Otra carta con incógnita
La renuncia de Feliciano Castro Meléndrez a la Secretaría de Economía abre una nueva etapa en su carrera política, pero también revive una pregunta inevitable: ¿con qué capital político pretende construir una candidatura de elección popular?
En la política sinaloense nadie llega a una boleta únicamente por sus méritos personales. También carga con los aciertos, errores y desgastes del grupo al que pertenece. Y en ese sentido, Castro Meléndrez enfrenta un problema evidente: su imagen está estrechamente ligada a la administración de Rubén Rocha Moya.
Durante los últimos años, Feliciano fue una de las figuras más visibles y leales del rochismo. Primero desde la Secretaría General de Gobierno y después en la Secretaría de Economía. Fue, en los hechos, uno de los principales operadores políticos del Gobierno estatal y uno de sus defensores más constantes.
Por eso resulta difícil imaginar una candidatura construida bajo la premisa de renovación o cambio. ¿Cómo deslindarse de un gobierno al que defendió todos los días? ¿Cómo presentarse como una alternativa cuando formó parte del círculo más cercano al poder?
Más allá de las simpatías o antipatías que pueda generar, el desafío político es enorme. La administración estatal ha enfrentado cuestionamientos, crisis de seguridad y un desgaste que se refleja en la conversación pública. En ese contexto, cualquier aspiración electoral de quienes fueron sus principales rostros carga inevitablemente con esa factura.
La renuncia puede ser el primer movimiento de una estrategia política. Lo que no está claro es si existe un electorado dispuesto a separar a Feliciano Castro del proyecto político que representó durante años.
Porque en política no basta con cambiar de oficina. A veces el problema es que el perfume del poder se queda impregnado mucho después de abandonar el cargo.
Los niños en la nota roja
Hubo un tiempo en que la presencia de un niño en una nota policiaca era excepcional. Hoy, cuando ocurre, la noticia dura apenas unas horas antes de ser desplazada por la siguiente.
En los últimos días, varios menores han aparecido en los reportes de violencia en Culiacán, no como testigos ni como familiares de las víctimas, sino como víctimas.
Lo llamativo no es únicamente la frecuencia, también es la ausencia de conversación pública alrededor del tema.
La clase política local suele encontrar espacio para pronunciarse sobre casi cualquier asunto: elecciones, obras, programas, disputas partidistas, pero cuando los afectados son niños alcanzados por la violencia, las reacciones son plano inexistentes.
Quizá sea una consecuencia de los tiempos que vive la ciudad. La violencia produce tantos hechos que incluso los más graves terminan compitiendo por atención. Un menor herido deja de ser un acontecimiento extraordinario para convertirse en un dato dentro de una jornada complicada y tal vez lo que de miedo no es el silencio de un funcionario o de otro, sino en la facilidad con la que una noticia que debería sacudir a toda la ciudad termina perdiéndose entre las demás.
Los brazos del mal
Increíble la noticia de que un enfermero, procesado por una acusación de robar medicamentos del propio Hospital Regional del Instituto Mexicano del Seguro Social, fue asesinado a balazos cuando pretendía regresar a trabajar.
Pese a que muchos pensarán que fue liberado por asuntos de corrupción, lo peor es que haya sido alcanzado de este modo por un evidente pulpo de maldad que no hace falta mucha evidencia para entender que está enquistado en esa actividad ilícita.
Desde que el Presidente Andrés Manuel López Obrador tomó las riendas del País, una de las acciones que promovió fue atacar esta actividad que deja sin medicamentos a los más necesitados.
En los archivos periodísticos hay varias víctimas que presuntamente estuvieron vinculadas a estas actividades y fueron señaladas luego de haber sido, igual, asesinados a balazos con un modus operandi muy parecido al crimen organizado.
La respuesta a por qué estaba en libertad, a pese de haber sido presentado en boletines de la FGR, con detalles sobre la acusación y detención, es que en un proceso judicial, los vinculados a proceso pueden llevar su juicio en libertad siempre y cuando no sean acusados de un delito grave.
Quizás esto puede ser la respuesta a por qué el acusado fue atacado en las inmediaciones de su lugar de trabajo.
Lo que queda claro es que existe ahí un mal más grande del que hemos podido ver, que no sólo roba, sino que asesina cuando sus intereses son salpicados.
Ojo ahí a las autoridades.
¡FOUL!... Por muchos esfuerzos que se hagan en favor de tener un mejor servicio de transporte público, ¡captan a chofer pasando una tarjeta de estudiante!