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"Guadalupe Loaeza: Dice Adriana"

"'Todavía no sé decir si uno escoge las canciones que quiere cantar o uno es escogido por las canciones. Es posible que estos encuentros ocurran de las dos maneras'"

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23/12/2004 00:00

    SinEmabrgo.mx

    Dice Adriana que para entender y tolerar este mundo tan loco, no hay nada como el amor; el amor por la familia y por los amigos. Especialmente por los que ya se fueron, pero que sin embargo, siguen allí, más presentes que nunca. Es, precisamente, a ellos a los que les dedica su más reciente grabación, Aute de Amar. Al evocar al primer ausente, Carlos Díaz "Caíto", Adriana dice: En un ámbito más misterioso, ya lo habrán visto y oído, está Carlos Díaz "Caíto", argentino por nacimiento y mexicano por elección. En su compañía, a la luz de su sonrisa amplia, musical y sabia, viví la aventura de tramar este disco dedicado todo él a la música y a la poesía de Luis Eduardo Aute, otro implicado en esta conjura de las coincidencias. Lo dice tan bonito y con tanto sentimiento, que al escucharla, dan ganas de llorar. No, Adriana, no te pongas triste. Recuerda lo que te decía "Caíto" cantando: Tu voz resucita mis músculos dormidos, mis latidos sepultados. Tenía razón "Caíto", hay algo en la voz de Adriana Landeros que tiene el poder de resucitar el corazón y las ganas de vivir. Por eso, en estos días tan fríos, hay que escucharla, pero para ellos, primero hay que comprar sus disco. Un disco precioso. Un disco que le canta a los amores y a los humores y cuyo refugio natural son las comisuras de los labios, los ojos, los brazos, las piernas, como dice Germán Dehesa en su texto de presentación. Dice Adriana que el segundo ausente que extraña, es a Mauricio Achar, su cálido amigo, un personaje que amaba los libros y cuyo único objetivo en su corta vida, era que los demás leyeran. También a él le canta en su disco Aute de Amar y cuyas algunas de sus canciones están dedicadas a Aute. Para ello, tuvimos que atraparlo. No fue nada fácil, ya que el compositor tiene la mala costumbre de abominar a sus intérpretes. Cuando vino a México, "Caíto" y yo lo emboscamos, lo esperamos, lo capturamos y ya sedado, lo conducimos al estudio de grabación. Y en el momento, en que Luis Eduardo Aute, el infernal anarquista inmóvil, como lo llamaba "Caíto", estaba flojito, flojito, accedió, finalmente, grabar tres canciones tiene con ellos. Dice Adriana que le está muy agradecida, pero que más le agradece a "Caíto", porque él fue el que les enseñó a Ernesto Anaya y a ella, a cantar a la belleza; a soñar entre un mar de girasoles y a buscar un Giraluna que velara y desvelara cada noche la otra cara de la luna, como dice la canción. He de confesar que cuando escucho a "Caíto" y a Aute, cantar juntos Giraluna, siento rete bonito, como que me dan ganas de llorar, pero también de abrazar a todo el mundo. Lo que sucede es que como Adriana, sin haber sido tan amigos, también yo lo extraño. Lo conocí una noche, en la Planta de Luz. Recuerdo que su voz me sedujo de inmediato. Al terminar el espectáculo, cuando me lo presentó Germán, tuve la impresión de que ya lo conocía, me pareció tan familiar. Lo que sucede es que "Caíto" era muy sencillo, pero sobre todo, amigable. Un día me mandó una carta. Era a propósito de una serie de textos dedicados a la vida de Evita Perón. Muchos de ellos, estaban escritos en un tono un poquito burlón. Quiero que sepa que Eva Perón, le dio su primera máquina de coser a mi madre, gracias a la cual pudo trabajar y alimentar a su familia. Además, ella me dio personalmente, mi primer par de zapatos y una beca para asistir a la escuela. Me gustó que después de tantos años, fuera tan agradecido. A partir de ese día, empecé a comprar muchos discos