tenemos esperanza!
Con esa consigna que la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, mantuvo durante más de un mes allá en la zona serrana de Rosario, ayer concluyó uno de los operativos más amplios de búsqueda que ha registrado de manera ininterrumpida la industria minera en México... y fue en tierra sinaloense.
El accidente en la mina Santa Fe, en el sur de Sinaloa, dio pie a un operativo de búsqueda, rescate y recuperación de cuatro mineros que quedaron atrapados desde el 25 de marzo, y que ayer, tras 33 días, es decir, 783 horas, concluyó con el hallazgo del cuerpo del último minero.
Fue hace poco más de un mes, el 25 de marzo de 2026, que el municipio de Rosario, Sinaloa, se convirtió en el epicentro de una tragedia que puso a prueba la voluntad del Estado y la resistencia de las familias mineras.
Tras el colapso en la mina Santa Fe, cuatro trabajadores quedaron atrapados, sin embargo, a diferencia de otros capítulos más oscuros de la minería mexicana, la consigna esta vez fue clara: nadie se queda atrás.
Lo ocurrido en Rosario no fue una labor de búsqueda común: fue una batalla contra el tiempo y la geografía. Durante 33 días ininterrumpidos, un contingente de más de 300 elementos de la Sedena, Semar, Protección Civil y la CFE, junto a brigadistas especializados y de empresas privadas, no detuvo la maquinaria ni un solo segundo.
El rescate de la esperanza se registró tras las primeras jornadas, cuando lograron rescatar con vida a José Alejandro Cástulo y, posteriormente, a Francisco Zapata Nájera, quien sobrevivió 13 agónicos días prácticamente con el agua al cuello.
Luego el destino cambió el 8 de abril, pero vino la recuperación digna del cuerpo de Abraham Aguilera, el tercer minero. El esfuerzo no flaqueó y ayer lunes 27 de abril localizaron el cuerpo de Leandro Isidro Beltrán, cerrando así el ciclo de búsqueda.
Dentro del dolor de los familiares, por lo menos queda la certeza de que se trabajó de manera incansable para recuperar a los cuatro mineros.
Es importante señalar esto, pues en la minería mexicana está el oscuro capítulo de lo ocurrido en Pasta de Conchos, en Coahuila, en 2006, donde con apenas cinco días de búsqueda dejaron a 63 mineros sepultados tras una explosión en la mina.
Luego de tres décadas de lucha de los familiares, la herida persiste, pues tuvieron que acudir a instancias incluso internacionales para que se siguiera buscando a los mineros, y aún ahora, hace unas semanas, se continúan recuperando cuerpos.
Por eso, resulta imposible no mirar hacia el pasado y contrastar esta labor en Sinaloa con la tragedia de Pasta de Conchos. Al menos aquí el esfuerzo fue permanente, la persistencia y la tenacidad arrojaron sus frutos.
Mientras que en Pasta de Conchos las familias han tenido que esperar décadas para que se retome la recuperación de restos, en Sinaloa se movilizaron buzos, perforadoras de última generación y equipos de bombeo masivo desde el primer instante.
El caso de Rosario deja claro que la vida y la dignidad de los cuerpos debe estar por encima de los costos operativos, una lección que en 2006 fue ignorada por intereses empresariales y gubernamentales.
La mina Santa Fe quedará marcada por la tragedia, pero también por un precedente necesario: la demostración de que, cuando existe la voluntad política y humana, es posible evitar que el subsuelo mexicano sea un cementerio de olvido. Hoy, las familias de los mineros pueden llorar a sus muertos o abrazar a sus sobrevivientes, pero tienen la certeza de que no fueron dejados a la deriva.
autoridades callan
En Sinaloa pasa algo curioso: puedes llenar el estado de bardas pintadas, aparecer en eventos, multiplicarte en redes sociales, posicionar nombre e imagen durante meses... y aun así las autoridades electorales pueden concluir, con toda seriedad institucional, que no ven campaña anticipada por ningún lado.
El Instituto Electoral del Estado de Sinaloa volvió a exonerar a Imelda Castro tras las quejas presentadas por PAN y Movimiento Ciudadano. Después de una sentencia que le ordenó reponer diligencias e investigar mejor, el IEES regresó al mismo punto de partida: aquí no pasó nada.
Y ese es justamente el problema.
