"La guerrilla de Marcos tiene mucho más de tinta y papel que de balas y armamentos."
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La guerrilla de papel de Marcos En el mundo de la información, la reaparición del subcomandante Marcos ha generado turbulencia. Es importante hacer referencia al hecho, pues está ligado a la problemática existente entre los distintos bloques que conforman la izquierda mexicana. Como el resto del mundo, México cuenta con diferentes vertientes de la izquierda, que se están integrando. La más importante de ellas es la que trata de aparecer como heredera de una lucha en la que se reivindican, por encima de muchas otras cosas, los derechos de las sociedad, particularmente de los pobres y miserables. La izquierda se autonombra como defensora de este núcleo social. Conformando un grupo más pequeño, aunque influyente al interior de algunas universidades públicas mexicanas, existe un núcleo aferrado a las viejas categorías del marxismo que dice, abiertamente, que "el hombre contemporáneo puede olvidarse de la dialéctica, pero la dialéctica no se olvidará de él"; dando por supuesto que, en esta inevitable lucha de clases tendrá que resurgir y convocar a los hombres a matarse mutuamente para crear un idílico estado de perfección posterior. Estos núcleos son cada vez menos, y no son privativos del esquema político mexicano; posiblemente sean representativos de la izquierda latinoamericana, en la que existe un rechazo sistemático a al aceptación de la realidad. La ideología permite, a quienes defienden estas teorías, refugiarse en construcciones mentales que para ellos son garantía de que la realidad nunca podría triunfar. Marcos se encuentra ubicado como un eslabón entre unos y otros, con una dinámica que se orienta más hacia el marxismo que a la ´nueva izquierda electoral y democrática´. Cuando Marcos aparece el 1 de enero de 1994, declara la guerra al Estado mexicano y a su ejército, haciendo afirmaciones y convocatorias en las cuales, de principio a fin, no hay una sola referencia al mundo indígena. Es decir, el factor que hoy muchos pretenden atribuirle a Marcos como el que le da su identidad, en sus orígenes ni siquiera estaba contemplado. Marcos proponía en aquella época, resolver el problema de las diferencias sociales en el país mediante una guerra de confrontación armada, en la que daba por supuesto que el Estado y el Ejército mexicanos eran representantes del Neoliberalismo que pretendía echar a andar el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. Marcos representa la vertiente que se niega a aceptar que nuestro país necesita un crecimiento económico mayor para lograr resolver los grandes atrasos que en el orden social se mantienen. Esto significa que Marcos nunca estará de acuerdo en la construcción de carreteras, la creación de alternativas de desarrollo para los pueblos marginados o de márgenes de participación que vayan dando capacitación y posibilidad de entender el entorno para formar una opinión pública ilustrada. Marcos sigue pensando en el México que existía en los años 20, que sólo se da en su mente pero que pretende absolutizar. Supone que en el país existe una enorme masa humana ´consciente de la explotación´ y por lo tanto está dispuesta a lanzarse armada a las calles, para pelear contra sus opresores. Este panorama, discutible para 1920, en el año 2005 resulta no sólo anacrónico sino inventado. Por lo tanto, su argumentación en relación con la respuesta de las grandes masas populares se ha visto traducida en una situación en la que sus simpatizantes se han reducido a núcleos muy pequeños en algunos estados. Al inicio del Gobierno del Presidente Fox, Marcos anunció la famosa ´gira´ de los guerrilleros. Muchos ciudadanos protestaron porque Fox le diera a Marcos esta oportunidad, los que se oponían estaban convencidos de lo que decía Marcos. Estaban seguros de que si el personaje salía a la calle, multitudes impresionantes saldrían detrás de él, convirtiéndose en el ariete que echaría abajo al nuevo gobierno. No ocurrió así. Con buen tino, el gobierno permitió que hubiera un periplo de los grupos guerrilleros, en el que si atendemos a La Jornada y revisamos el itinerario de Marcos, resulta que el subcomandante, a lo largo de su trayectoria, llegó a reunir (según este periódico) 200 mil personas; por lo que podemos afirmar que sus seguidores no pueden hablar de una mayoría de la población simpatizando con él. Lo que llama la atención es la manera en que algunos editorialistas interpretan los acontecimientos. Entre ellos, sorprende el texto de Manú Dornbierer, que sólo puede explicarse en el odio visceral que Manú ha desarrollado contra el Gobierno de Vicente Fox. Señala Dornbierer en su artículo publicado por el periódico Monitor del 25 de junio de este año, titulado "Marcos, errores tácticos ajenos": "El subcomandante Marcos puede definirse como un gobernante militar insurgente de una importante región de Chiapas, pletórica de petróleo, uranio y de otros codiciados tesoros y paradójicamente paupérrima, por lo que está siempre amenazada. "A ese hombre inteligente, atractivo y culto, México le debe su despertar ciudadano de 1994. La sociedad civil, miles de entusiastas páginas, mucha diversión y el fantástico hipercamping de Aguascalientes, el periódico La Jornada, el mote