JANNETH ALDECOA/ JOSÉ ALFREDO BELTRÁN
Fue el sábado 26 de mayo de este año, cuando María Marbella Zamudio Loaiza y Alejandro Segura Gómez contrajeron nupcias ante la ley y la sociedad. Ella, originaria de Costa Rica, municipio de Culiacán; y él, nacido en el Distrito Federal, avecindado en la Blanca Mérida, Yucatán. La muy experimentada oficial 08 del Registro Civil, fue la encargada de desarrollar la ceremonia del contrato matrimonial, teniendo como testigos presenciales, a los padres, hermanos, parientes y amigos de los contrayentes.
A las 22:35 del día señalado, subió Marbella, tomada de la mano de su padre y recibida con un caluroso aplauso. Ella, amorosa, dibujaba una coqueta sonrisa que hacía conjunto con su rostro resplandeciente de alegría. Se cumplía así un amor dulce, emergido de un constante viajar por varios lugares interesantes del continente americano. Ahora, escuchaba Wedding March (Marcha Nupcial de El sueño de una noche de verano), tan apetecida por las casaderas y que ha inmortalizado a su compositor, Félix Mendelssohn.
La ceremonia habitual a la boda incluye dos marchas nupciales: la novia avanza hacia el altar al compás de la marcha nupcial de Mendelssohn y sale de la mano de su esposo al son de la coral de la opera Lohengrin, de Richard Wagner.
Como una cápsula cultural, es bueno decir que la costumbre relativamente moderna que se puso de moda, gracias al enlace de la Princesa Victoria, hija de la Reina Victoria de Inglaterra, con el Príncipe Federico Guillermo de Prusia, fue adoptada rápidamente por el mundo occidental.
Atestiguaron el acto celebrado, los padres de los contrayentes, además del ingeniero Juan Sotelo Ramos, Ana María Trujillo Angulo, Gabriel Eduardo Matamala Vivanco, Enrique del Valle Vejar, quienes firmaron el acta, magistralmente elaborada por la actuaría María Olivia López Calderón. Terminado el acto formal, todo fue felicitaciones para los novios, con el deseo previamente expresado de que formen un hogar feliz, lleno de toda clase de ventura, en donde quiera que finalmente fijen su residencia.
Alejandro y Marbella, reunieron amistades y familiares, de distintos puntos del continente americano, así como de la República mexicana. En ese festejo convivieron alegre y amistosamente personas que residen en Detroit, Michigan, Estados Unidos; de Perú; de Monterrey, Nuevo León; del Distrito Federal; de Veracruz, vinieron gentes del Puerto Jarocho, de Coatzacoalcos, de Jalapa, de Jáltipan; también vinieron invitados y familiares de Zacatepec, Morelos; de Villa Hermosa, Tabasco; de Mérida, Yucatán; personas que bondadosamente se aprestaron a convivir tan significativos momentos con los desposados.
Pasados los momentos formales, los asistentes, al compás de las notas musicales de la alegre banda-orquesta "Café-Café", la cual amenizó tan fausto acontecimiento, mientras la asistencia le daba rienda suelta a sus movimientos para mostrar sus mejores pasos, siguiendo los rítmicos popurrí, entonados por la "Banda-Show", que en verdad se esmeraron en alegrar a los asistentes, divirtiendo con su comicidad, cuando toman a chunga el momento con feliz dedicatoria a la concurrencia.
Pasada la media noche, los novios obsequiaron a los asistentes al festejo nupcial, una suculenta cena, acompañada de ricas bebidas refrescantes. Asimismo, la pareja de recién casados recorrieron mesa por mesa de los presentes para tomarse "la foto del recuerdo".
Durante ese lapso, también se reunieron varios grupos de amigos y familiares para posar en compañía de los contrayentes.
De pronto, se desplegó una pantalla y exhibieron un video que mostró los lugares por los cuales los tórtolos abonaron sus amores que esa noche fructificaron en el acta matrimonial, inicialmente expedida por Melchor Ocampo, pero ahora modificada por el licenciado Francisco Labastida Ochoa, a su paso por el Gobierno de Sinaloa.
Vimos en esa boda todos los rostros contentos y satisfechos; incluso, José Carlos, estudiante de la Universidad de Durango, primer y único vástago de Marbella, tomando con toda seriedad y responsabilidad la decisión de su progenitora. La sensatez del joven fue valiosa porque puso muy en alto su cooperación en la nueva responsabilidad adoptada por la autora de sus días. Joven estudiante que ha convivido durante largo tiempo y que nosotros le hemos tomado no sólo cariño, sino amor de hijo.
Marbella siempre se ha enfrentado directamente a la vida. Prestó sus servicios en varias firmas comerciales de esta ciudad; siempre con carácter de mucha decencia y honradez, por eso la colmaron de aprecio y estimación, como es la Ford, Nissan, Honda, Chevrolet y Autos españoles. Nunca le faltó dónde prestar sus servicios y su bravura y rebeldía no le permitieron cobijarse bajo la sombra de sus padres. En este sube y baja de la vida, no fueron pocos los golpes de los cuales siempre supo sacar provecho y experiencia. A pesar de las erogaciones fuertes a las que ha tenido que enfrentarse, como son los elevados costos de colegiatura y vestido de José Carlos, pudo, no sin sacrificio, comprarse su casa y su automóvil.
Toda su familia y especialmente sus padres nos sentimos satisfechos y elevamos plegarias al Todopoderoso porque en su matrimonio le vaya bien; como mujer empeñosa, se lo merece.
No terminó una carrera profesional, pero ha hecho cuanto curso está a su alcance, sobre todo, aquellos que llevan la intención de modular el carácter y el pensamiento a un franco mejoramiento personal y la comprensión correcta del interlocutor con quien dialoga.
Ella nació en la época en que ya se había puesto de moda el cómic de Los Picapiedras. En alusión a uno de sus personajes, sus hermanos la rebautizaron con el mote de Cuchicuchi; en cambio su abuelo paterno la llamó "La Melcochita". Pero Mabe, como toda niña fue muy traviesa, es por eso que su abuelita materna la llamó "Mala Yerba". La boda de Marbella nos sirvió para revivir viejos recuerdos, naturalmente muy agradables.