Malecón

MALECÓN
12/06/2026 04:00
    No cabe duda de que en Sinaloa la cortesía tiene espinas, y de las que pican, porque a la diputada Paola Iveth Gárate Valenzuela le dejaron una corona fúnebre en la puerta de su casa, un regalito que ella misma interpretó no sólo como una amenaza personal.

    La cancha está lista, nomás falta que podamos llegar vivos

    Hay algo que los gobiernos no terminan de entender, o quizá sí lo entienden pero prefieren hacerse los que no, y es que pueden inaugurar canchas, parques, vialidades, luminarias y hasta pintar de colores las banquetas, pero si la gente sigue teniendo miedo de salir de su casa, todo eso termina pareciendo decoración.

    La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025 volvió a confirmar que para el 82 por ciento de los sinaloenses adultos, la inseguridad sigue siendo el principal problema del estado. No es el desempleo. No es la falta de espacios recreativos. No son los baches. Es la violencia. Esa que lleva más de un año instalada en la conversación diaria, en los negocios, en las familias y hasta en los grupos de WhatsApp.

    Y mientras la gente responde eso en las encuestas, los gobiernos siguen apostando a la vieja fórmula del listón cortado y la fotografía oficial. Una cancha nueva aquí, una techumbre allá, una obra más para presumir en redes sociales. Como si el problema fuera que faltaban porterías y no tranquilidad.

    La cosa es que estas cosas se presentan como símbolo de progreso cuando en las ciudades donde todavía hay familias que modifican sus horarios por miedo, comerciantes que bajan cortinas más temprano y ciudadanos que antes de salir revisan cómo amaneció la ciudad.

    La realidad es necia ya que entre septiembre de 2024 y junio de 2026 se contabilizaron más de 3 mil 300 homicidios y casi 4 mil personas privadas de la libertad. Más de 11 mil vehículos robados. Son números que no caben en ninguna placa conmemorativa ni en ningún discurso optimista.

    Y quizá por eso llama tanto la atención el contraste. Por un lado se habla de desarrollo, de recuperación económica y de transformación urbana. Por el otro, la propia ciudadanía sigue diciendo que lo que más le preocupa es no sentirse segura. Y todo parece normalizarse pues nos emocionamos porque ya no hubo tantos bloqueos como la semana pasada. Celebramos porque una jornada terminó “tranquila”. Ajustamos nuestras expectativas a niveles ridículamente bajos. Como si vivir sin sobresaltos durante un día completo fuera un logro extraordinario y no una obligación básica del Estado.

    La seguridad no debería ser un complemento del desarrollo; debería ser el punto de partida. Porque de poco sirve tener la mejor cancha del barrio si los jóvenes no pueden llegar a entrenar con tranquilidad. De poco sirve inaugurar parques si las familias siguen pensando dos veces antes de visitarlos. Y de poco sirve hablar de futuro cuando el presente sigue marcado por el miedo.

    Al final, la encuesta no está revelando nada que los sinaloenses no sepan. Simplemente puso en números lo que se escucha todos los días en la calle.


    La amenaza contra Paola

    No cabe duda de que en Sinaloa la cortesía tiene espinas, y de las que pican, porque a la diputada Paola Iveth Gárate Valenzuela le dejaron una corona fúnebre en la puerta de su casa, un regalito que ella misma interpretó no sólo como una amenaza personal.

    Compartió que fue una advertencia para todo aquel que se atreva a hablar de la realidad que se vive en el estado, porque aquí, parece que decir la verdad tiene un costo que se cotiza en florerías de velatorio.

    Lo que llama la atención es el llamado a la seriedad que hace la Legisladora a las autoridades, y dice Gárate Valenzuela que ya ha pedido medidas de seguridad anteriormente y que, tras el incidente, aguantó pacientemente todas las horas que la Policía de Investigación le solicitó para atender el caso. Sin embargo, en una entidad donde las investigaciones suelen avanzar a paso de tortuga, pedir resultados claros y precisos suena más a un acto de fe que a una exigencia política.

    La diputada admite que hay miedo, y ¿quién no lo tendría con semejante arreglo floral en la entrada?, pero asegura que seguirá con la frente en alto, defendiendo esa libertad de expresión que hoy parece estar en la lista de artículos de lujo en Sinaloa. La pregunta que queda en el aire para el resto de los mortales es, si a los que tienen curul les mandan estos recaditos, ¿qué nos espera a los ciudadanos de a pie que no tenemos ni voz en el Congreso ni reflectores encima?


    Los ajustes que tienen justicia

    La agenda de la llamada “Fiesta del Mundial” en Sinaloa terminó ampliándose después de las críticas por la exclusión de algunos municipios. Aunque en un inicio el Gobierno estatal anunció actividades únicamente en Mazatlán, Culiacán, Mocorito y El Fuerte, la Secretaría de Turismo corrigió el rumbo e incorporó a Cosalá dentro de la gira promocional que recorrerá los pueblos mágicos.

    La modificación no es menor. Cosalá y Concordia son dos de los municipios que han resentido con mayor fuerza los efectos de la violencia y que, al mismo tiempo, buscan en el turismo una vía para reactivar su economía.

    Dejarlos fuera de una estrategia diseñada precisamente para proyectar a Sinaloa ante visitantes nacionales e internacionales resultaba difícil de justificar.

    La secretaria de Turismo, Mireya Sosa Osuna, confirmó que la ruta incluirá a los cinco pueblos mágicos del estado, aunque persisten dudas sobre el papel específico que tendrá Concordia dentro de la programación.

    El ajuste evidencia que la observación pública sigue siendo una herramienta eficaz para corregir decisiones gubernamentales.

    Más allá de la promoción turística, el episodio deja una lección: cuando se habla de desarrollo regional, la inclusión no puede ser selectiva.

    Si la apuesta es mostrar un Sinaloa diverso y atractivo rumbo al Mundial de 2026, el escaparate debe abrirse para todos los municipios que forman parte de esa narrativa, especialmente aquellos que más necesitan visibilidad y oportunidades económicas.


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