Después de estar chifle y chifle con que truchas, que aguas, que puede llegar, que ahí viene, que hay que tener cuidado, que es peligroso, que vivos, que nos va a perjudicar, por fin, el propio Gobierno del Estado ya confirmó el primer caso del gusano barrenador en Sinaloa.
El caso se dio a conocer desde el miércoles, por parte de la Secretaría de Agricultura y Ganadería estatal, al hacerse pruebas y dar positivo en un becerro en el municipio de Rosario.
Tras la confirmación, las autoridades estatales pues salieron a decir que se reforzará la vigilancia sanitaria, pues la plaga es tratable sin necesidad de “sacrificar animales o imponer cuarentenas”.
Sin embargo, desde la tribuna del Congreso del Estado ya se señalaron responsables, debido a la falta de cuidados para evitar que llegara a Sinaloa este nuevo problema.
La Diputada y presidenta de la Comisión de Asuntos Agropecuarios del Congreso del Estado, Irma Moreno Ovalles, se unió a las voces que pidieron tomar medidas urgentes y atender la problemática.
Moreno Ovalles recalcó que Sinaloa se había mantenido libre del gusano barrenador, por lo que consideró que la llegada de este caso evidencia deficiencias en las medidas de prevención y vigilancia. O sea, que faltó ponerse más truchas de lo que estaban.
Por ello pidió revisar los filtros sanitarios en el estado, que fueron los que fallaron, por lo que pidió que se investiguen las causas que permitieron el ingreso de la plaga y se fortalezcan las acciones de vigilancia.
Este bicho implica un riesgo para la salud de las personas si se consume carne de animales afectados, pues ataca principalmente al ganado.
Ojalá se pongan más las pilas y salgan menos a declarar sobre lo que ya viene.
y su hija
La Gobernadora Yeraldine Bonilla aparece en su despacho con su hija Paulina en brazos, despachando asuntos públicos apenas unas semanas después del nacimiento de la bebé. La escena busca proyectar compromiso, cercanía y la idea de que la maternidad no es un obstáculo para gobernar.
El problema no está en la imagen. Está en el mensaje.
Porque la Gobernadora puede trabajar con su hija en Palacio de Gobierno gracias a un privilegio que muy pocas mujeres tienen: la posibilidad de adaptar su espacio laboral, sus horarios, su agenda y hasta su equipo de trabajo para conciliar la maternidad con el ejercicio profesional.
No hay nada reprochable en aprovechar ese privilegio. Sería absurdo exigir que una madre se separe de su hija sólo para evitar críticas. Al contrario, ojalá más centros de trabajo ofrecieran condiciones similares para miles de mujeres.
Lo cuestionable es presentar esa realidad como si fuera una experiencia común. Y es que precisamente la Gobernadora y su equipo han sido poco claros con esto.
Mientras la Mandataria sostiene reuniones con su bebé en brazos, miles de sinaloenses enfrentan otra realidad: licencias insuficientes, empleadores poco flexibles, ausencia de salas de lactancia, jornadas rígidas, largos traslados y, en muchos casos, el dilema de elegir entre cuidar a un hijo o conservar el empleo.
La diferencia no es el esfuerzo personal de la Gobernadora. Es la posición institucional que ocupa.
Por eso habría sido valioso que el discurso oficial reconociera esa diferencia. Que, junto con la imagen, hubiera existido un mensaje claro: “Sé que esto es un privilegio que muchas mujeres no tienen y debemos trabajar para que las condiciones laborales permitan una maternidad más digna para todas”.
Ese reconocimiento podría transformar una fotografía institucional en una conversación pública sobre derechos laborales, cuidados y corresponsabilidad.
La maternidad no tendría que ser una prueba de resistencia ni una competencia por demostrar quién regresa antes al trabajo.
Si algo debería dejar esta imagen no es la idea de una Gobernadora que nunca se detiene, sino la oportunidad de preguntarnos por qué ese nivel de flexibilidad sigue reservado para unas cuantas mujeres y no para la mayoría. Ahí está la oportunidad de política pública más allá de la comunicación institucional.
Durante unos días al año, la sindicatura de Imala se convierte en destino turístico, escenario de fotografías, discursos sobre identidad y llamados a consumir local. El resto del tiempo vuelve a ser una comunidad que apenas aparece en la agenda pública.
La presentación de la tercera Feria del Raspado vuelve a evidenciar esa contradicción. La directora de Turismo habla de superar los 3 mil asistentes, de “sorpresas” y de llenar Imala un día completo. Pero en ningún momento menciona el contexto que marcó a esa comunidad en los últimos dos años: la violencia que desplomó la afluencia de visitantes, golpeó a los comercios y obligó a muchas familias a vivir con miedo.
No se trata de politizar un festival ni de pedir que una rueda de prensa se convierta en un informe de seguridad. Se trata de reconocer la realidad de un lugar al que se pretende vender como destino turístico.
El verdadero reto no es que Imala esté lleno el 16 de agosto. El verdadero éxito sería que estuviera lleno cualquier fin de semana del año sin que comerciantes y visitantes tengan que preguntarse si es seguro ir.
Resulta llamativo que el discurso oficial se limite a invitar a la gente a regresar después del festival, como si bastara un evento para revertir meses de pérdidas económicas y una percepción de inseguridad que no desaparece con música y actividades recreativas.
La propia historia reciente demuestra que la feria nació como respuesta a una crisis. En 2025 se reconoció que buscaba reactivar la economía tras el impacto de la violencia. Ahora ese antecedente prácticamente desaparece del discurso institucional, como si fuera más conveniente hablar únicamente de turismo y omitir las razones por las que ese turismo dejó de llegar.
Imala merece mucho más que un escaparate anual porque las comunidades no se reactivan con una fecha en el calendario sino cuando las autoridades dejan de acordarse de ellas únicamente cuando hay un festival que inaugurar o una fotografía que tomar. Solo entonces el éxito dejará de medirse por el número de asistentes a una feria y comenzará a medirse por la prosperidad cotidiana de quienes nunca se fueron de Imala.
¡FOUL!... En lo que va del año legislativo del Congreso de la Unión, los diputados federales de Sinaloa presentaron 97 iniciativas, pero hay uno que destacó: el profe Fernando García del PT hizo ¡24 propuestas! ¿Cuántas se aprobaron?