Aprovechar la mala situación
La violencia en Sinaloa es demasiado seria como para convertirla en utilería política. Y, sin embargo, eso fue exactamente lo que hizo la Senadora Paloma Sánchez al publicar un mensaje en redes sociales donde colocó en la misma narrativa el atentado contra Sergio Torres y Elizabeth Rafaela Montoya con el asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, como si todos fueran víctimas de un mismo patrón de persecución política en un entorno gobernado por Morena.
La comparación no sólo es imprecisa: es deshonesta.
Sergio Torres y Elizabeth Montoya, ambos diputados de Movimiento Ciudadano, fueron agredidos y eso, por sí solo, amerita una condena absoluta, investigación seria y garantías de seguridad. Punto. No necesitan adornos, ni discursos grandilocuentes, ni ser usados como ejemplo para sostener una tesis política prefabricada.
Pero Paloma Sánchez decidió ir más allá. Decidió “colgarse” de la tragedia ajena y estirar los hechos hasta que encajaran en su relato.
El problema es que los hechos no cooperan.
Héctor Melesio Cuén Ojeda no fue asesinado por ser una “voz política incómoda” en abstracto, ni por militar en la Oposición, ni como parte de una narrativa de buenos contra malos. Las investigaciones y versiones oficiales lo colocaron en una reunión con figuras centrales del crimen organizado, entre ellas Ismael “El Mayo” Zambada y uno de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, cuando fue privado de la vida. Ese contexto cambia todo. No es un matiz menor: es el centro del caso. ¡Foul, Paloma!
Omitir deliberadamente ese dato no es un descuido. Es una decisión política.
Y cuando una Senadora decide borrar el contexto para acomodar una tragedia a su discurso, no está defendiendo la democracia ni alzando la voz contra la violencia: está desinformando. Peor aún, está ensuciando hechos que deberían tratarse con rigor, no con oportunismo.
Sinaloa no necesita mártires de X ni relatos simplificados para ganar likes. Necesita claridad, responsabilidad y una discusión pública que no confunda a la ciudadanía ni revictimice desde la comodidad de una publicación en redes.
La violencia política existe y debe nombrarse cuando ocurre. Pero mezclar casos, borrar contextos y usar muertos ajenos como argumento retórico no fortalece ninguna causa. Sólo demuestra una cosa: que hay quienes prefieren el ruido a la verdad.
Cuando la balacera se escucha desde el despacho
El día que el miedo entró al Ayuntamiento de Culiacán no fue distinto a cualquier otro para la ciudad. Detonaciones en el Centro, policías corriendo, accesos cerrados y gente sin saber qué estaba pasando.
El edificio se resguardó rápido.
Policías a paso veloz, la puerta trasera bloqueada, el patio central bajo vigilancia.
Por unos minutos, el Ayuntamiento vivió lo mismo que vive la calle cada vez que suenan balazos: incertidumbre, rumores y la sensación de que algo grave acaba de pasar.
Trabajadores y ciudadanos esperaron sin explicaciones claras, mientras afuera circulaba la versión de un ataque armado contra dos funcionarios públicos.
Nada extraordinario para Culiacán, salvo porque el eco de la violencia llegó hasta donde normalmente se toman las decisiones.
Después vino la reacción política: el Alcalde llamó de inmediato a todo su Gabinete para reunirse ahí mismo.
Ahora sí el asunto era serio. Y no porque haya pasado en el Centro, eso ocurre seguido, sino porque el ruido de las balas se escuchó desde el despacho.
Lo irónico es que eso que se sintió en el Ayuntamiento, el nerviosismo, el cierre apresurado, el “no sabemos qué sigue”, es exactamente lo que viven miles de ciudadanos todos los días. Solo que ellos no pueden cerrar la ciudad, ni llamar a reunión urgente, ni refugiarse tras muros custodiados.
Por unos minutos, el poder sintió lo que la calle lleva años soportando.
La pregunta es si ese momento alcanzará para algo más que una reunión de Gabinete, o si, como tantas veces, el miedo sólo importa cuando llega hasta la puerta del Gobierno.
La lista de los destestables
Recientemente el Gobernador Rubén Rocha Moya hizo un llamado a los funcionarios de su Gabinete a que no anduvieran de adelantados y evitaran subirse al tren de los encampañados o caso contrario los iba a dar de baja.
Cuando lo dijo luego luego pensamos en aquellas fotos posadonas en las que la Senadora Imelda Castro Castro y una bola de quedabienes y aplaudidoras se tomaron para la premiación de un torneo de futbol que denominaron Mundialito por la paz.
Obvio que toda la decoración traía la frase esa que nos han pintado por todo el estado atribuida a Mahatma Ghandi.
Pues nos sorprendió mucho que entre la bola de aprontados estuviera ahí, muy sonriente y orondo, uno de sus coordinadores asesores de la Secretaría General de Gobierno, el ex Presidente Municipal de Mazatlán, Edgar González Zataráin.
Lo más sorprendente es que luego le volvieron a preguntar al Gobernador si ya había despedido a raza por andar adelantada y se enredó un poco, pero no dijo nunca el nombre del también ex Diputado local por el Partido de la Revolución Democrática.
No nos queda claro en toda esta faramalla quién se ve más mal, pues lo de Rocha y el mismo González Zataráin es lo de menos, con esos oídos sordos y esos llamados alucinógenos de la Virgen.
Y es que la pifia grande por parte de la Senadora es creer que seguirá estando en la mente de los sinaloenses como una opción seria, luego de su evidente campaña anticipada (y no es la única aunque le digan “territorio”), pero sobre todo rodeándose de una lista de muebles que desde Morena no han hecho nada más que cobrar y bien cobrado, a cambio de discursos vacíos y cero producción legislativa ni decisiones que sean de peso.
Imagínese usted, la Senadora trae en su equipo a uno de los mayores fraudes de la historia morenista en la política sinaloense, Merary Villegas, quien junto con su mamá María Victoria Sanchez no hicieron otra cosa más que comprarse maquillaje caro y arreglar sus viviendas.
Serapio Vargas, uno de los vendehumo más caros de la política sinaloense, pues no ha ideado, impulsado ni logrado ningún beneficio para el campo sinaloense, más bien es recordado por sus ideas absurdas como la creación de una playa nudista y por andarse quitando la camiseta en conferencia de prensa.
Pedro Lobo, otro que difícilmente le puede ganar en utilidad que una poltrona de Concordia, pues lo único que ha sabido hacer es chorear gente y renegar por el cobro de estacionamiento en plazas comerciales y subirse a todo lo que sea en contra del Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, pero sin pasar de la gritería y la echada de matonas.
Y luego están Yadira Marcos, quien no se ha cansado de no hacer nada en las cámaras de diputados, primero federal y ahora local, y la ex titular de la Secretaría del Bienestar, María Inés Pérez, quien después de tanto tiempo esperando turno para servirle al pueblo con Morena terminó siendo más de lo mismo, y dándole la razón a quienes afirman que cuando no se tiene el perfil, también es corrupción ocupar el cargo.
No sabemos qué vaya a pasar, veremos si Imelda será capaz de entender qué está haciendo mal y que puede rodearse de mejor gente si las encuestas le favorecen.
Basta con recordar que fue una de las que se echó para atrás cuando el propio Gobernador, en campaña, anunció su alianza con el Partido Sinaloense y el finado Hector Melesio Cuén, y entonces la hoy Senadora ya prefirió no hacer ni gestos.