Héctor Tomás Jiménez
Los seres humanos vivimos en una constante y permanente situación que se manifiesta en estados de ánimo, algunas veces con euforia de felicidad y alegría, otras más con tristeza y soledad y entre estos dos extremos, un sinnúmero de situaciones que muchas veces no alcanzamos a explicar plenamente. Sin embargo, para todos los hombres de fe, no hay duda que Dios está presente en cada uno de los actos y situaciones de nuestras vidas, desde el momento de nuestro nacimiento, hasta el día de nuestra partida final, pues es él quién regula todos nuestros estados de ánimo.
Muchos de estos estados de ánimo o situaciones, se presentan de manera inesperada y la verdad sea dicha, aun con la fe a cuestas, algunas veces fallamos y creemos que Dios nos abandona, cuando en realidad es él quién mueve los hilos de nuestra existencia.
Veamos por ejemplo: Desde hace un par de días recreaba en mi mente el tema de esta colaboración con la idea de dar testimonio de algunos sucesos que cuando no puedo resolverlos o que no es momento para hacerlo, dejo en manos de Dios las cosas para que sea él quien guíe mis pasos. Y el mismo día viernes, por la tarde, abrí mi correo y encontré la agradable sorpresa de un e-mail de un viejo amigo. Este e-mail, traía como anexo un archivo con el título: "La presencia de Dios", el que abrí inmediatamente y encontré un agradable y alentador mensaje que les transcribo casi en su totalidad.
El mensaje dice así: "¿Alguna vez te has sentado por ahí y de repente sientes deseos de hacer algo agradable por alguien a quien le tienes cariño? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que te habla a través del Espíritu Santo! ¿Alguna vez te has sentido tan cansado de todo, al grado de querer morir y de pronto un día sientes que tienes la suficiente fuerza para continuar? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que te cargó en sus brazos para darte descanso! ¿Alguna vez te has sentido derrotado y nadie parece estar alrededor tuyo para hablarte? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que quiere hablar contigo! ¿Alguna vez has estado pensando en alguien a quien amas y no has visto por largo tiempo y la próxima cosa que pasa es verlo o recibir una llamada de esa persona? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que cumple tus deseos! ¿Alguna vez has recibido algo maravilloso que ni siquiera pediste? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que es quien mejor conoce los secretos de tu corazón! ¿Alguna vez has estado en una situación problemática y no tenías indicios de cómo se iba a resolver y de pronto todo queda resuelto sin darte cuenta? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que toma los problemas en sus manos para darles solución! ¿Alguna vez has sentido una inmensa tristeza en el alma y al día siguiente la tristeza ha pasado? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que te dio un abrazo de consuelo y te susurró palabras dulces al oído! ¿Alguna vez has sentido que tienes tantos problemas y las cosas ya se están saliendo de su cauce y de pronto un día todo está resuelto? ¡No tengas ninguna duda, ESE ES DIOS que tomó todas las cosas y las puso en su justo lugar para tu tranquilidad! Todo es tan sencillo en esta vida, sobra y basta ponerse en manos de Dios". (Fin de la cita).
Como moraleja podemos decir que debemos aprender a estar y sentir la presencia de Dios en nuestras vidas, lo que podemos lograr en el momento mismo en que perdemos conciencia del mundo natural propio y tomamos conciencia del mundo espiritual de Dios y nuestra relación con Él. Para perder conciencia de nuestra vida natural, se requiere de una enorme fortaleza mental, la que se describe como un patrón de conducta que nos permite no rendirnos ante las adversidades, a pesar de las emociones que tengamos en la vida, ya sea un gran temor o un gran dolor. Esta fortaleza mental es la que nos abre la puerta espiritual de nuestra fe, para entender que nada le impide a Dios manifestarse ante nosotros de la manera más indescriptible. A partir de ese momento, cuando sintamos la presencia de Dios, debemos empezar a vivir bajo el orden moral que su presencia nos inspira, dedicándole tiempo a la oración y la meditación, que viene a ser la mejor forma de alimentar nuestra relación con Él, ofrecerle nuestra vida, saber su voluntad y conocerlo más.
Puedes pensar que esta reflexión fue escrita por casualidad, pero no, no fue así, el e-mail no me fue enviado accidentalmente, sino que fue Dios quien escucho mis pensamientos y decidió aligerarme la carga para escribir sobre él de esta manera.
JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com