Héctor Tomás Jiménez
En la cotidianidad de la vida, los seres humanos somos los actores de nuestro propio drama, y en ese papel, vamos desarrollando una serie de roles y personajes basados en principios y cánones que le dan normatividad a cada uno de nuestros actos. Así, de esta manera unas veces jugamos el rol del personaje bueno y bondadoso, honesto y solidario y otras tantas, el del personaje duro e implacable o soberbio y arrogante.
Nuestras conductas cotidianas están matizadas de un sinfín de caracterizaciones que vivimos diariamente según las circunstancias, cuando somos nosotros
quienes debemos crear las circunstancias de vida según el deber ser de las cosas.
En otro orden de ideas pero dentro del mismo tema, la moral cristiana nos ha enseñado desde el principio de los siglos, que hay una serie de malas actitudes en nuestro obrar cotidiano que han sido catalogados como "vicios" humanos bajo los cuales en muchas ocasiones normamos nuestras conductas. Estos vicios son llamados también pecados capitales, ya que según el Santo varón de Aquino, el mayor teólogo que ha dado la Iglesia después de San Agustín, son la fuente principal de muchas otras conductas humanas. Estos vicios humanos son:
son: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia, y obviamente, cada uno de ellos tiene lo que podríamos decir el antídoto para el obrar bien. Estos son en el mismo orden: castidad, diligencia, templanza, paciencia, caridad, generosidad y humildad.
Para ilustrar mejor lo antes comentado, quiero hacer referencia al argumento de una película intitulada: "El abogado del Diablo", cuyos principales protagonistas son Keanu Reeves (El Abogado), Al Pacino (El diablo) y Charlize Theron (La esposa del Abogado). La trama es la de un personaje Kevin Lomax, un joven y exitoso abogado de una ciudad media de los Estados Unidos, que vive junto con su esposa, una vida disipada y tranquila y con una carrera de casos perfectos que en cierto momento recibe una invitación para trabajar en una gran firma de abogados de Nueva York. Él acepta e inicia su trabajo con gran éxito, conoce al socio mayoritario John Milton (Al Pacino), congenian bastante bien y todo le es puesto en bandeja de plata, hasta este momento su relación matrimonial es estable, pero por cuestiones del trabajo y otras situaciones esta armonía empieza a perderse. En su carrera a la cima le es asignado un caso importante de un triple asesinato y es en este momento cuando cosas sobrenaturales empiezan a suceder y su relación matrimonial empeora, es aquí cuando se deciden por tener un hijo. La madre del abogado quien es una cristiana practicante llega a
Nueva York para ayudar, pero al ver a Al Pacino, un hombre con quien tuvo una relación en su juventud, lo reconoce como el padre de su hijo, optando por regresarse a su casa sin dar explicación alguna a su hijo, sin embargo, en algún momento se lo confiesa horrorizada por haber procreado un hijo con el maligno. Kevin decide ir a enfrentar a Milton, después de que su madre le confiesa que él es su padre, y termina descubriendo que éste sólo desea que su hijo mantenga relaciones sexuales con su media hermana para que así pueda nacer el anticristo. Kevin al ver que no hay otra forma decide actuar como si fuera a cumplir los deseos de su padre, pero en el momento menos esperado utilizando su libre albedrío se dispara en la cabeza. Luego ocurre una regresión en el tiempo y se vuelve al momento del descanso durante un juicio que se desarrolla en la ciudad donde residía, como si la historia nunca hubiese ocurrido. Ahí gana el caso nuevamente, y de nuevo, en el contexto de la vida real, un periodista lo convence de que puede hacerlo famoso por ser un abogado de gran prestigio. Kevin se deja seducir y acepta contar su historia en una entrevista y se retira, entonces, el periodista aquel, que no era más que el mismo diablo, transforma su cara en la de Al Pacino, y expresa una frase contundente: --¡No cabe duda, la vanidad es mi pecado favorito!
La reflexión final es: ¿Cuántas veces en nuestra vida cotidiana actuamos dejándonos tocar por el maligno?
JM Desde la Universidad de San Migueludesmrector@gmail.comudesmrector@usm.edu.mx