|
"Editorial"

"Recuperar la esperanza"

""
11/05/2010 00:00

    Fueron muchas las madres que no pudieron ayer celebrar plenamente su día: la pena y el dolor de que les hayan matado a uno o más hijos impidió que pudieran festejar el don de la maternidad, concesión que Dios les ha otorgado para que puedan participar en el milagro de la vida.
    En efecto, son incontables las mamás que lloran a los hijos que les han sido cruelmente arrebatados; así como también, habrá que reconocerlo, son muchos los hijos que lloran su orfandad porque les han sido arrebatados su padre o su madre, o ambos, como acaba de suceder hace pocos días en Mazatlán, en donde asesinaron muy temprano a una pareja en su casa, cuando regresaban de llevar a su hija a la escuela.
    En la violenta situación que vivimos no existen muchos elementos que nos inviten a alentar la esperanza. Las estadísticas de homicidios y de otros delitos de alto impacto amenazan con implantar un nuevo récord Guiness en el estado.
    La sombra de la muerte se percibe cada vez más cercana y amenaza con tomar la propia vida o la de algún ser querido o vecino. La sangre baña continuamente todos los rincones de la entidad, no hay ningún espacio en el que alguien se pueda sentir a salvo, pues el aguijón de la muerte puede inocular su veneno aun sobre una víctima casual e inocente.
    Es lógico que ante este panorama muchas personas piensen que ya no hay nada que hacer, que no es posible restablecer la armonía y consideren que estamos lindando el umbral de la barbarie, pues en vez de hacer surgir en nuestra sociedad un hombre solidario, hemos claudicado de nuestros ideales y forjado un lobo solitario.
    Sobre todo, debemos pensar cómo imbuir en las nuevas generaciones atractivos proyectos que los animen a recuperar la esperanza, puesto que el ejemplo de las personas adultas es determinante, como lo señaló Antoine de Saint-Exupery, el autor de El Principito, al referirse al nacimiento de su vocación de escritor.
    "Las personas mayores me desanimaron de mi carrera como pintor a la edad de seis años", expresó.
    "Quien no tiene esperanza y es consciente de ello, ya no tiene porvenir", sentenció el filósofo existencialista Albert Camus.
    "Lo que el oxígeno es para los pulmones, lo es la esperanza para la existencia humana", manifestó un autor anónimo. "Si quitas el oxígeno, ocurre la muerte por asfixia. Quítese la esperanza y los seres humanos experimentarán una "disnea" o dificultad de respirar, que se llama desesperación".
    No podemos cercenar del ser humano la radical esperanza, ya que es imprescindible para subsistir. Las nuevas generaciones necesitan hoy más que nunca la esperanza de una sociedad y un mundo mejores, no podemos regateárselas.