Porque si después de revisar 127 eventos, 444 imágenes, 111 bardas y 21 materiales audiovisuales, la autoridad no encuentra indicios suficientes de promoción adelantada, entonces una de dos: o la ley electoral está hecha para no servir, o el árbitro decidió no mirar donde todos están viendo.
Morena ha perfeccionado una estrategia nacional: adelantar posicionamientos personales bajo el disfraz de “informes”, “asambleas”, “encuentros ciudadanos” o simples ejercicios de presencia pública. No piden el voto de forma explícita, porque saben que la simulación ya está normalizada. Basta con inundar el espacio público con rostros, nombres y mensajes calculados para instalar candidaturas antes de los tiempos legales.
Y mientras eso ocurre, las autoridades electorales parecen atrapadas en una interpretación infantil de la ley: si no dijeron literalmente “vota por mí”, entonces no hay campaña. Como si la propaganda política en 2026 siguiera funcionando con megáfono y volante.
La realidad es otra. Hoy las campañas anticipadas se construyen con narrativa, repetición de imagen, bardas estratégicamente colocadas y presencia permanente. Negarlo no es rigor jurídico: es complicidad pasiva.
Tampoco se salva la Oposición. PAN y Movimiento Ciudadano denuncian, sí, pero muchas veces lo hacen más por cálculo mediático que por convicción democrática. Señalan lo que Morena hace hoy, aunque cuando tuvieron poder también aprovecharon vacíos legales y autoridades cómodas.
Lo más delicado no es el caso de una Senadora o una Diputada. Lo grave es el mensaje institucional: en Sinaloa se puede tensar la ley hasta el límite sin consecuencias. Se puede colonizar el espacio público antes de las campañas y después alegar inocencia técnica.
Si el IEES necesita una confesión firmada para reconocer actos anticipados, entonces dejó de ser árbitro para convertirse en notario de simulaciones.
Y cuando el árbitro se acostumbra a validar trampas elegantes, la democracia deja de competir en cancha pareja. Empieza a jugarse en bardas, en recursos opacos y en silencios oficiales.
¡FOUL!... Por enésima vez, el IEES da revés a la demanda de Acción Nacional y Movimiento Ciudadano que acusaban a la Senadora Imelda Castro de hacer campaña adelantada... ¡un día después del mitin con Noroña!
tenemos esperanza!
Con esa consigna que la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, mantuvo durante más de un mes allá en la zona serrana de Rosario, ayer concluyó uno de los operativos más amplios de búsqueda que ha registrado de manera ininterrumpida la industria minera en México... y fue en tierra sinaloense.
El accidente en la mina Santa Fe, en el sur de Sinaloa, dio pie a un operativo de búsqueda, rescate y recuperación de cuatro mineros que quedaron atrapados desde el 25 de marzo, y que ayer, tras 33 días, es decir, 783 horas, concluyó con el hallazgo del cuerpo del último minero.
Fue hace poco más de un mes, el 25 de marzo de 2026, que el municipio de Rosario, Sinaloa, se convirtió en el epicentro de una tragedia que puso a prueba la voluntad del Estado y la resistencia de las familias mineras.
Tras el colapso en la mina Santa Fe, cuatro trabajadores quedaron atrapados, sin embargo, a diferencia de otros capítulos más oscuros de la minería mexicana, la consigna esta vez fue clara: nadie se queda atrás.
Lo ocurrido en Rosario no fue una labor de búsqueda común: fue una batalla contra el tiempo y la geografía. Durante 33 días ininterrumpidos, un contingente de más de 300 elementos de la Sedena, Semar, Protección Civil y la CFE, junto a brigadistas especializados y de empresas privadas, no detuvo la maquinaria ni un solo segundo.
El rescate de la esperanza se registró tras las primeras jornadas, cuando lograron rescatar con vida a José Alejandro Cástulo y, posteriormente, a Francisco Zapata Nájera, quien sobrevivió 13 agónicos días prácticamente con el agua al cuello.
Luego el destino cambió el 8 de abril, pero vino la recuperación digna del cuerpo de Abraham Aguilera, el tercer minero. El esfuerzo no flaqueó y ayer lunes 27 de abril localizaron el cuerpo de Leandro Isidro Beltrán, cerrando así el ciclo de búsqueda.
Dentro del dolor de los familiares, por lo menos queda la certeza de que se trabajó de manera incansable para recuperar a los cuatro mineros.
