"La calificación es juzgar el grado de suficiencia o la insuficiencia de los conocimientos demostrados por un alumno en un examen o ejercicio"
Jesús González Schmal*
Sin debatir por el momento en técnicas y herramientas de evaluación como tales con sus características, rúbricas y variables que interfieren en un adecuado proceso objetivo y confiable que bien vale la pena dedicarle su propio espacio, mi objetivo es reflexionar sobre el mensaje oculto que envuelve el tema de la calificación escolar entre padres e hijos.
La calificación es juzgar el grado de suficiencia o la insuficiencia de los conocimientos demostrados por un alumno en un examen o ejercicio, es el esfuerzo para alcanzar objetividad a la retroalimentación del aprendizaje, sin obstar, creo que en algunos casos esto se ha desvirtuado a un número que el padre de familia exige a como de lugar, un promedio que debe cuidar para ser "alguien en la vida", tal vez un número que ayuda a mantener una beca o la satisfacción oculta de un padre frustrado por no haber logrado sus anhelos.
Estudios de décadas nos demuestran que la calificación no es garantía del futuro profesionista, que el alumno de dieces llamado vulgarmente como "ratón de biblioteca" debe de desarrollar habilidades que demanda la competencia internacional, su personalidad, eficacia y eficiencia en el trabajo colaborativo, asertividad, habilidades de negociación, valores universales, etcétera.
En el proceso de experiencia aprendizaje, lo ideal es que el alumno desarrolle tales habilidades, actitudes y valores. Sin embargo, como muchas de las cosas cotidianas cometemos la paradoja de enfocarnos al fondo y no a la figura, en lugar de ser una retroalimentación que nos ayude a explicar fortalezas y áreas de oportunidad, lo vemos como un acto personal de parte del profesor y juzgamos como injusta la evaluación.
Dependiendo de la institución, es la forma en la que se pide, pasa por regalar el kilo de camarón, la botella de whisky, el billete, el chantaje sentimental, hasta los que en tintes de bromas quieren "sacarle sangrita" a la revisión del examen para verificar por octava vez si se me pasó calificar adecuadamente alguno de los reactivos.
Tras cumplir 15 años de docencia noto que para el alumno escada vez más común el recurrir al regateo de calificaciones; la situación no para con los sobornos entre broma y broma o directo a ver si pega el chicle, sino que se ven reforzados con actitudes de padres de familia que llegan con la espada desenvainada a defender la injusticia de "haberles reprobado a su angelito estudioso".
Algunos chicos realmente se preocupan por llevar un récord total y obsesivamente limpio, a pesar de tener el 100 por ciento esperan horas para saber el por qué de cierta cruz en el examen, pudiera compartirles muchos casos de alumnos de 15 o 16 años con úlceras y gastritis debido a la preocupación de mantener en excelente promedio, los que llegan hasta las lágrimas por tener 9 de calificación, y otro grupo que se escuda hábilmente en el chantaje y cinismo apoyados por sus padres tratan de poner en jaque al profesor como el injusto del cuento.
Les compartiré un caso de la vida real que me sucedió hace ya bastantes años:
La chica "c" antes de expresarme su inquietud por haberse sacado 9.9, se desvaneció en el pasillo y llamaron a sus papás que vivían en un municipio cercano a Mazatlán, llegaron como bólidos pidiendo cita urgente con el director del plantel, por desgracia del drama desbordante no lo encontraron y a solicitud de la asistente fueron forzados a hablar conmigo invirtiendo 2 horas a escuchar las cualidades actorales, morales y señales de excelente hija víctima de mis perversas frustraciones personales. La materia era relación humana y los padres argumentaban que su hija era una buena persona y que no se merecía menos del 100 por ciento de la calificación, por más que intenté explicar que la décima tuvo que ver con la rúbrica por errores ortográficos y de estructura de su trabajo, y nada que ver con sus cualidades personales, sus papás casi lloraban junto con la alumna exclamando la injusticia pues su hija es niña que siempre se ha sacado excelentes.
Tras la impotencia y frustración de no podernos entender, ellos con el argumento de la injusticia de haber juzgado a su hija como mala persona y yo mostrando la rúbrica y el objetivo de la materia, el padre quien por cierto es mi colega se fue despotricando contra mi incapacidad, la mamá terminó avergonzada y la niña con una sonrisa de gozo por toda la ganancia secundaria ante el alboroto que armó en la Institución.
¿Encuentras algunos dobles mensajes en esta situación?
Viéndole el lado amable a los que regatean, puedo comentar que algunos logran desarrollar la habilidad de negociación, sin embargo, a veces el desgaste emocional es mayor al tiempo invertido en su estudio.
¿Realmente al alumno le está interesando vivir el proceso de aprendizaje? O simplemente ¿cumplir con resultados?
¿Cuánto vale la calificación de tu hijo?, ¿una úlcera o gastritis, un acordeón, un billetito?
Comentarios o sugerencias: nogll@hotmail.com