"Tabaquismo: El humo es radiactivo"

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04/12/2006 00:00

    Martha Araujo

    El título del presente artículo no es un recurso sensacionalista. El humo del cigarrillo contiene suficiente radioactividad como para poner a pensar dos veces a fumadores y fumadoras sobre este riesgo, no suficientemente conocido, de someterse (y someternos a aquellos a su alrededor) al hollín del tabaco.
    El cigarro contiene polonio 210, el mismo material radioactivo con que recientemente fue envenenado en Londres el ex-espía ruso Alexander Litvinenko, según reveló el viernes el doctor Robert N. Proctor, un renombrado catedrático de la Universidad de Stanford.
    Cómo llega el polonio 210 a los cigarrillos es algo que no se ha podido determinar con precisión, pero se cree que la planta del tabaco absorbe el uranio que está presente en el suelo de manera natural y lo convierte en polonio.
    Lo cierto es que cada cigarrillo contiene alrededor de .04 picocurios de polonio. El curio es la unidad que se emplea para medir la radioactividad, llamada así en honor de Marie y Pierre Curie, los descubridores del radio. Un picocurio es la billonésima parte de un curio.
    También es verdad que los tabacaleros estadounidenses sabían desde la década de los 60 que este material estaba presente en los cigarrillos. Al parecer esa fue la razón de que, a partir de entonces, la mayoría de las marcas empezó a comercializar los cigarros con filtro.
    Sin embargo, tal medida no contribuyó significativamente a disminuir la radioactividad del producto.
    "Pero un picocurio es una cantidad muy pequeña", podrán argumentar los fumadores. Cierto, pero el polonio es la sustancia más cancerígena conocida. Es miles de veces más radioactiva que el detonante de las primeras bombas atómicas. Fumar una cajetilla y media de cigarros equivale a someterse a 300 placas de Rayos X.
    El tabaco, además de polonio 210, contiene cianuro, arsénico, alquitrán y, por supuesto, nicotina; esta última la responsable de que madres y padres responsables no puedan controlar su necesidad de fumar, a pesar de que haciéndolo obligan a sus hijos y a sus nietos a exponerse a semejante combinación de tóxicos.
    El profesor Proctor calcula que entre todos los fumadores londinenses, incluyendo a aquellos expuestos al humo de segunda mano, inhalan diariamente una cantidad similar de polonio 210 a la que fue empleada para envenenar a Litvinenko.
    Según la Organización Mundial de la salud, en el Siglo XX murieron unos 100 millones de personas como consecuencia de fumar, cifra que en el presente siglo pudiera llegar a los mil millones. Por lo pronto, en el mundo mueren todos los días más de 20 mil fumadores (voluntarios e involuntarios) por dicha causa.
    Si bien abogar por que se prohíba fumar en lugares públicos podría parecer una actitud moralista, la verdad es que los no fumadores tenemos el derecho de abstenernos, mientras los que sí fuman no tienen el de hacerlo cuando estamos presentes.
    No obstante, cuando uno reclama tal prerrogativa, es muy probable que la respuesta sea: "Si te molesta el humo, vete a otra parte".
    * Alberto Avilés Senés es integrante del Consejo Consultivo Empresarial de Sinaloa en Los Ángeles y del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior.
    avilesalberto@msn.com