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"Reflexiones: Los milagros de cada día"

"Tenemos la convicción que los milagros son inexplicables con la lógica y la razón."

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12/11/2005 00:00

    Héctor Tomás Jiménez

    Los humanos en su gran mayoría, tenemos la convicción de que los milagros son sucesos inexplicables con la lógica y la razón y por lo mismo, les atribuimos un origen divino o sobrenatural.
    Esta concepción se ve reforzada cuando vemos que históricamente han sido las religiones las que se han encargado de darle explicación a dichos sucesos, a través del dogma de fe, atribuyéndole la categoría de "misterio" a todo lo derivado de lo divino.
    Sin embargo, a pesar de lo anterior y consciente de que han existido hombres con temple de santos que han hecho posible que sucedan hechos extraordinarios como los milagros, estoy convencido de que Dios nos dio muchas lecciones a lo largo de sus años de vida en la tierra personificado en la figura de su hijo, parte indisoluble de la santísima trinidad, con el fin de que tuviésemos la sabiduría necesaria para ver en la vida cotidiana muchas manifestaciones de su presencia a las que podríamos llamarles también milagros cotidianos.
    Estos hechos, a los que les llamamos "suerte", "casualidad", o "coincidencias", no les damos la categoría de "milagros" pues nosotros mismos no nos consideramos dignos de ser vínculos entre Dios y los hombres, cuando debiera ser todo lo contrario, alegrarnos por su presencia y elevar nuestra plegaria al cielo en señal de agradecimiento. ¡Así de simple!
    Hace unos días recibí de un buen amigo, una historia que circula por la red cibernética y cuyo contenido ejemplifica muy bien la forma como suceden todos los días, pequeños milagros cotidianos sin aparente explicación; y al mismo tiempo, nos invita a reflexionar en el hecho de cuantos sucesos somos testigos en nuestra vida diaria y no les atribuimos el rango de milagros. La historia dice así:
    "Mi abuelo amaba la vida especialmente cuando podía hacerle una broma a alguien; hasta que un frío domingo mi abuelo pensó que Dios le había jugado una broma. Entonces no le causó mucha gracia. Él era carpintero y ese día particularmente él había estado en la iglesia haciendo unos baúles de madera para la ropa y otros artículos que enviarían a un orfelinato a China.
    "Cuando regresaba a su casa, metió la mano al bolsillo de su camisa para sacar sus lentes, pero no estaban ahí. Él estaba seguro de haberlos puesto ahí esa mañana, así que se regresó a la iglesia. Los buscó, pero no los encontró. Entonces se dio cuenta de que los lentes se habían caído del bolsillo de su camisa sin él darse cuenta, mientras trabajaba en los baúles que ya había cerrado y empacado. ¡Sus nuevos lentes iban camino a China!
    "Eran años difíciles y mi abuelo tenia seis hijos que mantener y había gastado una buena cantidad en esos lentes. ¡No es justo! Pensó para sí mismo y para Dios al mismo tiempo, mientras manejaba frustrado de regreso a su casa. Yo he hecho una obra buena donando mi tiempo y dinero y ahora esto.
    "Varios meses después, el Director del orfelinato de China estaba de visita en Estados Unidos y quería visitar todas las iglesias que lo habían ayudado cuando meses antes, así que llegó un domingo en la noche a la pequeña iglesia a donde asistía mi abuelo en Chicago. Mi abuelo y su familia estaban sentados entre los fieles, como de costumbre. Fue entonces que el misionero empezó por agradecer a la gente por su bondad al apoyar al orfelinato con sus donaciones.
    "´¡Pero más que nada!´, dijo, ´debo agradecerles por los lentes que mandaron. Verán, los comunistas habían entrado al orfelinato, destruyendo todo lo que teníamos, incluyendo mis lentes. ¡Estaba desesperado! Aún y cuando tuviera el dinero para comprar otros, no había donde y además de no poder ver bien, todos los días tenía fuertes dolores de cabeza, así que mis compañeros y yo estuvimos pidiendo mucho a Dios por esto.
    "Fue entonces que llegaron sus donaciones. Cuando mis compañeros sacaron todo, encontraron unos lentes encima de una de las cajas. El misionero hizo una larga pausa, como permitiendo que todos digirieran sus palabras. Luego, aún maravillado, continuó: ¡Amigos, lo maravilloso es que cuando me puse los lentes, eran como si los hubieran mandado hacer justo para mí! ¡Quiero agradecerles por ser parte de esto!´.
    "Todas las personas escucharon, y estaban contentos por los lentes milagrosos. Pero el misionero debió haberse confundido de iglesia, pensaron. No había ningunos lentes en la lista de productos que habían enviado a China. Pero sentado atrás en silencio, con lágrimas en sus ojos, un carpintero ordinario se daba cuenta de que el Carpintero Maestro lo había utilizado de una manera extraordinaria." (Fin de la historia)
    No hay duda de que Dios tiene una manera muy especial de manifestarse cada día en nuestras vidas, por eso debemos preguntarnos internamente si acaso mucho de lo que hacemos diariamente no son acaso milagros de cada día.

    (JM) Desde la Universidad de San Miguel.
    udesmrector@prodigy.net.mx