Héctor Tomás Jiménez
Con frecuencia los seres humanos nos sentimos desarmonizados respecto a nuestro entorno personal o familiar, desarmonía que se manifiesta por momentos de inconformidad, por ciertas actitudes de disgusto, o por un sentimiento de vacío emocional entre otras causas, y en la búsqueda de las causas de ese desequilibrio, por lo general buscamos fuera de nosotros mismos y muy pocas veces miramos hacia el interior de nuestra alma.
Enrique Rojas, catedrático de psiquiatría de Madrid, publicó recientemente un libro intitulado "Adiós Depresión" mediante el cual, da cátedra del cómo y por qué el ser humano vive en constante desarmonía consigo mismo y con los demás. Nos dice, en principio, que la palabra equilibrio significa armonía, estabilidad, madurez, en una palabra, ir consiguiendo un cierto estado de plenitud, de buena conjunción entre los distintos ingredientes que se hospedan dentro de nuestra forma de ser.
Detalla en su libro, una serie de recomendaciones que a manera de decálogo, le sirven al ser humano para el logro de ese equilibrio perdido. Veamos en qué consisten: 1. Hay que conocerse a sí mismo. Esto significa que debemos ser capaces de reconocer nuestras capacidades y aptitudes propias, con el fin de no ir más allá de estas y evitar la frustración que nos deja un fracaso no deseado. 2. Saber conectar nuestra cabeza y nuestro corazón. Esto se traduciría de la siguiente manera, no ser ni demasiado sensible psicológicamente ni de una frialdad cerebral gélida. Ser capaz de manejar simultáneamente la afectividad y la razón, en una buena proporción. 3. Aprender a dejar las cosas pasadas en rincón del olvido. Esto no significa de manera alguna ocultar las heridas o las malas experiencias, pero sí, no permitir que estas heridas nos frustren nuestro crecimiento. Hay que aprender a darle vuelta a la hoja, pues una persona equilibrada es aquella que vive instalada en el presente, tiene asumido el pasado con todo lo que eso significa, y vive esencialmente abierta hacia el porvenir. La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. 4. Tener un proyecto de vida. Cuando sabemos lo que queremos o hacia dónde vamos, es más fácil conducir el rumbo de nuestro destino. Quien vive a la deriva, sin saber a dónde va, es como un barco sin timón, pues como bien dijo el filósofo Séneca: "No hay viento favorable para quien no sabe a dónde ir". 5. Mantener siempre una voluntad firme ante la vida. Voluntad es ponerse uno metas y retos concretos, e ir a por ellos. Voluntad es determinación, apuntar a los objetivos sin detenernos ante nada, sabiendo que una persona con voluntad llega en la vida más lejos que una persona inteligente. Un hombre de voluntad firme se distingue por el orden, la constancia, la motivación y la disciplina. 6. Mantener el orden de nuestros actos y el gobierno de nosotros mismos. Este es quizá una de las razones más poderosas por las que se pierde el equilibrio emocional, pues dejamos que sean otros los que gobiernen nuestra vida y nuestros actos, cuando somos nosotros mismos quienes debemos mantener con firmeza el timón de nuestra nave que es nuestra vida. De esta manera, nunca le reprocharemos a nadie por nuestros errores pues somos los únicos responsables. 7. Vivir bajo un código de valores éticos y morales. Estos son necesarios, pues actúan como frenos que nos limitan a cometer errores o irresponsabilidades. Estos son los que nos hacen ser personas en toda la extensión de la palabra, con identidad positiva, ejemplo para otros y con fuerte coherencia interior. 8. Tener la capacidad de interrelacionarse y convivir con otros. Practicar esta virtud, nos permite aprender de los demás y sobre todo, nos enseña a construir nuestra vida con dosis de humildad y armonía interna, pues al compararnos, reconocemos en nosotros nuestros errores y las virtudes que nos falta vivir. 9. Cuidar la salud física y emocional. El ejercicio diario es siempre recomendable, sobre todo si este nos conecta con la naturaleza, pues nos permite liberar de manera natural, todas las sustancias que nos permiten el optimismo y la felicidad. 10. Mantener una fe inquebrantable en favor de nuestra espiritualidad. Esto se logra haciendo oración y meditando diariamente, pues de esta manera mantendremos un contacto especial con nuestra parte divina, pues no debemos olvidar que la oración es para que Dios escuche lo que decimos, en tanto que la meditación, nos sirve para escuchar las palabras que Dios nos susurra a los oídos.
JM Desde la Universidad de San Miguel
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