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Botiquín ciudadano para ‘las mañaneras’ Opinión

Pablo Ayala Enríquez
18/08/2019 | 04:00 AM

Al mago Michel

No sé si usted lo tenga presente, pero, según vayan las cosas, sexenio tras sexenio, comparto en este espacio un botiquín ciudadano contra algunos de los muchos despropósitos del Presidente de turno. En tiempos de Vicente Fox, por ejemplo, publiqué el botiquín para comprender las cápsulas de sabiduría que entreveraba cada vez que se veía en la necesidad de explicar algún tema controvertido. Calderón me llevó a escribir un botiquín con un kit de herramientas indispensables para poder salir a comprar un refresco sin que los narcos o soldados te volaran la cabeza. Peña Nieto (ahhhhh, Peña Nieto, ¡cuántos momentos nos regaló para el asombro y el sarcasmo!), después de ver cómo fue achicando sus informes presidenciales, me puso manos a la obra para hacer el “Botiquín ciudadano para los Peñainformes”.
Debo aclarar que el botiquín lo hago tras la necia insistencia presidencial en un modo de operar que, visto con un poco de detenimiento, nos afecta.
Pues hoy toca el turno a Andrés Manuel, quien, como sus antecesores, un día sí y otro también nos regala en sus “mañaneras” algunas capsulitas para nuestro divertimento, desesperación, rabia, asombro y frustración. A diferencia de los otros botiquines, le sugiero que vaya por su celular y tome una foto a la parte final de esta columna, y la lea en el momento que comience a sentir que la prédica matutina del Presidente le está haciendo hervir los jugos gástricos. A fin de cuentas, para eso son los botiquines, para que echemos mano de ellos y busquemos curarnos sin necesidad de ir con un médico o al hospital. Van algunas pistas sobre cuándo es el momento indicado para recurrir al botiquín.
Imagínese un lunes luchando contra las sábanas para poder emprender la semana. Vencido en su tercer intento por mantenerse adherido a la almohada, enciende la radio de su reloj despertador. Tras una palabra que no pudo identificar, viene un largo silencio acompañado de esos ruiditos que se escapan de algunas gargantas asombradas cuando el equilibrista se encuentra a mitad de la cuerda floja. El desquiciante momento concluye cuando escucha la inconfundible voz de Andrés Manuel, que funciona a modo de bálsamo. “Ufffff, menos mal, creí que estaba todavía soñando; la radio se quedó en “La mañanera””. Justo en ese momento usted ya puede echar mano del botiquín, y sacar de éste cualquiera de los siguientes objetos.
Si la prédica presidencial va comenzando, como es época de verano, usted encontrará unos shorts y una camiseta comodísima con los que podrá apoltronarse en un sillón inflable que se rellena en tres minutos una vez que haya sido conectado a la luz; no se preocupe por perder esos minutos, ya que el Presidente durante ese lapso dirá, a lo sumo, unas 15 o 20 palabras que después volverá a repetir en varias ocasiones. Ya en pose y ropa cómoda, ahora solo le faltará ponerse en modo escucha, intentando que la cadencia y lentitud del mensaje no le arrulle al extremo de volverlo a fundir en un sueño profundo.
Imposible culparle por falta de interés. Resistir una mañanera de cabo a rabo sin perder el hilo es tan difícil como cantar con el mismo entusiasmo la canción de los 100 mil elefantes que se columpiaban sobre la tela de una araña. Más que el contenido, el formato podría ser la fuente del aburrimiento. “Las mañaneras” del Presidente, mantienen el esquema de esas clases aburridas donde un profesor (del tipo escuela rural) lee diapositivas que intercala con la participación de algunos invitados para desperezar a los asistentes.
En la recta final de la sesión, tal como lo hacen esos profesores que no le echan ganitas a su clase, se da paso a la espontaneidad haciendo una ronda (¿aleatoria?) de preguntas sobre los temas candentes de la agenda nacional. Este es el momento cúspide porque aquí el Presidente deja en claro que no hay tema que se le resista: que si habrá o no habrá mesada para los deportistas que ganaron medalla en los Panamericanos; que si el juez que lleva el caso de Rosario Robles está haciendo bien o mal las cosas; que si el pueblo continúa pidiendo que encarcelen a los expresidentes; que si se construirán más estadios de beisbol; que si sus adversarios volvieron a detener la construcción del aeropuerto de Santa Lucía; que si Juárez era o no era frugal; que si Zapata veía por los indígenas y despojados; que si esto, que si lo otro...
Sin ser una clase magistral, el Presidente, mañana tras mañana demuestra que-todo-lo-sabe-y-nada-ignora. Dispara dardos envenenados contra unos y otros. Si alguien aún no ha aparecido en sus “mañaneras”, no tarda mucho en llegarle su turno; solo es cuestión de tiempo.
Los réditos de esta cansina homilía matutina son muchos: marcar la agenda presidencial, dar la nota del día a los periodistas y editorialistas, poner el tema en las mesas de análisis político, alertar a los adversarios, alimentar la fe en los milagros, motivar a los seguidores y denostar a los detractores.
¿Y qué ganamos los ciudadanos? A decir verdad, poco, ya que la mañanera, al ser un instrumento propagandístico de la 4T que busca manipular la opinión pública, puede llegar a confundirnos y despistarnos de nuestro rol como ciudadanos.
Visto lo visto, y consciente de que “las mañaneras” llegaron para quedarse durante todo el sexenio, meta la mano a su botiquín y siga los pasos que se describen en el papelito de las instrucciones para ser un ciudadano en mayúsculas:
1. Informarse por cuenta propia de los problemas que nos afectan como sociedad, así como de aquellos mecanismos que podrían resolverlos. 2. Respetar el marco legal y el conjunto de normativas que contribuyen a mantener una convivencia pacífica. 3. Denunciar cualquier acción que atente contra la dignidad humana, legalidad y la armonía. 4. Participar en cualquier espacio donde podamos pensar, proponer, dialogar y acordar acciones que nos permitan construir una mejor sociedad. 5. Exigir a las autoridades que encabezan a las distintas instituciones de la sociedad (gobierno, empresas, asociaciones civiles) que actúen de manera honesta, respetuosa y responsable. 6. Evitar prácticas de consumo que promuevan o acentúen la explotación y desigualdad humana o degraden el medio ambiente. 7. Implicarse en dinámicas y proyectos promovidos por grupos de la sociedad civil que busquen el bien común. 8. Promover acciones que alienten el respeto de los derechos humanos y las relaciones de justicia. 9. Abrazar una causa que impacte positivamente a nuestra sociedad. 10. Atreverse a actuar tal como lo haría un ciudadano en mayúsculas, es decir, ejemplar.
Como usted puede ver, las diez acciones descritas no dependen de Andrés Manuel, la recesión económica de Alemania, de si apareció o no el Presidente en los libros de texto, del tren maya, el aeropuerto de Santa Lucía, de que llamen a cuentas a la pandilla que está detrás de “la estafa maestra” o de que dejen al “Ángel de la Independencia” tal como estaba antes de la marcha contra los policías violadores. Estas diez simples acciones dependen de nosotros, de nuestra voluntad para ponerlas en marcha.
Lo que se desprenda de ellas permitirá ir más allá de los sueños, fantasías, mentiras, reclamos y amenazas vertidas por Andrés Manuel López Obrador en sus “mañaneras”.
pabloayala2070@gmail.com

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