de ´Ocosingo Time´, las señoras de sociedad empezando por Margarita López Portillo, que le dedicó una oda, que hay que ver muchas titilaciones; los indígenas, su exposición en internet y la simpatía internacional; el Ejército y la antipatía popular". Al revisar este párrafo, nos damos cuenta de que entre lo que Manú Dornbierer dice y lo que la realidad presenta hay un abismo que resulta insondable. Escribe: "Marcos gobierna en Chiapas", pero ¿en dónde lo hace? Es cierto que ha habido algunos intentos de crear estos municipios independientes que se han dado en llamar Los Caracoles; pero de ahí a pensar que haya un gobierno, significaría que cuentan con una estructura capaz de resolverle sus necesidades a los que están bajo este hipotético gobierno. Todo indica que Marcos es un guerrillero, no un gobernante; hablar de que es un gobernante militar insurgente es insultar a la inteligencia de los mexicanos, que nos damos perfecta cuenta de que este hombre no gobierna y si de algo carece su movimiento es de expresión militar. Todos los movimientos guerrilleros que en los años 60 y 70 ocuparon algún lugar en la historia llevaron a cabo hechos bélicos de distinta magnitud y resultados. Recordamos a los integrantes del Ejército Republicano Irlandés (IRA) o el Ejército Rojo de los japoneses por las acciones que llevaron a cabo. ¿Qué acción militar efectuó Marcos aparte de los días en los que, teóricamente, desafiaba al Estado y Ejército mexicanos en una lucha definitiva para tratar de imponer su realidad? La ´tabla de salvación´ que para Marcos significó la intervención de Manuel Camacho Solís y diversos grupos políticos, conscientes de que la famosa guerrilla no duraría 5 días más frente al Ejército, ha sido la razón por la que este personaje ha sobrevivido; lejos de ser un gobierno y poco identificado con una guerrilla. Con el ´disfraz´ cualquier persona que se retrate en un jardín acabará convertido en ´gobernante guerrillero militar´. Manú Dornbierer habla de una realidad: Chiapas, en donde hay petróleo, uranio y al mismo tiempo, pobreza. Cuando recordamos la entrevista hecha al subcomandante Marcos a través de la televisión, quedamos perplejos, pues no se presentó como el hombre inteligente y visionario que se supone es. Según Dornbierer, México le debe a Marcos el despertar político de 1994, cuando el personaje se pronunció en contra de las elecciones de ese año y prácticamente fue uno de los promotores de la no participación electoral; puesto que si la gente votaba, significaría la cancelación automática del proyecto que él manejaba. Se debe releer el texto de Marcos, donde no hay una sola referencia a la participación democrática; es un llamado a la confrontación. Manú Dornbierer, en el resto del párrafo que hemos citado, mezcla verdades con suposiciones y hasta con invenciones. Varios de los hechos que relata son ciertos, pero como si fueran relatados desde la perspectiva del periódico La Jornada, pues no tienen la dimensión que ella pretende darles. Sin duda, hay muchos puntos que, vistos con objetividad resultarían discutibles. En lo que tiene la razón es en hablar de ´los miles de páginas´. Este es el gran soporte de Marcos. Su guerrilla no es una que se manifieste y participe en escaramuzas en la selva chiapaneca; está conformada por individuos que se sientan detrás de una máquina de escribir o de una computadora y comienzan a enviar mensajes electrónicos a aquellos grupos que le hacen ´el caldo gordo´ a este tipo de organismos y los presentan con núcleos con una gran respuesta, integración y comprensión en el mundo entero. La guerrilla de Marcos tiene mucho más de tinta y papel que de balas y armamentos. En este sentido, Manú Dornbierer olvida el modelo que Marcos ha venido manejando. Marcos ha generado una serie de expectativas que después deja frustradas. Cuando terminó la famosa marcha del inicio del Gobierno de Vicente Fox, él había ofrecido que habría una reunión con el Presidente en la que se plantearían los términos para establecer la paz en esa región de Chiapas, porque ni siquiera es todo el estado. El Presidente cumplió con su palabra, pero Marcos no. Para aquellos que dicen que Fox no resolvió en 15 minutos el problema habría que recordarles que dijo explícitamente: "en 15 minutos si hay voluntad del otro lado", que es lo que mutilan los escritores al abordar el tema, cuando en la realidad este es un punto fundamental. Marcos no ha mostrado la buena voluntad para llegar a un entendimiento; se ha refugiado en la selva, aunque muchas personas saben que no vive ahí y que ha ido a viajar a Europa. Regresa únicamente para una fotografía o un reportaje y nos manda interminables e incomprensibles cartas. Esto es lo que ha hecho Marcos de 1994 al día de hoy. ¿Por qué surge ahora? La respuesta la podría dar Andrés Manuel López Obrador. La aparición de un tipo de liderazgo diferente, que encarnaría en el modelo de la izquierda democrática participativa ha provocado en Marcos una reacción inmediata. Ahora, dice Andrés Oppenheimer, lo que Marcos está intentando es ´reencarnar como político clandestino enmascarado y pretender darle vida artificial a la guerrilla´. En un momento como el que estamos viviendo no habrá muchas alternativas para un esquema como el de Marcos que llegó muy tarde con un proyecto demasiado viejo.