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Autonomía en la UAS Desde la Calle

Iliana del Rocío Padilla Reyes
13/05/2019 | 04:06 AM
Las universidades públicas en América Latina tienen un largo recorrido en la búsqueda de su definición y consolidación. En ese escenario, según Carlo Tognato y Nelson Arteaga (2018) las universidades han confrontado concepciones distintas respecto a la vida social; casi todas enfrentando posiciones de carácter civil y no civil.
En las primeras concepciones, que estos autores llaman “de carácter civil”, se ha valorizado la autonomía, la racionalidad, la transparencia y el contrato; en ese punto de encuentro entre la sociedad civil y la universidad se ha apelado a la formación de profesionistas críticos e indagadores de la verdad que den lugar a mejores formas de convivencia. Se ha buscado una universidad dedicada a la generación de conocimiento sin dogmas y sin las limitaciones que imponen las ideologías. Después de todo, como argumentó Simone de Beauvoir: “La libertad es una fuente inagotable de inventos”. Así, nuestro ideal de recinto universitario otorga libertad de cátedra, de pensamiento y de crítica, esto para dar cabida a la creatividad y al avance de la ciencia.
En la segunda posición, la que llaman “de carácter no civil,” se ha disputado el control de las universidades públicas desde dos concepciones: una patrimonialista y corporativa y otra revolucionaria - militante. Desde la primera, paternalista y conservadora, se han tomado el status quo como máxima,  y el orden y la armonía como valores sociales supremos. Por otro lado, desde la posición revolucionaria que se propagó por las universidades sobre todo durante la segunda mitad del Siglo 20, se privilegió “el sometimiento a la causa en vez de a la autonomía”, y la búsqueda de la utopía sobre la búsqueda de la verdad. En la universidad militante se volcaban los esfuerzos en la generación de insumos para construir un nuevo orden social y político, más que en la generación de conocimiento; y ese orden se podría instaurar incluso a través de la violencia.
En una parte importante de las universidades en México sigue presente la pugna entre las dos posiciones por el control de los recintos, sobrepasando nuestro ideal de universidad. Esto, sin duda, ha afectado a la consecución de sus indicadores de desempeño académico, y también ha comprometido la calidad de los productos científicos y de los profesionistas que egresan y se integran a la vida laboral. Tanto quienes privilegian ideales distintos a los de la esfera civil y la racionalidad, como quienes buscan que nada cambie, les han causado graves daños a las universidades.
En el caso de Sinaloa, la UAS también se ha enfrentado a estas pugnas en su camino por consolidarse como una casa de estudios autónoma y plural. Por un lado, están los grupos que aspiran a regresar al camino de la universidad militante, y buscan medidas populistas. Por el otro, también de lado “no civil”, jalan la cuerda quienes esperan que no se avance en transparencia y rendición de cuentas.
Ambos personajes, algunos desde afuera y otros desde adentro, entorpecen el camino que ha estado construyendo la UAS desde hace años para consolidarse como una institución que genera insumos para la democracia. Olvidan el papel de la universidad, su responsabilidad social, la exigencia de los sectores productivos, y la necesidad de conocimientos y técnicas novedosas para la solución de problemas apremiantes.
Sin duda necesitamos cambios en la UAS, pero cambios internos y que nos conduzcan hacia fortalecer su autonomía, mejorar las prácticas y renovar ciertas instituciones. Ese camino nos toca a los universitarios, y a eso nos comprometemos las nuevas generaciones.

 

iliana_pr@hotmail.com
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