|
"Reflexiones"

"Nuestras conductas basadas en la fe"

""
18/10/2014 00:00

    Héctor Tomás Jiménez

    En la cotidianidad de la vida, los seres humanos somos los actores de nuestro propio drama, y en ese pa­pel, vamos desarrollando una serie de roles y personajes basados en principios y cáno­nes que le dan normatividad a cada uno de nuestros actos. Así, de esta manera unas ve­ces jugamos el rol del per­sonaje bueno y bondadoso, honesto y solidario y otras tantas, el del personaje du­ro e implacable o soberbio y arrogante.
    Nuestras conductas co­tidianas están matizadas de un sinfín de caracterizacio­nes que vivimos diariamen­te según las circunstancias, cuando somos nosotros
    quienes debemos crear las circunstancias de vida se­gún el deber ser de las cosas.
    En otro orden de ideas pe­ro dentro del mismo tema, la moral cristiana nos ha ense­ñado desde el principio de los siglos, que hay una serie de malas actitudes en nues­tro obrar cotidiano que han sido catalogados como "vi­cios" humanos bajo los cua­les en muchas ocasiones nor­mamos nuestras conductas. Estos vicios son llamados también pecados capitales, ya que según el Santo varón de Aquino, el mayor teólogo que ha dado la Iglesia des­pués de San Agustín, son la fuente principal de muchas otras conductas humanas. Estos vicios humanos son:
    son: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia, y obviamente, cada uno de ellos tiene lo que podría­mos decir el antídoto para el obrar bien. Estos son en el mismo orden: castidad, dili­gencia, templanza, pacien­cia, caridad, generosidad y humildad.
    Para ilustrar mejor lo an­tes comentado, quiero hacer referencia al argumento de una película intitulada: "El abogado del Diablo", cuyos principales protagonistas son Keanu Reeves (El Abo­gado), Al Pacino (El diablo) y Charlize Theron (La esposa del Abogado). La trama es la de un personaje Kevin Lo­max, un joven y exitoso abo­gado de una ciudad media de los Estados Unidos, que vive junto con su esposa, una vida disipada y tranquila y con una carrera de casos perfectos que en cierto momento recibe una invitación para trabajar en una gran firma de abogados de Nueva York. Él acepta e inicia su trabajo con gran éxito, conoce al socio mayoritario John Milton (Al Pacino), congenian bastante bien y todo le es puesto en bandeja de plata, hasta este momento su relación matrimonial es estable, pero por cuestiones del trabajo y otras situaciones esta armonía empieza a perderse. En su carrera a la cima le es asignado un caso importante de un triple asesinato y es en este momento cuando cosas sobrenaturales empiezan a suceder y su relación matrimonial empeora, es aquí cuando se deciden por tener un hijo. La madre del abogado quien es una cristiana practicante llega a
    Nueva York para ayudar, pero al ver a Al Pacino, un hombre con quien tuvo una relación en su juventud, lo reconoce como el padre de su hijo, optando por regre­sarse a su casa sin dar expli­cación alguna a su hijo, sin embargo, en algún momento se lo confiesa horrorizada por haber procreado un hijo con el maligno. Kevin deci­de ir a enfrentar a Milton, después de que su madre le confiesa que él es su padre, y termina descubriendo que éste sólo desea que su hijo mantenga relaciones sexua­les con su media hermana para que así pueda nacer el anticristo. Kevin al ver que no hay otra forma decide ac­tuar como si fuera a cumplir los deseos de su padre, pero en el momento menos espe­rado utilizando su libre albe­drío se dispara en la cabeza. Luego ocurre una regresión en el tiempo y se vuelve al momento del descanso durante un juicio que se de­sarrolla en la ciudad donde residía, como si la historia nunca hubiese ocurrido. Ahí gana el caso nuevamente, y de nuevo, en el contexto de la vida real, un periodista lo convence de que puede hacerlo famoso por ser un abogado de gran prestigio. Kevin se deja seducir y acep­ta contar su historia en una entrevista y se retira, en­tonces, el periodista aquel, que no era más que el mismo diablo, transforma su cara en la de Al Pacino, y expresa una frase contundente: --¡No cabe duda, la vanidad es mi pecado favorito!
    La reflexión final es: ¿Cuántas veces en nuestra vida cotidiana actuamos dejándonos tocar por el ma­ligno?
    JM Desde la Universidad de San Migueludesmrector@gmail.comudesmrector@usm.edu.mx