"Sabina Berman ofrece una mirada hacia hechos históricos o situaciones que son importantes para la comunidad para ofrecérnoslos desde el escenario como hechos vivos."
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Un día estábamos Enrique y yo tomando una naranjada en un café de la Condesa: Me muero de ganas de ir a ver la obra de teatro de Moliere de Sabina Berman, le dije entre sorbito y sorbito. Es mi prima, comentó el que entonces era mi novio. ¿Qué? ¿Eres primo de Moliere? exclamé incrédula. Me parecía más creíble que Enrique fuera primo de Jean Baptiste Poquelin, que de Sabina Berman, a quien admiraba desde hacía muchos años. Soy primo de Sabi... ¿cómo que de Moliere? A partir de ese momento me enamoré todavía más de mi futuro marido. A partir de ese momento lo vi con otros ojos, pensaba que él también era personaje de Moliere, pero no el avaro, sino uno que aparecía en algún personaje de reparto. Y a partir de ese momento se estableció entre él y yo una complicidad artística, teatral, dramática, cómica y trágica. Dos horas después de esta confesión tan reveladora nos encontrábamos en el teatro Julio Castillo escuchando a Moliere decir: "Yo conozco al diablo, monsieur. Hace siglos llegó a suplantar a Dios en la Tierra. Es serio, profundo, pesado; pedante, solemne, aguerrido; se llama el Espíritu de la Gravedad, nuestra infelicidad es el material de su negocio y sí, lo odio: y odio a todos estos buitres satánicos asesinos del placer que actúan en su nombre; ¡los odio!, ¡los odio!, ¡los odio! Y los... La obra me encantó, entre más me reía por los diálogos sostenidos entre Racine y Moliere, más me sentía atraída por Enrique, el primo de Sabi. Me gustó el montaje, la actuación de Héctor Ortega en el papel de Moliere y la de Mario Iván Martínez como Racine. Adoré a Luis 14 en la persona de Diego Luna y al Arzobispo, interpretado por Juan Carlos Colombo. El papel le quedaba de maravilla. Saliendo del teatro, nos fuimos a cenar a La Botiglia y mientras comíamos unos deliciosos spaguettis a la carbonara, de plano me le declaré a Enrique. Sin duda fue gracias a Moliere, pero sobre todo al talento de su prima. Sabina Berman, dramaturga, tiene una larga carrera en el teatro. Seguramente sus estudios en Psicología le dieron espléndidas herramientas a su ya aguda mirada para penetrar en los recovecos del corazón humano, lo cual es uno de sus fuertes en su creación dramática y en la creación de sus personajes. Berman ha sido directora de escena de otros autores, como la adaptación que hizo de la obra de Mary Jones, With Stones in his pockets, que llamó Extras y que tuvo un éxito rotundo. Sabina Berman se ha preocupado por regresar al público al teatro y en sus obras vemos una temática muy variada, que va desde Freud, quien a pesar de todos sus conocimientos respecto al drama humano, nunca comprendió el desarrollo de la mujer (las mujeres me son todavía un misterio, le dice a Dora, su paciente) hasta teatro para niños: El árbol de humo; Caracol y Colibrí y La Maravillosa Historia de Chiquito Pingüica. Pero volvamos a Moliere, obra de teatro que parte de una investigación y que nos plantea muy provocativas paradojas. Ese corazón de Moliere tan herido y lastimado por las rivalidades con Racine y al mismo tiempo su enorme capacidad para la sátira muy lúcida respecto a los vicios del corazón humano y de su época mostrada en el escenario. Su obra que nos reunió, hace unos días, en el teatro Lunero para presentar su libro, Puro Teatro, editado por el Fondo de Cultura Económica, es un verdadero acontecimiento. Digo que se trata de un acontecimiento muy importante porque es la primera vez que se edita en un solo volumen todas las obras reunidas de un solo autor. ¿Quién dijo que resultaba fatigoso leer teatro? Al contrario. En el caso de las obras de Sabina, una vuelve a escuchar a sus personajes, es como si nos presentaran una obra a domicilio; conforme el lector o lectora avanza en los diálogos, de pronto se tiene la sensación de ser un protagonista más. Nos apropiamos de la obra y allí estamos en escena platicando con Freud, con Pancho Villa o con Moliere. Además, leer de esta forma a Berman nos permite apreciar la trayectoria y la evolución artística de la que sin duda es una de las dramaturgas más importantes que ha tenido México en la segunda mitad del Siglo 20. Dice Sabina en su prólogo que no ha querido escribir textos para un teatro que intenta parecer la vida; dice que lo que ama del teatro son las ventajas que tiene sobre la vida: la facilidad con que una actriz es Dora y con un cambio de actitud ya es Ana; la simpleza alucinante, textualmente, alucinante con que Freud en escena puede ser uno y tres a un tiempo; el privilegio con que Racine, desde fuera del tiempo y la geografía, recuenta la enemistad eterna de la comedia y la tragedia; el orden de los eventos en Muerte Súbita de acuerdo con una necesidad de comprender apartada del sinsentido de un orden cronológico; el lujo justiciero de una boca que se traga a su dentista; la felicidad de cambiar de sexo intercambiando un bigote de utilería; la poderosa alegría de crear con la palabra "bosque" un bosque y con la palabra "mar" el océano. Además de ser Sabina Berman dramaturga, ha experimentado en otras áreas de la literatura, así como la poesía y la novela. Hace muchos años, allá por 1990, me llamó por teléfono, mientras terminaba de leer La Bobe. Justo en los momentos más conmovedores en que me encontraba leyendo la vida de esa abuela tan entrañable, sonó el teléfono. Era Sabina. Te invito a presentar mi novela La Bobe, me dijo con su voz inconfundible. No lo podía creer. Pero si la estoy leyendo y estoy llorando. Pero si no quiero terminarla, pero si no la he soltado desde que la abrí, le decía en tanto me limpiaba dos rosarios de lágrimas. Es justo y necesario decir que desde sus inicios, Sabina Berman ganaba todos los concursos en los que participaba, ya fuera con obras para adultos, ya para niños. Entre una de sus primeras producciones me acuerdo de Herejía que se presentó en el teatro Gilberto Cantón, con escenografía de Arnoldo Belking. Si mal no recuerdo, estaba dirigida por Abraham Ozeranski. En esta obra, Sabina nos lleva a una notable recuperación del espantoso sufrimiento de la familia Carvajal, víctima de la Inquisición, acontecida en la Nueva España. Un hecho, que como ustedes saben, fue registrado históricamente. En Sabina Berman tenemos una mirada hacia hechos históricos o situaciones que nos son importantes como comunidad, por los que pasa su mirada inteligente, ya que les da sangre y carne para ofrecérnoslos desde el escenario, como hechos vivos. Y hablando de hechos históricos, no puedo dejar de sugerirle, públicamente, a Sabina, que escriba una obra de teatro titulada "El Desafuero". Imagínense lo que sería esta obra bajo su mirada, su ironía y su gran capacidad de observación. Por último, diremos que Sabina Berman con su personalidad tan rica y compleja, no podía librarse de grandes controversias que hemos podido seguir en los diarios. Seguramente sus biógrafos harán el balance de esas batallas. Mientras tanto esperamos que esta obra, espléndidamente editada, Puro Teatro, sea un primer volumen de muchos más.