Es importante señalar esto, pues en la minería mexicana está el oscuro capítulo de lo ocurrido en Pasta de Conchos, en Coahuila, en 2006, donde con apenas cinco días de búsqueda dejaron a 63 mineros sepultados tras una explosión en la mina.
Luego de tres décadas de lucha de los familiares, la herida persiste, pues tuvieron que acudir a instancias incluso internacionales para que se siguiera buscando a los mineros, y aún ahora, hace unas semanas, se continúan recuperando cuerpos.
Por eso, resulta imposible no mirar hacia el pasado y contrastar esta labor en Sinaloa con la tragedia de Pasta de Conchos. Al menos aquí el esfuerzo fue permanente, la persistencia y la tenacidad arrojaron sus frutos.
Mientras que en Pasta de Conchos las familias han tenido que esperar décadas para que se retome la recuperación de restos, en Sinaloa se movilizaron buzos, perforadoras de última generación y equipos de bombeo masivo desde el primer instante.
El caso de Rosario deja claro que la vida y la dignidad de los cuerpos debe estar por encima de los costos operativos, una lección que en 2006 fue ignorada por intereses empresariales y gubernamentales.
La mina Santa Fe quedará marcada por la tragedia, pero también por un precedente necesario: la demostración de que, cuando existe la voluntad política y humana, es posible evitar que el subsuelo mexicano sea un cementerio de olvido. Hoy, las familias de los mineros pueden llorar a sus muertos o abrazar a sus sobrevivientes, pero tienen la certeza de que no fueron dejados a la deriva.
autoridades callan
En Sinaloa pasa algo curioso: puedes llenar el estado de bardas pintadas, aparecer en eventos, multiplicarte en redes sociales, posicionar nombre e imagen durante meses... y aun así las autoridades electorales pueden concluir, con toda seriedad institucional, que no ven campaña anticipada por ningún lado.
El Instituto Electoral del Estado de Sinaloa volvió a exonerar a Imelda Castro tras las quejas presentadas por PAN y Movimiento Ciudadano. Después de una sentencia que le ordenó reponer diligencias e investigar mejor, el IEES regresó al mismo punto de partida: aquí no pasó nada.
Y ese es justamente el problema.
Porque si después de revisar 127 eventos, 444 imágenes, 111 bardas y 21 materiales audiovisuales, la autoridad no encuentra indicios suficientes de promoción adelantada, entonces una de dos: o la ley electoral está hecha para no servir, o el árbitro decidió no mirar donde todos están viendo.
Morena ha perfeccionado una estrategia nacional: adelantar posicionamientos personales bajo el disfraz de “informes”, “asambleas”, “encuentros ciudadanos” o simples ejercicios de presencia pública. No piden el voto de forma explícita, porque saben que la simulación ya está normalizada. Basta con inundar el espacio público con rostros, nombres y mensajes calculados para instalar candidaturas antes de los tiempos legales.
Y mientras eso ocurre, las autoridades electorales parecen atrapadas en una interpretación infantil de la ley: si no dijeron literalmente “vota por mí”, entonces no hay campaña. Como si la propaganda política en 2026 siguiera funcionando con megáfono y volante.
La realidad es otra. Hoy las campañas anticipadas se construyen con narrativa, repetición de imagen, bardas estratégicamente colocadas y presencia permanente. Negarlo no es rigor jurídico: es complicidad pasiva.
Tampoco se salva la Oposición. PAN y Movimiento Ciudadano denuncian, sí, pero muchas veces lo hacen más por cálculo mediático que por convicción democrática. Señalan lo que Morena hace hoy, aunque cuando tuvieron poder también aprovecharon vacíos legales y autoridades cómodas.
Lo más delicado no es el caso de una Senadora o una Diputada. Lo grave es el mensaje institucional: en Sinaloa se puede tensar la ley hasta el límite sin consecuencias. Se puede colonizar el espacio público antes de las campañas y después alegar inocencia técnica.
Si el IEES necesita una confesión firmada para reconocer actos anticipados, entonces dejó de ser árbitro para convertirse en notario de simulaciones.
Y cuando el árbitro se acostumbra a validar trampas elegantes, la democracia deja de competir en cancha pareja. Empieza a jugarse en bardas, en recursos opacos y en silencios oficiales.
¡FOUL!... Por enésima vez, el IEES da revés a la demanda de Acción Nacional y Movimiento Ciudadano que acusaban a la Senadora Imelda Castro de hacer campaña adelantada... ¡un día después del mitin con Noroña!