotor de la cultura y filántropo por excelencia.