María Elena Ibarra/Magdalena
En medio del ruido provocado por los escándalos políticos, el intercambio de pullas y los ataques personales entre candidatos presidenciales, se puso poca atención al discurso de Andrés Manuel López Obrador sobre política exterior pronunciado el 21 de marzo, bicentenario de Benito Juárez, en Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos.
Sintetizó lo que expone en su Proyecto Alternativo de Nación: su política internacional se atendrá a los principios establecidos en la Constitución y la Carta de las Naciones Unidas, como son la no intervención, la autodeterminación, la solución pacífica de las controversias y la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales.
El hecho de que subraye estos puntos de partida contrasta con la posición del Gobierno de Vicente Fox, el cual, aunque se atiene a los mismos principios, también ha recalcado la necesidad de defender a escala global la democracia y los derechos humanos.
Esto quiere decir que si López Obrador llega a la Presidencia no apoyará la lucha por los derechos humanos y la democracia en Cuba o en cualquier otro país.
Para diferenciarse de Fox también insiste en que actuará con cautela diplomática, optará por una política exterior mesurada, acabará con el espejismo del protagonismo mexicano en el concierto de las naciones y con la celebración en México de reuniones cumbres en las que muy poco se resuelve y representa un gasto excesivo e inútil para el país.
Esta línea de conducta, más el anuncio que hizo hace varias semanas en el sentido de que viajará poco al exterior para ahorrar gastos al erario, llevará a que México se enconche, al aislacionismo.
Pero él dice que no habrá ni pasividad ni aislamiento porque la participación de México en la solución de los grandes problemas de la humanidad deberá centrarse en el multilateralismo, es decir en la actuación dentro de las Naciones Unidas.
Considera que la relación más importante de México en el ámbito mundial es con Estados Unidos y marca su posición a este respecto. Para él el tema principal de la agenda con Washington es la migración. No alude al comercio, al narcotráfico, ni a la seguridad fronteriza.
En cuanto a migración, seguirá la política actual, que él mismo la sintetizó en Ciudad Juárez cuando dijo que se buscará un acuerdo de cooperación con Estados Unidos que contemple la generación de empleos y la legalización de los mexicanos que ya se encuentran en el vecino país del norte.
Pero en todo esto falta definir su posición sobre el futuro del TLC con Norteamérica, sobre el Área de Libre Comercio de las Américas y sobre el terrorismo, el que, según el Presidente estadounidense, es la principal amenaza de la humanidad.
En el poder, AMLO no emprenderá una política exterior activa, concentrará sus esfuerzos en la política interna, será un Presidente autoamurallado.