Estaban ahí, sufriendo calor como todos pero atentos al desfile del 16 de septiembre; divertidos y aburridos como cualquier otro niño, con la mirada curiosa que los distingue.
Estaban ahí y hubieran pasado desapercibidos de no ser porque estaban, a su corta edad, vestidos de militares. Con uniforme camuflado, placas de fuerzas especiales y hasta réplicas de fusiles y pistolas, hechas en plástico pero harto realistas.
No iban solos sino con adultos que los acompañaban, tampoco el atuendo era un disfraz sino el mensaje de que, cuando sean grandes, quieren ser militares.
Accedieron a que nuestro fotógrafo les hiciera fotos, posaron para ellas con actitud seria y ojos penetrantes; muy conscientes de lo que un uniforme así representa.
Cuesta y mucho más en este contexto, ver a nuestras infancias cargar un fusil aunque sea de juguete. Duele que la aspiración de futuro implique una cierta violencia.
Por otro lado, nos preguntamos si no es mejor que aprendan ese guión y no el de los sicarios y los buchones que usan, cada vez más, indumentarias, fornituras, equipamientos y armamento tan parecidos a los de las fuerzas del orden.
La verdad es que no tenemos mucha claridad de que ver a niños vestidos de militares y armados de juguete nos guste o no nos guste. La cosa da para pensar, estudiar, reflexionar.
Solo no quisimos dejarlo pasar porque es algo que no habíamos visto nunca antes en Sinaloa.
asesinadas...
La escena incómoda de la noche del Grito de Independencia llegó cuando Graciela Domínguez fue cuestionada por los asesinatos de mujeres en Sinaloa.
La respuesta fue:
—“Estamos trabajando”.
Se le insistió: ¿en qué están trabajando?
La Gobernadora volvió a sonreír.
—“Estamos trabajando”.
Y ahí terminó la explicación.
Ante un problema que exige mucho más que una frase de cajón, la ciudadanía merecía saber qué significa exactamente ese “estamos trabajando”: qué acciones, qué resultados, qué estrategia y, sobre todo, qué están haciendo frente a la violencia contra las mujeres.
Porque sobre una Gobernadora pueden equivocarse de nombre, puede tener un aparato estatal que todavía no la termina de ubicar y puede compartir escenario con funcionarias que intentan llamar más la atención que ella. Lo que no debería permitirse es que, cuando le preguntan por mujeres asesinadas, la respuesta se quede en una sonrisa y cuatro palabras.
Hay algo bastante extraño en Sinaloa donde hasta la paz corre el riesgo de convertirse en pleito político.
Dos años después de que la violencia se instaló en la vida cotidiana, pedir que se queden las fuerzas federales puede ser leído como una postura contra el Gobierno estatal. Salir a marchar por la paz puede ser interpretado como un acto de oposición. Hablar de recuperar los espacios públicos puede convertirse, desde el otro lado, en un argumento para presumir que la normalidad está regresando.
Y mientras tanto, la gente sigue preguntándose algo mucho más sencillo como lo es ¿cuándo vamos a poder vivir tranquilos?
La discusión apareció este miércoles en el Cabildo de Culiacán, donde la Regidora morenista Cinthia Valenzuela planteó que Sinaloa necesita que la Federación permanezca en el estado, pero advirtió también sobre el riesgo de que la demanda de paz sea utilizada políticamente por la oposición.
Y ahí está el problema porque una cosa es que los partidos quieran sacar raja política de una crisis, eso, a estas alturas, tampoco debería sorprender a nadie, y otra muy distinta es asumir que toda persona que exige seguridad está jugando para algún bando.
Las madres buscadoras no necesitan que nadie les explique de qué lado están. Llevan demasiado tiempo buscando a los suyos como para que alguien venga a convertir esa tragedia en argumento electoral.
Tampoco el ciudadano que salió a una marcha por la paz necesita credencial partidista para explicar por qué quiere volver a salir de su casa sin pensar dos veces a qué hora regresar y quizá ahí está la gran contradicción de estos días es que el Gobierno quiere recuperar los espacios públicos. La oposición quiere hablar de la inseguridad. Los partidos quieren fijar postura. La Federación quiere presumir despliegues y los ciudadanos quieren algo bastante menos sofisticado: que los espacios públicos vuelvan a ser públicos.
Después de dos años de violencia, quizá el peor error sería convertir la paz en otra cosa que también tengamos que repartir por colores.
La paz no debería ser de Morena, ni del PAN, ni del PRI, ni del Gobierno, ni de la Federación, debería ser de la gente y si hasta eso vamos a discutir, pues vaya que nos falta todavía mucho por recuperar.
El que anunció su regreso para hoy es el defenestrado ex Alcalde de Mazatlán, Luis Guillermo “El Químico” Benítez.
Resulta que invitó a los medios de comunicación para dar una rueda de prensa, que según corren rumores que dará a conocer “un bombazo”.
Quien sabe a qué se referirán con “bombazo”, pero lo más seguro es que haga oficial su intención de buscar de nuevo ser candidato a la Presidencia Municipal mazatleca.
El asunto no es la intención sino con qué partido se aventaría o qué partido lo aceptaría.
Lo cierto es que sería uno más de la larga lista de suspirantes que andan más apuntados que nada por la Alcaldía porteña.
Pero esperaremos a ver con qué sale “El Químico”.
¡FOUL!... José María Casanova, ex regidor y ex Director del Zoológico de Culiacán, fue anunciado como nuevo director del Instituto Municipal de Deporte y Cultura Física. No cabe duda que nuestros funcionarios ¡saben de todo!