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"Puerto Viejo"

"Perdidas carnavaleras"

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14/02/2010 00:00

    JANNETH ALDECOA /JOSÉ ALFREDO BELTRÁN

    En las distintas ciudades del mundo donde se celebra el carnaval, los festejos están entrando a su etapa culminante.
    La llegada del Dios Momo a sus salerosos altares, está marcada de acuerdo a los motivos religiosos o naturales a la que ligan la fiesta anual los celebrantes, de tal suerte que en Colonia, Alemania, por ejemplo, el pistoletazo del inicio de los festejos se da el día 11 de noviembre de cada año y la semana dominante inicia el jueves, al igual que nosotros, con el llamado Día de las Mujeres, las cuales, toman por asalto el Palacio Municipal para luego lanzarse a las calles con tijera en mano a tratar de cortarle la corbata a cuanto caballero se les atraviese en su camino.
    En algunos otros, como en Nueva Orleáns, conocido como Mardi Gras, Martes Gordo, las fiestas arrancan el día 6 de Enero de cada año y justo dos semanas antes del Martes de Carnaval, diariamente se presentan desfiles organizados por los distintos grupos de apasionados carnavaleros.
    Cada uno de los carnavales del orbe, tienen características propias que los hacen diferentes a los demás, por lo cual no podemos decir que uno es mejor que otro.
    Las manifestaciones de los festejos, obedecen simplemente a la carga social de las comunidades que los organizan, a los cuales se les permite satirizar a personajes encumbrados de la vida pública, incluyendo a presidentes o primeros ministros, esto último, por cierto, ya lo perdió el carnaval local.
    Pero si las distintas fiestas de carnestolendas tienen sus rasgos propios, también en ellas encontramos puntos coincidentes: la alegría popular, el ingenio de sus diseñadores y la cabida que le dan a la crítica política, lo cual sucede sin ninguna restricción para los organizadores.
    Al igual que en otros sitios carnavaleros del mundo, la fiesta ya asentó sus reales en nuestro puerto y desde el pasado jueves fue prendido el fuego de la tradición mazatleca, aunque en esta edición, la flama del ánimo popular se ha visto mermada por la rumorología porteña, salida de manera natural de la costumbre y de la sicosis desprendida de la infamante ola de violencia que ha invadido la paz y tranquilidad que caracterizaba a nuestra comunidad.
    Claro, en esa intentona de apagar el entusiasmo por la fiesta, no ha faltado la mala intención política de los partidistas contrarios a los intereses de la actual administración municipal, y porque no decirlo, también le apuestan a que las actividades no les resulten bien a los que manejan la organización de la fiesta; al final, lo único que logran, es pegarle a la tradición mazatleca.
    Al igual que en el resto de los reductos del Dios Momo, en el carnaval mazatleco se hace presente la alegría del pueblo; se admira el ingenio de las comparsas y también se aprecian los carros alegóricos logrados por el ingenio del creador Rigoberto Lewis, quien por cierto, celebra sus cincuenta años de constructor de alegorías carnavaleras.
    Sin embargo, también hay que decir, que desde hace varios años, en el Carnaval de Mazatlán, ya no se le da cabida a las comparsas chuscas, encabezadas, muchas de ellas, por afamados homosexuales; a las de sátira política y mucho menos, a la crítica que alcance a los gobernantes locales.
    Vaya, hasta la posibilidad de endilgarle el nombre de un mal funcionario o de un mal político al monigote del Mal Humor, ha sido espantada.
    La pérdida de esos valiosos rasgos característicos de nuestro carnaval fueron desterrados por dos principales factores.
    El primero de ellos, salido de nuestra Casa Municipal, ya que desde hace cerca de 20 años, los ocupantes de la silla presidencial se volvieron muy remilgosos y presentan altos síntomas de alergia a las manifestaciones de critica social.
    De ello habla el hecho, de que desde hace más de 25 años no se personifica al Mal Humor con la figura de un regidor.
    Esto se dio en el trienio de Humberto Rice, cuando los organizadores de la fiesta, incluido el de la voz, decidieron quemar a un edil, lo cual desató todo un operativo policiaco para rescatar al monigote, cosa que no lograron, pero que tampoco desató reprimendas en contra de los autores materiales de la venganza popular. Permítaseme reservarme el nombre de aquel regidor, pues no se vale hablar de los muertos.
    Pero en la salida de las manifestaciones chuscas de los desfiles de carnaval, también influyó el sentido marcadamente preciosista que vinieron a imponer a los desfiles algunos organizadores de la fiesta, así como su rechazo a las expresiones contrarias a la concepción que estos tienen de la moral y las buenas costumbres, en las que de ninguna manera, cabrían las ocurrencias de aquellos comparseros del Muralla, de la Prepa Mazatlán y del Sinaloense y mucho menos, la presencia de "La Gata", "La Chiva" y "La Venada", homosexuales que ya forman parte de la historia popular mazatleca.
    Una última perdida del carnaval mazatleco, sólo que ésta atribuida a la situación económica y al propio desgaste de la tradición, es la del Lunes de Mascaritas, cuyos participantes, encapuchados todos, desde muy temprana hora, jalaban la banda por las calles del centro de la ciudad.
    Entre ellos, los encabezados por Juan Frías de la Casa Grande y los del Sindicato de Trabajadores de los cinematógrafos.
    Esperemos que algún día, y de manera permanente, tengamos gobernantes de mentalidad abierta para aceptar que la manifestación social, en tono serio o festivo, es una expresión del pueblo que hay que atender y respetar.
    Por hoy es todo. Gracias por haber acudido una vez más a esta cita semanal; síganla pasando bien y nos vemos en la próxima, digo, si es que así lo deciden.

    osunahi@yahoo.com.mx