El domingo, mientras el País lidiaba con bloqueos carreteros y complicaciones en distintos puntos, el DIF Mazatlán se apresuró a publicar en redes sociales fotografías y mensajes presumiendo su “atención humanitaria” a viajeros supuestamente varados en el puerto.
Cobijas, botellas de agua, personal sonriente y el mensaje institucional: el organismo municipal mostrando músculo solidario ante la crisis que enfrentó México ese día.
El problema vino después.
Porque horas más tarde, el Gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, aseguró públicamente que en la entidad no hubo personas varadas pese a los bloqueos registrados. Que no había tal escenario de viajeros atrapados ni necesidad de albergues improvisados.
Entonces, ¿a quién atendió el DIF Mazatlán?
Si hubo personas que requirieron apoyo, qué bueno que se les brindó. Para eso están las instituciones. Pero si no hubo nadie en esa situación, ¿por qué salir a colgarse la medalla en redes sociales?
En tiempos donde la información circula en segundos y la percepción pública se construye a golpe de publicación, las dependencias deberían tener el mismo discurso. No se puede hablar de crisis humanitaria local por la mañana y de normalidad total por la tarde.
La comunicación institucional no es competencia de protagonismos ni de likes. Es coordinación, claridad y responsabilidad.
Porque si el DIF presume atención a varados y el Gobernador afirma que no hubo ninguno, alguien está exagerando... o alguien no está bien informado.
Y en cualquiera de los dos casos, el mensaje que queda es el mismo: pónganse de acuerdo.
Dice el discurso oficial que todo está bajo control, pero en las calles de Culiacán la realidad tiene otros datos, y los que cargan con el bulto son, como siempre, los ciudadanos.
Esta vez les toca a los maestros y directivos de las escuelas básicas, quienes se han convertido, sin quererlo, en el termómetro del miedo en la capital sinaloense y la mentada normalidad educativa pende de un hilo, o mejor dicho, de un mensaje de WhatsApp enviado a las 04:30 de la mañana para suspender o continuar con las clases.
Directores de escuelas nos cuentan que en planteles como la Primaria Sócrates y la Escuela Antonio Rosales, comparten que el ausentismo ya no es por flojera, sino por pura supervivencia reportando entre el 70 y el 82 por ciento de asistencia en las primarias.
No es para menos, cuando los padres de familia prefieren la seguridad del hogar ante un Sinaloa que, en palabras de los propios docentes, está cubierto de llama.
Lo que cala es la desprotección, ya que compartieron que las escuelas no están blindadas.
Es una frase que debería retumbar en las oficinas de la Secretaría de Educación Pública y Cultura y del Gobierno del Estado.
Los plebes ya saben los protocolos de seguridad mejor que el Himno Nacional, y eso, señores, no es normal.
La carga que les están echando a los hombros a los directores y maestros es inhumana, ya que ellos dan la cara y cumplen con su deber, pero sienten la vulnerabilidad de tener a su cargo vidas ajenas en un trayecto escolar que es, a todas luces, una moneda al aire.
Hay una total tolerancia para los que no van, porque la empatía en estos tiempos de crisis es lo único que nos queda y al final, el grito es el mismo exigiendo paz, ya no queremos que caiga ningún inocente.
Porque entre culiacanazos, lo que se está desmoronando es el tejido social y la tranquilidad de una generación que está aprendiendo, a punta de sustos, que la vida vale más que una asistencia presencial y si las autoridades no pueden garantizar la paz en las calles, que al menos dejen de simular que en las aulas no pasa nada.
Extraordinaria la noticia que sacudió la jornada de ayer, no de violencia, sino de esperanza a pesar de ella, con la dada de alta del hospital del Diputado Sergio Torres Félix.
El legislador fue internado desde el pasado 28 de enero, después de un ataque a balazos del que también salió herida su compañera Elizabeth Montoya y el chofer de ambos.
La noticia, confirmada por fuentes cercanas al Diputado, confirmaron a Noroeste que ahora continuará su recuperación en casa.
Sergio Torres fue ingresado al hospital con heridas mortales, para muchos la situación roza entre un milagro y una labor extraordinaria de los talentosos médicos que lo atendieron, sobre todo de los daños en la cabeza.
Según la información proporcionada, el también dirigente estatal de Movimiento Ciudadano abandonó el hospital este lunes, tras presentar una “evolución favorable en su estado de salud”.
Por lo que a partir de ayer continuará su “proceso de recuperación en su domicilio”, bajo supervisión médica y con un plan de rehabilitación.
La única duda que sigue activa es que no se ha confirmado si el político local está consciente o continúa en coma.
El ataque contra Torres Félix y Montoya se dio en un contexto de una guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, pero también en la recta final del proceso electoral del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán.
La situación se tornó más oscura cuando se registró otro ataque contra la fachada de la casa del ganador de la elección y virtual dirigente, Homar Salas.
La evolución de Torres Félix ha estado llena de noticias positivas, pese a los primeros pronósticos, pues fue sometido a diversas intervenciones quirúrgicas derivadas de las heridas provocadas por las balas.
Primero fue reportado como delicado, lo que obligó a mantenerlo en terapia intensiva y posteriormente en terapia intermedia, y luego de algunos días informaron que mostraba avances significativos, llegó por fin el alta médica.
Ahora deseamos que todo siga bien y esperamos conocer su evolución hasta mejorar.
¡FOUL! Dijo César Gerardo Lugo, dirigente estatal del PRI, luego del abatimiento de “El Mencho”, que la estrategia “Abrazos, no balazos” no sirve... muy raro, porque si algo hubo en Jalisco fueron balazos.