Sugey Estrada/Hugo Gómez
Fray Luis de Granada dijo que el corazón del hombre debe albergar tres diferentes tipos de corazones: "para con Dios un corazón de hijos, para con los hombres un corazón de madre, y para con nosotros mismos un corazón de juez".
La fórmula que propone este autor es admirable, si la observáramos nuestras relaciones seguirían cauces muy diferentes, tendríamos paz con nosotros mismos, y una armonía casi perfecta con los demás. Lo lamentable es que generalmente invertimos el orden que propone el autor.
En relación con Dios, dudamos de su existencia y renegamos de su paternidad. No lo consideramos como un ser cercano, sino como alguien lejano y extraño. Nos comportamos como hijos rebeldes, renegados y desobedientes. Y, si Dios no es nuestro padre, los demás tampoco son nuestros hermanos.
En relación con los hombres, en lugar de tener un corazón generoso, misericordioso y fiel, albergamos un corazón de juez. Somos severos con los demás, condenamos, criticamos y murmuramos sin ningún pudor y total arrebato; no hay cabida para la comprensión, conmiseración y recato.
En el tercer tipo de relación desechamos el corazón de juez y lo sustituimos por uno exageradamente maternal, apapachador y permisivo. Toleramos nuestras incongruencias y mostramos una inusual indulgencia para con nuestras fallas. Siempre encontramos razones para justificar nuestro proceder y evitamos cualquier tirantez que nos obligue a abandonar la zona de confort.
Fray Luis fue muy claro en el orden. No se trata de un cambio cosmético o superficial, sino profundo y hasta la raíz. No se requiere un corazón de piedra, sino un corazón de carne, como anticipó el profeta Ezequiel.
"Si la gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?", sentencia un antiguo proverbio chino.
¿Respeto el orden de la tercia de corazones?
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@rodolfodiazf