"Tres veces por lo menos impidió que Beltrán Leyva fuera detenido"
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El Maestro Garay Cadena y su jefe
El Maestro en Derecho Víctor Gerardo Garay Cadena hizo una carrera de dieciséis años en actividades policíacas, al cabo de la cual llegó a ser Jefe, Comisionado es el titulo oficial, de la Policía Federal Preventiva.
En su trayecto contó siempre con el apoyo y la confianza de Genaro García Luna, hoy Secretario de Seguridad Pública. Garay Cadena no pertenece más a las corporaciones en que su amigo ha tenido mando.
Ahora está preso en un Penal federal, procesado por delincuencia organizada agravada, robo específico y abuso de autoridad. Se le reprochan penalmente sus vínculos con Arturo Beltrán Leyva, uno de los principales narcocapitanes.
Nacido en 1970, Garay Cadena cursó una licenciatura en Administración, y a los 22 años se improvisó Agente en el Centro de Investigación en Seguridad Nacional, al que García Luna había ingresado tres años atrás.
Allí permanecieron hasta 1998, en que pasaron a la plantilla fundadora de la Policía Federal Preventiva, García Luna, como Coordinador general de Inteligencia, llegó a ser el segundo en la nueva corporación dirigida por Wilfrido Robledo.
A su vez, Garay Cadena actuó como Subdirector de Operaciones Especiales hasta 2002. En ese año, su amigo se había ya convertido en Director general de la Agencia Federal de Investigaciones, cargo en que se mantuvo no obstante acusaciones formales en su contra, presentadas por los secretarios de la Contraloría y de Seguridad Pública del Gabinete de Vicente Fox, pues contó con el apoyo del Procurador, General Rafael Macedo de la Concha.
Garay Cadena llegó a la AFI donde fue Director General de Intercepción. Y siempre en la cercanía de García Luna, retornó a la PFP cuando su amigo ascendió a Secretario de Seguridad Pública.
En esa corporación fue Coordinador de la División Antidrogas, y en mayo pasado se le confió la Jefatura de toda la Corporación. Se le nombró Comisionado interino en sustitución de Edgar Eusebio Millán, también amigo de García Luna, que fue asesinado presumiblemente por miembros de la misma corporación que dirigía.
Medio año ejerció Garay Cadena esa jefatura. A fines de octubre la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, lo llamó a declarar porque se le involucraba en acciones delictuosas que comenzaron a salir a la luz pública, unos días atrás, a partir de sendas operaciones contra el narcotráfico que produjeron, una, la detención de Jesús Zambada, "El Rey", que reveló la red de sus relaciones con la autoridad.
La otra, en cambio, no pudo impedir la fuga de Harold Poveda, apodado "El Conejo", un importante narcotraficante colombiano.
Tras su comparecencia ante la SIEDO, Garay Cadena renunció a su puesto, el primero de noviembre. Lo avisó en conferencia de prensa en que se mostró confiado y digno: "Durante el tiempo en que presté mis servicios a esta institución lo hice con profesionalismo, legalidad y eficacia", dijo.
Añadió que "durante quince años me he dedicado con profunda convicción al servicio de la seguridad del país, y con la misma convicción me separo del cargo para despejar cualquier duda sobre mi persona". Y concluyó: "Mi familia y yo estamos tranquilos, con la plena seguridad de que mi desempeño en la Policía Federal Preventiva fue el adecuado".
No opinó lo mismo la PGR, sin embargo. Con base en testimonios de agentes subordinados del Maestro Garay Cadena, solicitó una orden para arraigar al hasta entonces jefe de la PFP.
Y después obtuvo una de aprehensión en su contra, en función de la cual está siendo procesado. A partir de las indagaciones ministeriales ha podio saberse, con la calidad de presunción que tienen las informaciones recabadas en las averiguaciones previas, que no sólo ha estado al servicio de Beltrán Leyva, sino que protagonizó un episodio entre grotesco y terrible, que explica en buena medida el fracaso de la política de seguridad pública, y de la dependencia encargada de aplicarla.
Tres veces por lo menos Garay Cadena impidió que Beltrán Leyva fuera detenido. En diciembre de 2007, como Coordinador de la División Antidrogas, evitó que culminara una operación montada por Roberto Velasco, Director de Combate a las Drogas de la propia PFP, quien se contrarió porque su superior ordenó desmontar el mecanismo que hubiera permitido detener al narcotraficante en una casa del Pedregal de San Ángel, en el Distrito Federal.
