"Los distribuidores de vehículos no han entendido que la competencia aumentó y que sus matrices estadounidenses están en una crisis."
Samuel García
¿Quiere comprar un coche? ¡Cuidado!
Hay acuerdos en las industrias que pareciera ser que su único objetivo es imponer sus condiciones al consumidor.
¡Vaya locura! Quienes intentan esto no se han dado cuenta que, al final del día, terminarán cediendo y perdiendo sus negocios porque serán los consumidores quienes impongan sus condiciones. La única forma de que esto no ocurra es en un mercado monopólico o bajo condiciones de cierre de fronteras.
Una de estas industrias que actúan como si pudieran imponer sus condiciones al consumidor sin límite es de la de la venta de automóviles en México. Especialmente de aquellos distribuidores de marcas que, todavía, venden los mayores volúmenes de vehículos como General Motors, Chrysler, Ford, Nissan, entre otros.
El asunto comienza con que una persona interesada en adquirir un vehículo tiene que, necesariamente, acudir a un distribuidor exclusivo de esa empresa, asumir sus condiciones de venta y, lo más importante, asumir los precios y la calidad en el servicio durante todos los años que el vehículo sea suyo bajo pena de perder la garantía que le ofrece la fábrica.
Es entendible que las armadoras automotrices establezcan condiciones para la venta y el servicio posventa de los vehículos que fabrican.
Al final serán ellos los responsables de lo que ocurra técnicamente con el vehículo que están garantizando. Y también son ellos los que están compitiendo ferozmente con empresas similares para ganarse la confianza del comprador.
Sin embargo la experiencia directa de los consumidores no es con la fábrica, sino con la tienda en la que adquirieron el vehículo; con los llamados distribuidores, que son empresas totalmente independientes de la fábrica, aunque los representan ante el comprador.
La fama que se han ganado los distribuidores de automóviles en México no es precisamente de las mejores.
Es vox populi que después de los mimos que recibe el potencial comprador por parte de los vendedores de automóviles para que se decida a adquirir el vehículo, y una vez cerrada la operación; esas amables caras del área de ventas, se transformarán en indiferencia, enojo y pleito cuando acude a las áreas de "servicio" en el taller de las distribuidoras.
Allí el flamante dueño del vehículo podría toparse con que el taller de la distribuidora no tiene capacidad para atender a la enorme cantidad de vehículos, por lo que tendrá que sacar una cita para llevar su coche al taller de la agencia o, en otro caso, apresurarse a llegar antes de las 09:00 horas porque, si lo hace posteriormente, es probable que su automóvil deba pernoctar en el taller, aun cuando lo único que se requiera es un simple servicio básico.
Pero eso puede ser apenas el comienzo. Es frecuente que el cliente se enfrente a la falta de disponibilidad de refacciones, no hay que olvidar que la mayor parte de los vehículos que se venden en México ya provienen de Brasil, Inglaterra, Japón, Francia, Canadá o Estados Unidos, lo que supone que su vehículo tendrá que quedarse por más tiempo en el taller con los gastos adicionales que le implica.
Claro que la mayor sorpresa se la llevará el dueño del vehículo cuando reciba su prefactura. Y es que generalmente las promesas que recibió el cliente de los vendedores con relación al precio del mantenimiento del vehículo eran falsas o, por lo menos, parcialmente ciertas. Y, en ese momento, ¿a quién le reclama?
Todas estas peripecias por las que pasan los compradores de vehículos en México diariamente, le han ganado a los distribuidores la fama de pésima calidad en el servicio que hoy tienen.
No es casualidad que firmas de reciente introducción en el mercado como Honda, Peugeot o Toyota hayan fincado sus estrategias no sólo en la calidad y diseño de fabricación de sus vehículos, sino también en la calidad y precio del servicio posventa.
Las cifras de crecimiento de estas marcas son notables, no sólo en México sino en otras latitudes.
Durante muchos años los distribuidores de vehículos creyeron tener un negocio cuasimonopólico bajo el amparo de poderosas transnacionales.
Así impusieron precios, hicieron grandes negocios con el servicio al cliente y con la venta de refacciones, "ganaron" concursos públicos para la venta de vehículos al sector público con base en la corrupción; en fin, hicieron y deshicieron a su antojo. Y el cliente era el último en la lista de importancia.
Eso está cambiando aceleradamente. La apertura, la competencia y, sobre todo, clientes más exigentes que saben que el servicio posventa es más importante que el diseño o el prestigio de una marca.
En un tiempo no muy lejano podríamos ver a grandes tiendas departamentales, grupos financieros y empresas de seguros vendiendo automóviles a precios más competitivos en acuerdo con cadenas de talleres especializados y capacitados por las mismas fábricas.
O quizá veremos distribuidores multimarcas que serían verdaderos supermercados de vehículos, a menores costos y, por lo tanto, precios. Quizá se segmentará el servicio de mantenimiento de vehículos y la venta de refacciones originales.
Habrá que estar atentos. Pero la industria automotriz, especialmente la estadounidense, está en la frontera de una verdadera revolución del negocio para sobrevivir a la dura competencia.
En México la oferta de vehículos se ha multiplicado en los últimos años y ello ha modificado la percepción del poder del consumidor. Por eso es que se ha revalorado tanto la calidad del servicio posventa en la decisión del comprador. Lamentablemente, para ellos, esto no lo han entendido los distribuidores de automóviles del país.
Sígale la pista...
1. Un caso que no puede pasar inadvertido en el mercado de venta de vehículos es el de Inbursa y Famsa. Ambas firmas venden automóviles a precios más bajos que los que ofrecen los distribuidores, lo que ya ha generado discusiones al interior de la AMDA.
Según el reporte que publicó El Semanario en su última edición, los distribuidores ya amenazan con demandar a las armadoras por hacer pactos que depredan los precios. ¿Es un caso o una tendencia?
2. Lo que ocurrió el fin de semana en Cancún, Cozumel y la Riviera Maya es de una destrucción sin precedentes en esa zona. El huracán "Wilma" arrasó con buena parte de la infraestructura urbana de una de las zonas más modernas del país y no nos olvidemos que este triángulo es uno de los motores más importantes de la industria turística mexicana y su rehabilitación tendrá un alto costo.
La industria del cemento y construcción tienen un motivo más para mejorar sus resultados después de los años de bonanza que han vivido.
3. Roberto Madrazo no la tiene nada fácil en su camino a la Presidencia. Aun cuando se ha dado a conocer por su enorme habilidad para las operaciones políticas de gran calado, su peor enemigo sigue siendo él mismo.
El descalabro de Montiel ha destapado lo que los priistas, y en especial Madrazo, no querían destapar: la corrupción entre los líderes priistas. Eso, a ocho meses de la elección presidencial.
sgarcia@elsemanario.com.mx