En redes, la conferencia del Gabinete de Seguridad parecía otra cosa: audio clarito, voz firme, todo muy institucional. Pero en el lugar... nada que ver.
Había bocinas, micrófonos, todo el montaje, y aún así no se entendía. Puras frases a medias, como si estuvieran hablando bajito o sin ganas. Más de uno volteaba a ver al de al lado para ver si había entendido algo.
Y es porque no era cualquier rueda de prensa. Estaba ahí Omar García Harfuch, con todo el Gabinete, justo después de que Rubén Rocha Moya pidió licencia en medio del escándalo por las acusaciones de Estados Unidos sobre supuestos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
O sea, era para llegar y plantarse fuerte. Pero no.
Harfuch se veía serio, sí, pero más bien apagado. Cabizbajo por momentos, sin ese tono firme que suele manejar. Y si a eso se le suma que no se escuchaba bien, pues el mensaje se quedó corto.
Luego vino lo que dijeron.
Que no hay indicios contra Rocha. Que nunca sospecharon de nadie. Que tampoco hubo obstrucciones del Gobierno estatal en operativos. Todo muy limpio, muy en orden... demasiado, dirían algunos.
Porque mientras acá dicen que nunca vieron nada raro, del otro lado ya hay acusaciones formales. Entonces queda la duda: ¿no vieron... o no quisieron ver?
También hablaron de la seguridad de Rocha. Según Omar García Harfuch, ni siquiera la pidió, se la recomendaron. Que es poquita gente, que no hay amenazas, que todo tranquilo. Ah, y que según ellos, Rocha sigue en Sinaloa.
O sea: no hay riesgo, pero sí hay escoltas. No hay indicios, pero sí hay todo un contexto explotando.
Suena medio raro.
Y luego el respaldo a la Gobernadora interina Yeraldine Bonilla Valverde. Muy institucional, muy correcto... pero llega después de que todo se descompuso, otra vez.
Al final salieron con cifras, con el discurso de siempre de coordinación y resultados. Pero entre que no se escuchaba bien y que tampoco dijeron algo que realmente despejara dudas, la sensación que quedó fue de mucho show para la transmisión... pero acá, en corto, no terminó de convencer a nadie.
Tras la visita del Gabinete de Seguridad federal a Culiacán mientras el Secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, presume una tendencia a la baja con una reducción del 44 por ciento en homicidios dolosos a nivel estatal, en las calles el sentimiento es otro muy distinto.
Según el General, pasamos de un promedio de 5.9 a 3.3 asesinatos diarios entre octubre de 2024 y abril de 2026.
¡Vaya alivio!, dirían en el discurso oficial, pero las matemáticas del Gobierno parecen no cuadrar con el luto de las familias sinaloenses.
Resulta curioso que hablen de una pacificación gradual cuando los registros oficiales recopilados por Noroeste muestran que la guerra interna del Cártel de Sinaloa ha dejado una estela de terror difícil de ignorar.
3 mil 185 homicidios dolosos y 3 mil 697 personas desaparecidas desde que estalló el conflicto el 9 de septiembre de 2024.
Si a eso le sumamos los más de 10 mil vehículos robados, lo que tenemos no es una curva en descenso, sino un estado que sigue bajo el yugo de la delincuencia.
El colmo del optimismo oficial llegó con las cifras del Inegi, que aseguran que la percepción de inseguridad bajó del 88.1 al 84.1 por ciento.
¡Casi nada! Seguramente ese 4 por ciento de diferencia es el que ya se acostumbró a las balaceras o el que ya no sale de noche por miedo a ser parte de la estadística de 6.2 privaciones de la libertad diarias que promedia el estado.
Para la capital sinaloense, el General Trevilla reportó una mejora del 38.6 por ciento en homicidios. Sin embargo, la realidad le dio un bofetón a sus cifras apenas cerrando abril.
La última semana de ese mes registró 44 muertes violentas, un aumento del 38 por ciento respecto a la semana anterior.
¿Cómo se explica una reducción sostenida cuando en una sola semana los números se disparan de esa manera?
Al final del día, los promedios diarios de 5.3 asesinatos y 18.1 robos de vehículos pesan más que cualquier gráfica presentada en una conferencia de prensa.
Mientras el Gobierno federal se aferra a sus otros datos para justificar una estrategia que a ojos de la ciudadanía sigue quedando corta, los sinaloenses siguen contando desaparecidos y cuidando que no les arrebaten el patrimonio en cada semáforo.
Menos discursos y más seguridad, es lo mínimo que se espera.
La Alcaldesa interina de Culiacán, Ana Miriam Ramos Villarreal, comenzó con el pie derecho su cargo al citar a un encuentro con los titulares de las diversas áreas del Ayuntamiento de Culiacán e instruirlos a no reducir el paso y, por el contrario, intensificar las acciones gubernamentales.
Esta fue la primera reunión de Ramos Villarreal con el Gabinete municipal y aprovechó para llamar a reforzar las labores en cada una de las dependencias para asegurar los beneficios y resultados de la gestión que quedaron pendientes.
Sin duda una decisión prudente para que no exista un vacío o que quedé al garate el tema de las necesidades de las colonias y comunidades de la capital sinaloense, sobre todo después de la turbulencia por la que atravesó la administración.
Fue evidente, y lógico, el nerviosismo y ansiedad del equipo que dejó acéfalo Juan de Dios Gámez Mendivil cuando se fue sin decir adiós.
Para hoy la Alcaldesa interina tiene agenda con autoridades estatales y militares para conmemorar la heroica batalla del 5 de mayo.
En la reunión, Ana Miriam dio la instrucción de mantener el ritmo de trabajo actual y esfuerzo coordinado para redoblar las tareas en todas las áreas operativas y administrativas del municipio.
Acertó también con insistir en que la tarea sigue y logró que sus funcionarios municipales reafirmaron su compromiso de dar continuidad a los proyectos.
Ana Miriam también ha sido criticada por su poca experiencia en la función pública, y de ahora en adelante tendrá la oportunidad de demostrar si puede o no con el paquete.
¡FOUL!... La FGE respondió a nuestro Malecón e informó que el Vicefiscal general Dámaso Castro Zaavedra, señalado por autoridades de EU de recibir sobornos del Cártel de Sinaloa, ¡sigue en funciones!