Meses después Velasco fue asesinado. Antes, con la certidumbre de que no se encontraría allí a su protegido, Garay Cadena encabezó una incursión a aquel domicilio, en el que se habría apoderado de una importante cantidad de dinero, joyas y hasta un lingote de oro con las iniciales de Beltrán Leyva.
De seguro creyente de la definición presidencial sobre el combate a la delincuencia organizada, Garay Cadena calificó de "botín de guerra" los bienes de que ilegalmente se hizo entonces.
En mayo siguiente, también ordenó frenar una operación que, en el Estado de Morelos, hubiera conducido a aprehender al narcotraficante. Y repetiría la faena, ya en su papel de Comisionado interino de la PFP, en septiembre pasado, cuando se abstuvo de activar el dispositivo preparado para apresar a Beltrán Leyva, invitado a una fiesta de bautizo en Huixquilucan.
Quizá para desvanecer las sospechas de sus subordinados, algunos de los cuales se extrañaban del proceder del Maestro, su jefe ante las andanzas del delincuente sinaloense, o tal vez porque había ya mutado sus lealtades, Garay Cadena encabezó una operación que fue presentada, así por la SSP el 19 de octubre, hace dos meses: "En el marco de las acciones realizadas por el Gobierno federal en contra de la delincuencia organizada, la Policía Federal, en colaboración con la PGR, detuvo a 24 personas, en su mayoría de origen colombiano, integrantes de una organización dedicada al tráfico de drogas y lavado de dinero, vinculada con la organización de Arturo Beltrán Leyva, alias 'El Barbas', en la Ciudad de México, el pasado 18 de octubre".
Tras subrayar la importancia de algunos de los detenidos, el boletín concluía con un párrafo digno de ser leído acompañado de fanfarrias: "Con estas acciones, el Gobierno federal refrenda su compromiso de combatir el delito en todas sus manifestaciones, para proteger y servir a la comunidad".
La realidad era muy otra, según testimonios de algunos de los detenidos entonces, y de agentes que participaron en la operación. El 16 de octubre, y no el 18 como se dijo para disfrazar lo ocurrido, al frente de su gente, Garay Cadena ingresó con violencia a una estrambótica residencia en el Desierto de los Leones, que incluía finos animales en cautiverio. Se efectuaba allí la fiesta de cumpleaños de Harold Poveda, "El Conejo", al que deliberadamente se permitió escapar.
En su lugar, como protagonista del convivio quedó el propio jefe policiaco. El diario Reforma, que a partir de constancias ministeriales, reconstruyó los hechos, los sintetizó de este modo en su información principal del 13 de diciembre: "Víctor Gerardo Garay, entonces Comisionado de la Policía Federal Preventiva, pasó a la sala de cine de la mansión del Desierto de los leones.
"Junto con su subordinado, Francisco Navarro, alineó a 30 mujeres y seleccionó a cuatro. Ordenó prender la caldera del jacuzzi, pidió cocaína para las muchachas y cerró la puerta de la sala. Comenzó su fiesta".
El festejo del Maestro Garay Cadena, además de su propio placer, incluyó maltrato a los detenidos, el robo de medio millón de dólares, reunidos en visitas realizadas a siete domicilios de los circunstantes, mientras duraba la operación, todo el jueves 16, realizadas por los comandantes Francisco Navarro y Edgar Bayardo, que después depusieron contra su jefe, y hasta el apoderamiento de un bulldog, que Garay Cadena ordenó poner en su camioneta blindada envuelto en una sábana.
Tan cercano personal y funcionalmente al Secretario García Luna, es difícil que Garay Cadena ocultara esa fase de su personalidad a su jefe y amigo quien, sin embargo, no ha externado su parecer sobre esos hechos.
Se muestra frente a ellos como si le fueran ajenos, salvo porque ha designado a un nuevo comisionado de la PFP, en cuya hoja de servicios hay una tachadura por un delito que presuntamente cometió, siendo delegado de la PGR en Sinaloa. Impasible, García Luna sigue gozando de la confianza presidencial.
El pasado presente
El 14 de diciembre de 2007, hace una semana se cumplió un año del suceso, Luis Carlos Ugalde renunció a la presidencia del Instituto Federal Electoral, antes de que lo destituyera una reforma legal que estaba por entrar en vigor.
Cuestionado por su modo personal de conducir el proceso electoral de 2006, especialmente por su indebida declaración de triunfo a favor de Felipe Calderón, que ni le incumbía ni estaba certificada, se previó que con la mayoría de los Consejeros electorales concluyera su función anticipadamente.
