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"Una segunda opinión"

"Opiniones extranjeras."

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LAS ALAS DE TITIKA
26/04/2007 00:00

    No creo que sea un truco de la imaginación: sí existe una tendencia mental mexicana, y quizá en otras partes, que manda a ver con sospecha las opiniones provenientes de extranjeros, cuando ellas se refieren al propio país. Es decir, ponga a un extranjero a expresar ideas sobre México y muy posiblemente sucedan dos cosas.
    Una, habrá demasiadas personas que aleguen que la persona está cometiendo una equivocación, la de entrometerse en asuntos que no son de su incumbencia. Los extranjeros, se afirma, no tienen derecho a opinar sobre asuntos mexicanos. Los casos más recientes que recuerdo, son los de Sartori y Benedicto XVI, aunque quizá el de más fama es el de Vargas Llosa (el de la "dictadura perfecta").
    La otra cosa que sucederá es el desechar lo que el extranjero haya dicho, no importa lo razonable y justificado que sea. Ninguna de sus pruebas ni demostraciones valdrá, pues ellas vienen del extranjero.
    Claro que esas cosas suceden si el extranjero está en contra de lo que el mexicano opina. Si acaso el extranjero opina en concordancia con el nacional, entonces todo lo extranjero es bienvenido y se usa como muestra de lo grande que es el país. Por eso, las celebridades que vienen a México dicen que aman al país, que les gusta, que lo que usted quiera. Y los mexicanos, no todos, terminan creyendo el rollo del visitante.
    Este problema fue tratado en una clase con mis alumnos. Algunos alumnos se inclinaban por limitar las opiniones de extranjeros, por tratarse de cuestiones legales en el caso, por ejemplo del aborto y Benedicto XVI. El asunto bien vale una segunda opinión, para tratar de encontrar alguna regla que sea de aplicación universal.
    O todos los extranjeros pueden opinar, o todos los extranjeros deben abstenerse de hacerlo. Usted seleccione la opción que quiera, pero hay que atenerse a las consecuencias. Si usted opina que los extranjeros no deben opinar de México, entonces usted debe aceptar que tampoco usted debe opinar de lo que sucede en otras partes: nada de opinar sobre lo sucedido en Virginia Tech, ni de pedir que prohíban allí las armas, si lo hace, entonces estaría entrometiéndose en los asuntos de los EU.
    Claro que del otro lado, si usted permite que los extranjeros opinen sobre México, entonces usted ya puede opinar sobre las elecciones francesas, por ejemplo y decir que preferiría que ganase su preferido. Es una cuestión de reciprocidad, así de sencillo y simple.
    La regla debe ser aplicable a todos por igual y que tiene sus detalles. Si aún así usted se inclina por decir que los extranjeros no deben opinar sobre México, entonces debe acudir a los gobiernos del resto del mundo y pedir que en sus medios no se hable del país, que nada se reporte, que nada se trate acerca de México.
    Lo verán como un loco, pero eso es lo que tiene que pedir al resto del mundo. Y ya que las reglas son simétricas, entonces usted tiene que solicitar a los medios mexicanos que no hablen nada del resto de los países del mundo, porque si lo hacen, eso sería una intromisión en sus asuntos.
    Desde luego, quien haga eso será visto como un trastornado y nada logrará, aunque pudiera intentar entonces que ningún medio internacional entrada al país, no sea que contenga comentarios sobre México.
    Tendría usted que restringir el acceso a Internet y dar instrucciones a las aduanas de prohibir la entrada de publicaciones extranjeras. Más otro detalle, tendría la autoridad que ir casa por casa quitando libros extranjeros, no sea que su contenido pudiera usarse para opinar acerca de México. De inmediato, usted tendría que sacar del país a los estudiantes extranjeros que toman cursos sobre el país y quienes opinan.
    Todo eso tendría que hacerse si a los extranjeros se les impide opinar sobre el país, incluyendo el expulsar a los periodistas de otros países. El asunto es ridículo, pero puedo apostar que aún así, muchos seguirán creyendo que los extranjeros no pueden opinar sobre México.
    Contra tal obstinación. mucho me temo, ya nada puede hacerse. Ya no es una cuestión de razonamiento, sino una de terquedad.
    gg@contrapeso.info