BELIZARIO REYES /VERENICE PERAZA
Los acontecimientos en Siria y alrededor de Siria borraron de la actualidad a Egipto y Turquía. Un giro despótico ha marcado los últimos años del gobierno de Erdogan, al grado que el malestar ha estallado en las calles, manifestando una amplia y variopinta oposición fuera del Parlamento. No se puede hablar de una primavera turca, pero el liderazgo islamista ha dejado de ser indiscutible. La reacción muy violenta de las fuerzas del orden bien podría ser una prueba de la debilidad de un poder autoritario que se creía todopoderoso.
Orhan Pamuk, premio Nobel de literatura 2006, escribió, después de los acontecimientos alrededor de la plaza Taksim, que la actitud insensible y represiva del gobierno expresaba la deriva despótica del régimen y que "la situación de los derechos del hombre en Turquía no ha sido jamás tan lamentable como en los últimos 10 años. Pero recobro la esperanza al ver que el pueblo de Estambul está muy decidido a reivindicar su derecho a manifestarse, y sus recuerdos, en la plaza Taksim, memoria de una ciudad". (Le Monde, 7 de junio de 2013: 18).
El proyecto de destrucción del parque, para construir un centro comercial en forma de cuartel otomano y una mezquita, despertó una nueva conciencia crítica contra el carácter insaciable de la especulación inmobiliaria y del poder de Erdogan. El Primer Ministro ha sido víctima de su propio éxito; personalizando el Estado, afirmando su voluntad de durar hasta 2023, siendo omnipresente en la televisión y los medios, ha logrado finalmente cristalizar todos los agravios contra él. Los analistas se preguntan cuál fue la naturaleza de la protesta. ¿Algo semejante a un indignado movimiento estudiantil sin porvenir? ¿Algo más? ¿Qué reclamaban los manifestantes exasperados por la destrucción del último espacio verde de la gran ciudad, y por la represión? ¿El fin del puritanismo religioso en marcha; el regreso al modelo kemalista; una verdadera democracia respetuosa de las libertades? La literatura turca reciente (leída en traducciones al francés, inglés, español y alemán) ayuda a entender las manifestaciones del pasado mes de junio. También el excelente libro de nuestro colega turco disidente, residente en París, Hamit Bozarslan: Histoire de la Turquie de l' Empire à nos jours (Tallandier, París, 2013). Celebridades internacionales, como el abuelo Yashar Kemal y el Nobel Pamuk, o escritores menos conocidos pero no menos valiosos, muchos autores se han comprometido en la crítica al régimen islamista. "Señor primer ministro. Le suplico. Abandone sus discursos coléricos. ¡Párele ahora! A causa de los tweets que le mando, no puedo escribir. La nación espera una novela". Con este sentido del humor, Ahmet Umit, autor de Asesinar al sultán, interpela a Recep Erdogan.
Ahmet Altan, autor de Como la herida causada por un sable, partidario de Erdogan hasta el año pasado, declara: "Hace 80 años que Turquía vivía bajo la tutela militar. Ayudamos a mover la roca que cerraba el paso al río de la democracia. ¿Abrimos la vía a Erdogan? Claro. Él no quiere modificar el sistema político, sino controlarlo. Es un kemalista religioso. Se volvió como los generales golpistas, con la misma violencia, las mismas teorías conspirativas, el mismo odio a la oposición, la misma arrogancia. Pero su poder autoritario es una roca más pequeña, más fácil de mover".
Murathan Mungan, poeta, novelista, dramaturgo, participó a la protesta desde el primer día: "Se veía a gentes irreconciliables plantar su tienda y vigilar juntos, era mágico, era un taller de trabajo sobre la empatía. Los de menos de 30 años, nacidos después del golpe de Estado de 1980, y sus mayores que habían dejado toda esperanza y cuyo rostro se iluminó de repente(...) ¡Ojalá y la gente de gobierno pudiese leer a Shakespeare! De haber leído Ricardo III, todo eso no hubiera ocurrido".
jean.meyer@cide.edu
Profesor e investigador del CIDE