He aquí su visión sobre lo ocurrido en esa fecha, que forma parte de su libro Así lo viví, en circulación desde octubre pasado: "Eran las 2:25 horas de la tarde, del viernes 14 de diciembre de 2007.
Habían pasado cuatro años y seis semanas desde que, el 31 de octubre de 2003, la Cámara de Diputados me había designado Consejero presidente del Instituto Federal Electoral.
Ahora estaba a punto de concluir uno de los pasajes más interesantes de mi vida profesional; antes, a punto de iniciarlo. Afuera, los medios de comunicación aguardaron el mensaje que se había anunciado para esa tarde.
Nadie sabía qué contenía y las especulaciones aumentaban: renuncia, se queda, se ampara. En mi oficina había dilación, porque antes de salir a los medios, debía enviar mi renuncia por escrito a todos los integrantes del Consejo general, y mis asesores y el director jurídico del IFE, Rolando de Lassé, afinaban el texto.
"El día anterior había recibido una llamada de Héctor Larios, Coordinador de los diputados del Partido Acción Nacional: Te llamo para darte una mala noticia.
La elección de los nuevos Consejeros se pospone hasta febrero. El PRD está en una posición maximalista y no se logró un acuerdo.
"Se trataba, en efecto, no sólo de una mala noticia, sino de una violación al artículo cuatro transitorio del decreto de reforma constitucional, que el Congreso había aprobado, el cual establecía que, a más tardar el 13 de diciembre, es decir el día anterior, la Cámara de diputados elegiría a un nuevo Consejero presidente, como parte de la renovación, llamémosla remoción, del Consejo General del IFE.
No compartí las motivaciones del Poder Legislativo pero, una vez promulgada, acate la decisión y me aboqué al cambio, mandatado: Acta de Entrega Administrativa, elaboración de un libro blanco para el nuevo Presidente, en el que se exponían los asuntos urgentes del IFE, renuncias de mis más cercanos colaboradores.
"Pero más importante aún era que la incertidumbre que el IFE había vivido, en los 17 meses previos ya era insostenible. El Instituto y los consejeros habíamos vivido amenazados.
Desde el 3 de julio de 2006, el Partido de la Revolución Democrática, había acusado a la Institución de haber cometido fraude y demandadó nuestra remoción.
Manlio Fabio Beltrones, líder de los Senadores del Partido Revolucionario Institucional, había secundado la petición de remoción 'para recobrar la confianza en el IFE'. La amenaza creció a principios de 2007, y se acentuó con la discusión de la Reforma electoral, en el verano de ese año.
En el contexto, la labor de los consejeros, y de mi persona, no sólo era compleja sino también incómoda
"Esa mañana, a solicitud mía, platiqué con el Presidente Felipe Calderón, Habiendo tenido diferencias con él en torno a su aceptación para remover a los consejeros electorales, muchas de las cuales fueron públicas, me parecía que mi responsabilidad como titular de un organismo autónomo del Estado mexicano exigía despedir y describir el estado que guardaba la institución.
"Apenas nos habíamos sentado en la sala de su despacho, el Presidente Calderón, en tono respetuoso, me dijo que en su opinión debía permanecer al frente del IFE.
Expuso que ante la falta de consenso para nombrar a los nuevos consejeros, él prefería que continuara en el cargo. Calderón y el PAN padecían las tácticas dilatorias del sector radical del PRD.
López Obrador había guardado silencio cuando se aprobó la Reforma electoral en septiembre, que contenía muchas de sus demandas, pero en diciembre, cuando se debía nombrar a los nuevos consejeros y, simbólicamente entregarle nuestras cabezas, descalificó el proceso de nombramiento diciendo, al igual que lo hicieron años antes, en 2003, que era una confabulación del PRIAN y la oligarquía.."
Después de escuchar a Calderón, Ugalde respondió: "Señor Presidente, usted sabe lo que significa la dignidad para la vida de las instituciones y de quienes las encabezan.
"Usted mismo ha actuado siempre con ese valor y sabe lo que representa. Cuando se acaba la dignidad uno no puede desempeñar su trabajo con pasión y entrega".
"Sin dignidad, las instituciones pierden. Si salgo con dignidad del IFE, cuido a la institución. Si lo hago de manera indigna, la institución padece.
"Por ello, señor Presidente, espero que entienda y comparta mi decisión de renunciar"
Y así lo hizo horas después, ese catorce de diciembre...