Sugey Estrada/Hugo Gómez
"Perdón parece ser la palabra más difícil", canta Elton John. Sin embargo, el sacrificio de Jesús en la cruz nos enseña que el perdón es más que una palabra; una actitud de amor imprescindible, vital y renovadora.
Perdonar es, esencialmente, entregar un don (per-don). Es un acto de generosidad, no de obligación; de incondicionalidad y donación. Lo único que requiere este acto es apertura y grandeza de corazón.
¿Por qué cuesta tanto perdonar? Gerald G. Jampolsky, autor del libro El perdón, respondió que la persona ofendida escucha la voz del ego, el cual se niega a otorgar el perdón porque se siente víctima de alguien, sin darse cuenta que es víctima de sí mismo.
Quien no perdona se considera patrón o dueño, cuando en realidad lo que manifiesta es su debilidad y pequeñez. Quien perdona es generoso y valiente, el que se resiste es rencoroso y doliente.
"La voz del ego siempre proviene del miedo, nos deja en un estado de conflicto; no nos proporciona serenidad. Cuando atendemos a su rencorosa visión recibimos incontables razones por las que no deberíamos perdonar; las cuales siempre ocultan el hecho de que, cuando no perdonamos, somos nosotros los que sufrimos y perdemos la tranquilidad".
Jampolsky insiste en lo absurdo de no proporcionar el perdón, porque la ofensa del pasado ya no se puede cambiar, ni tampoco causar objetivamente sufrimiento.
"Los sucesos del pasado no pueden lastimarte ahora, pero tus pensamientos sobre el pasado pueden causarte un inmenso dolor y angustia... Tu mente no es un contenedor que permanecerá intacto ante la basura que deposites en él. Trata a tu mente como un jardín, y florecerá... Acepta que el perdón es la llave de la felicidad", subrayó.
¿Tengo la valentía de perdonar? ¿Claudico ante el miedo y el rencor?
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