de "Caíto". Dice Adriana que: Pocos son los que pueden decir que jamás han sido tratados con alevosía. Pero, según veo yo las cosas, hay de alevosías a alevosías. Un daño alevoso es doblemente perjudicial y grave; pero si es el amor el que nos sorprende con toda alevosía y hace de nosotros lo que quiere y no descansa hasta vestirnos de besos y convencernos de que nos va la vida en ello; si esto ocurre no queda más que decir: bendita alevosía y preguntar: ¿en qué otros colores viene?. Cada vez que me amas, o amamos, o aceptamos ser amados, nos rendimos al amor que nos trata con alevosía... Tiene razón. Qué sabia es esta mujer que sabe cantar con el alma y con su mirada tan dulce. Hace muchos años, en una época en la que vivía desesperadamente el desamor, después de oír uno de sus discos titulado Ay, Amor, de pronto tuve deseos de mandarle flores. Así lo hice. Al otro día le compré tres docenas de alcatraces y en una tarjetita blanca, le escribí: Gracias Adriana... Sin saberlo, ayer por la noche, me acompañaste con una generosidad inusitada... Dice Adriana que a estas alturas de su vida: ya durable y tenaz pasión por cantar, todavía no sé decir si uno escoge las canciones que quiere cantar, o uno es escogido por las canciones. Es posible que estos encuentros ocurran de las dos maneras, aunque la más gozosa es la segunda. De pronto, por ahí anda agazapada una canción que espera nuestro primer descuido para apoderarse de nuestra garganta y crecer rumbo al corazón para desde ahí disiparse por la piel. Puede ser una canción de Rosita Quintana y "Caíto", alguna de Lara y muchas, muchísimas de Luis Eduardo Aute. También dice que muchas de las canciones del disco pudieron haber venido de cerca o de lejos: Así pasa con los señores, pero que, al menor descuido, se posesionan de nuestro cuerpo y cuando digo cuerpo, digo ser Ay, Adriana, cuántas cosas ciertas dices. Cuántas canciones tan bonitas cantas y cuánto has de extrañar a tu amigo y compañero de trabajo por más de 17 años, "Caíto". ¿Sabes qué? Cuando te fui a escuchar a la Planta de Luz, hace apenas tres semanas, me hiciste llorar. Era la última presentación de tu disco. Esa noche, todos estaban tristes, los técnicos, los músicos, el de la luz, los meseros, el de la caja y también los del estacionamiento de Plaza Loreto. Pero, sin duda, la más triste, eras tú. Era normal. Esa noche la ausencia de "Caíto", se había hecho más presente que nunca. Conmovida como estabas dijiste: Alguien que canta tan sabroso y que desde su garganta se juega entero y dice "Me va la vida en ello" habrá de perdurar y estoy segura, en esta vida el calor de "Caíto" aquí ha estado. No es fácil de explicar la feliz melancolía, pero cuando está el amor de por medio es perfectamente factible. Por último, y antes de desearles una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo, permítanme , mis queridas y queridos lectores, recomendarles este maravilloso disco: El Aute de Amar. El 25 de diciembre en la madrugada, cuando ya se hayan ido todos los invitados y tenga usted una que otra copita, siéntese muy cerquita de su aparato de música. Respire hondo y profundo. Y enseguida empiece a cantar junto con Aute, Adriana y "Caíto". Le recomendamos que cante en especial la última canción del disco, titulada Aleluya. Estoy segura, conforme vayan entonándola, por ejemplo la segunda estrofa, que dice: Una cara del espejo. Una cruz de su reflejo. Unos ángeles sin alas. Unas nubes como balas. El perdón de los pecados. Unos pies que están clavados. ¡¡¡Aleluuuuuya!!!... La nostalgia de un latido. Un amor que se ha perdido... Una vez que hayan terminado, apague su aparato de música. Respire hondo y profundo. Y haga el amor con absoluta alevosía... Ya verá que con esta receta empezará el año, con entusiasmo y alegría, pero sobre todo, con mucho amor y paz.