"La negra herencia de Calderón y el deliberado olvido de Peña Nieto"

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22/12/2012 00:00

    Noroeste / Pedro Guevara

    Los primeros libros que hablan del sexenio de Felipe Calderón revelan un individuo con muchas limitaciones para gobernar y rodeado de individuos infantiles, ambiciosos, egocéntricos e incapaces que constituían su primer círculo.
    En efecto, a tan solo tres semanas de que "el hijo desobediente" de Michoacán deshabitó Los Pinos, ya han aparecido dos obras de sendos periodistas que analizan a la administración calderonista: Anabel Hernández y Ernesto Núñez Albarrán. La primera es autora de "México en llamas. El legado de Calderón", y antes lo fue del bestseller "Los señores del narco". El segundo escribió "Crónica de un sexenio fallido" y es editor del suplemento dominical "Enfoque", publicado por el diario "Reforma".
    Calderón "incendió México", dice Anabel Hernández y dejó "un llano en llamas". Para esta periodista, quien centra su reportaje en el narcotráfico y la corrupción, el ex Presidente será recordado por una herencia trágica en la que sobresalen: "El infinito poder del narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán, intocable en su sexenio; el asesinato impune de 60 mil personas (70 mil, corrigió esta semana Murillo Karam, el nuevo Procurador), víctimas de la guerra contra el narcotráfico, más de 20 mil desaparecidos; 56 periodistas ejecutados y 13 desaparecidos; la destrucción de su partido político; un México controlado por cárteles, grupos criminales y brigadas de mercenarios; y el regreso del PRI a Los Pinos".
    En el México que dejó Calderón hay más pobreza, menos calidad de vida, menos empleo y menor calidad educativa, remacha la periodista que se hiciera famosa por el reportaje del "toallagate" que empezó a desnudar la infinita frivolidad y dispendio de Martha Sahagún y Vicente Fox.
    Núñez Albarrán complementa el balance anterior cuando escribe:
    Calderón ofreció en junio de 2006, a través de su libro "El hijo desobediente", un México con 15 millones menos de pobres y 10 millones menos en situación de pobreza extrema; prometió los niveles de crecimiento económico más altos de la historia contemporánea del País, incluyendo la creación de un millón de empleos por año. Una Nación de leyes, con policías y ministerios públicos limpios, confiables y profesionales, con indicadores de delincuencia reducidos como nunca. Un México convertido en la sexta potencia turística mundial, con una frontera segura y un acuerdo migratorio firmado con Estados Unidos.
    Los resultados reales contrastan de manera notable con los deseos calderonistas:
    "Los pobres dice Núñez Albarrán- aumentaron de 48.8 a 52 millones y la pobreza extrema se mantuvo en 12 millones de mexicanos. Los niveles de crecimiento económico son comparables a la década de 1980: 1.9 del PIB en promedio anual, similar a la tasa de crecimiento en el sexenio de Miguel de la Madrid. Hay un auge de la economía informal y se generaron menos de tres millones de puestos de trabajo en todo el sexenio, la mitad de los seis millones que imaginaba Calderón. México no es la sexta potencia mundial en turismo; fluctúa entre el décimo y el décimo segundo en la lista de los países más visitados. La frontera sur es un sitio peligroso por el que se trafican armas, drogas y personas; la agenda con Estados Unidos gira en torno a la guerra contra el narcotráfico y el acuerdo migratorio nunca estuvo en las prioridades de la política exterior de Calderón".
    La comprobación incontestable de esos resultados la dio el veredicto electoral del pasado julio: el PAN fue enviado al tercer lugar. Calderón y su partido fueron reprobados.
    Los más leales a Felipe Calderón, los integrantes de su grupo compacto, como Alejandra Sota, ex vocera de la Presidencia, ya intentan replicar los análisis críticos a la política de seguridad del fallido sexenio, tal y como lo hace en el número más reciente de la revista "nexos":
    "...si bien existe una coincidencia temporal entre el incremento de homicidios (en algún momento del sexenio) y la estrategia nacional de Seguridad... este patrón no sustenta que las intervenciones públicas causen un incremento en el número de homicidios... (Y) no solamente no existe evidencia de que las intervenciones públicas detonen un incremento en el número de homicidios... la evidencia muestra que después de algunos meses de transcurrida la intervención de la autoridad, el incremento de los homicidios que le antecedió se revierte".
    En ese mismo número de la citada revista, los autores de otra investigación sobre la política de seguridad del pasado gobierno, Alejandro Madrazo y Ángela Guerrero, afirman secamente: "La política de drogas fracasó en prácticamente todos los frentes... desde 2009 el homicidio es la principal causa de muerte en la población mexicana entre 15 y 49 años de edad".
    En el primer análisis que presenta Peña Nieto sobre el combate a las drogas del gobierno calderonista, el cual no está exento de colores políticos, las cifras y conclusiones son semejantes a las que arrojan los reportajes de los periodistas mencionados y a la investigación presentada en la revista. Sin embargo, ante la posición del nuevo Presidente, salta de inmediato una pregunta:
    ¿Por qué no hizo ni una sola referencia a los vínculos de sectores de la clase política con los narcotraficantes?
    Mientras no se ataquen los flancos financiero y político de los cárteles, su fuerza seguirá prácticamente incólume e in crescendo. No hay narcotráfico sin narcopolíticos, ni en México, Italia, Colombia o donde sea.